HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
El monto del crédito vigente concedido por el sistema financiero al sector privado residente al mes de enero ascendió al equivalente de US$ 4.726 millones. Ello representa un incremento del 39,4% con respecto al dato de un año atrás. La banca privada lidera esta expansión, habiendo aumentado sus colocaciones 50% en el último año (ver Gráfico Nº 1).
En términos nominales el crédito viene creciendo desde fines del año 2003. Sin embargo, corregido por el efecto de la inflación y de la evolución del tipo de cambio, se constata que, salvo el fuerte crecimiento registrado durante el año 2004, continuó contrayéndose y recién a fines de 2006 vuelve a presentar tasas de crecimiento positivas.
¿NUEVO BOOM? En particular, cabe señalar que a partir del segundo semestre del pasado año el crédito acelera su tasa de expansión real, evolucionando en los últimos meses a un ritmo más elevado que el del nivel de actividad, lo que determinó que en ese breve período haya aumentando en casi dos puntos porcentuales su relación al producto, pasando del 17% al 19%.
Si bien el actual nivel relativo del crédito al PIB es la mitad del constatado con anterioridad a la crisis, la evolución de los últimos meses, en particular en lo que atañe en los préstamos al sector empresarial, merece seguirse con atención, ya que puede estar señalando el inicio de una expansión desmedida del crédito.
Durante 2007 se duplicaron las colocaciones que mes a mes realiza la banca al sector empresarial, hasta totalizar US$ 800 millones mensuales. Como se puede apreciar en el Gráfico Nº 2 se trata de un nivel similar al de los préstamos concedidos mensualmente en 1998.
El crecimiento que muestra la economía, las perspectivas de corto plazo del sector exportador (la información que analizamos corresponde a préstamos a menos de un año de plazo) y los cambios en el escenario internacional, que provocaron un descenso de las tasas de interés, y por ende una caída del rendimiento por las colocaciones externas, justifican una mayor canalización de la liquidez de las instituciones bancarias al sector empresarial doméstico.
Pero un salto tan grande como el que se dio en el último trimestre, en el que los préstamos mensuales treparon de US$ 600 millones a US$ 800 millones parece excesivo, y si bien es muy temprano para aventurar una crisis, ya que el stock del crédito está lejos aún del registrado en 1998, de continuar a este ritmo puede desembocar en una situación problemática. Es por ello que la evolución mensual de esta variable debe ser seguida con suma atención.
Durante los primeros meses de "este nuevo boom", los préstamos denominados en moneda nacional fueron los que más crecieron, lo que se puede explicar por una mayor prudencia de las instituciones al otorgar los préstamos, asociado a la normativa del Banco Central, que los vincula a la moneda en que el deudor realiza sus actividades, y un mayor retorno esperado por los bancos ante la apreciación del peso.
CRÉDITO DOLARIZADO. Pero en el último trimestre se revirtió el proceso de pesificación. Esta es una situación favorable al sector empresarial. En efecto, las expectativas del mercado a enero (últimos datos disponibles de crédito) mostraban una previsión de estabilidad del tipo de cambio para el presente año y que la inflación fuese del 6,5%. Las tasas de interés promedio en ese momento a un año eran 11,9% para operaciones en pesos y 5,8% para dólares. Resulta de ello que la tasa real esperada en dólares era negativa, no así en pesos que era positiva. Esto estaría "incentivando" a las empresas a endeudarse en moneda extranjera, lo que explicaría el comportamiento de los últimos meses.
También crece el crédito a las familias, gracias a la recuperación de sus ingresos y del empleo, pero en este caso aún se está lejos de los préstamos concedidos previo a la crisis (ver Gráfico Nº 3).
El financiamiento al consumo que más crece es a través de las tarjetas de crédito. Por su parte, los préstamos bancarios, más allá de la marcada estacionalidad en épocas de aguinaldo que comenzó a observarse a fines de 2005, registraron un aumento importante en el último trimestre (desde noviembre).
Con respecto a los picos de diciembre y junio cabe señalar que en esos meses el BROU ha realizado últimamente operaciones masivas, básicamente en los préstamos a jubilados, por los que les refinancia su deuda.
Concretamente, les vuelve a otorgar un crédito por el diferencial entre el monto original de la deuda y lo amortizado.
A diferencia del crédito a las empresas, el crecimiento en el segmento de las familias se da en aquellos préstamos concedidos en moneda nacional, y asciende a aproximadamente US$ 100 millones al mes. Cambia aquí la situación, y las tasas pactadas, ex ante, son positivas en términos reales (10,3% en moneda extranjera versus 30,7% en moneda nacional).
Cabe señalar que las cifras anteriores corresponden a los préstamos concedidos por el sistema bancario y las cooperativas de crédito. Pero no contabilizan las operaciones que se canalizan a través de instituciones no tomadoras de depósitos, las denominadas administradoras de crédito, que trabajan con capital propio, y que en los últimos tiempos han tenido un crecimiento importante. La creciente publicidad que realizan estas instituciones en televisión y otros medios masivos de comunicación es una prueba de ello.
A lo anterior hay que agregar el financiamiento que la banca privada otorga para compra de viviendas. Mensualmente se están realizando operaciones por el equivalente a US$ 6 millones, un mercado anual de aproximadamente US$ 70 millones al año.
Con respecto a este tipo de préstamos hay que señalar que se otorgan fundamentalmente en Unidades Indexadas, lo que otorga cierta tranquilidad, tanto al deudor como al acreedor, ya que el pago no se ve afectado por eventuales fluctuaciones del tipo de cambio.
El BROU, que no estaba operando este tipo de líneas, anunció recientemente que ingresará al mercado. Se ha señalado que el capital destinado a estas operaciones ascendería a US$ 300 millones, y que en una primera etapa el público objetivo serían los funcionarios públicos.
DEPÓSITOS. El financiamiento del crédito bancario proviene de los depósitos que reciben las instituciones financieras. Al mes de enero del presente año las colocaciones del sector privado en el sistema financiero ascendieron a US$ 10.891 millones, lo que representa un crecimiento del 13,3% en relación a un año atrás.
Los depósitos de los residentes de la economía fueron los que más subieron, 14,4% frente al 8,0% de los no residentes.
El mayor crecimiento relativo del crédito en relación a los depósitos se explica por algo que mencionamos anteriormente. Luego de la crisis del 2002, dado el deterioro de la situación económica, los mayores requisitos que comenzó a exigir el Banco Central para el otorgamiento de préstamos y la liquidez de los depósitos, que en su gran mayoría estaban (y siguen estando) a la vista, las instituciones canalizaban esa liquidez hacia colocaciones relativamente más seguras y rentables en el exterior.
Sin embargo, debido a los problemas por los que atraviesa el sistema financiero internacional a raíz de la crisis hipotecaria en Estados Unidos, cayeron los rendimientos de las colocaciones en el exterior, y los fondos comenzaron a ser canalizados en plaza, en busca de un mayor retorno.
RACIONALIDAD. Así como el comportamiento de los bancos es racional, en cuanto a que buscan la mayor rentabilidad, también lo es el de los depositantes. La apreciación del peso a partir del último trimestre de 2007, y las expectativas de que ello continúe, o al menos no se revierta en el corto plazo, unido al diferencial de tasas a favor del peso, lleva a un aumento de la pesificación de los depósitos.
En el Gráfico Nº 4, que muestra la evolución mensual de los depósitos en moneda nacional y moneda extranjera, se aprecia que a partir de mediados de 2007, aproximadamente cuando el peso comienza a apreciarse frente al dólar, aumentan las colocaciones en moneda nacional, al tiempo que aquellas denominadas en moneda extranjera caen levemente.
La dispar evolución por monedas entre los depósitos y los préstamos concedidos al sector privado no debe llevar a pensar en un problema de descalce en el sistema bancario, como el que existía previo a la crisis, donde se daba el caso por ejemplo del Banco Hipotecario, que prestaba en unidades reajustables, pero cuyos depósitos eran mayoritariamente en dólares, lo que lo llevó a la quiebra.
Por el contrario, el grado de dolarización, tanto de los créditos como de los depósitos es muy elevado, 70% y 80% respectivamente.
A su vez, que los depósitos sean mayoritariamente a la vista también tiene su grado de racionalidad. En primer lugar por que los retornos reales esperados son negativos, existiendo otras opciones más rentables. No hay que descartar un efecto precaución, que sigue aún muy alto en la consideración de los ahorristas.