OPINIÓN

Se consolida el problema fiscal

Conocidas las cifras de ejecución de caja del sector público de enero pasado, se cierra el primer año de "caja completa" del ajuste fiscal implementado en enero 2017 (caja febrero 17) y es momento de hacer una evaluación del mismo.

Foto: Pixabay
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El objetivo cuantitativo declarado del ajuste fue reducir el déficit fiscal a 3,3% del PIB en 2017 para alcanzar un, muy insuficiente, 2,5% en 2019.

Ingresos.

Tal como el gobierno había informado y la mayoría de los analistas habíamos avalado, el aumento del IRPF representó 0,7% del PIB (US$ 405) de incremento de ingresos para las arcas públicas. Personalmente tenía dudas sobre lo que rendirían las medidas sobre el IRAE (1), pero las había estimado en 0,3%. Con los resultados a la vista el rendimiento del IRPF fue exacto el calculado, en tanto el IRAE mostró un incremento de 0,1% del PIB en su recaudación, en medio de una situación donde las utilidades de las empresas caen, y en muchos casos las pérdidas se acumulan. Por tanto, al tener la cifra neta es imposible saber su real impacto —qué hubiera pasado si los cambios no se hubieses implementado—. En todo caso, el aumento de ingresos neto por estos conceptos se situó en 0,8% del PIB, unos US$ 465 millones, a los cuáles se deben adicionar otros US$ 130 MM por el exceso de aumento de tarifas sobre los costos en enero 2017 (2). En total, el sector público procesó un aumento de impuestos de poco más de 1% del PIB.

Respecto al resto de los ingresos de la DGI, se sabe que la recaudación total creció 5,5% en términos reales, pero si descontamos los aumentos derivados del ajuste fiscal (IRPF e IRAE) apenas se expande 0,9%. El aumento de recaudación real del IRPF sobre salarios fue 27,1% y sobre pasividades (IASS) 23,3%, la recaudación de IVA, neta de certificados, cae 1,5% en valores constantes y, un dato no menor, el IRPF-IASS-IRNR total ya recauda poco más de 4% del PIB. De este 4%, 3,2% (80%) provienen de salarios y jubilaciones, 0,3% de no residentes y 0,5% de otras rentas de capital (alquileres, intereses, dividendos, etc.).

Resultado Final.

Al cierre de enero, las cifras oficiales indican que el déficit fiscal es de 3,7% del PIB; un año atrás (enero 2017) aquel ascendía a 3,6%. Ahora bien, esta cifra debemos corregirla por tres factores: i) el resultado del BSE, ii) la variación en el stock de petróleo de Ancap y, iii) la variación de la deuda flotante (3). Realizados las correcciones nos encontramos que en ambos casos (enero 17 y 18), el déficit es de 4% del PIB, es decir, nada cambió y todo el aumento de ingresos fue gastado o, si se quiere ver de otra manera, de no haberse hecho el ajuste fiscal el déficit rondaría el 5% del PIB. Con aumento de impuestos, explícitos e implícitos, de 1% del PIB y un nivel de actividad creciendo, el resultado neto bien medido permaneció inalterado. Las señales de alerta son claras.

¿Entonces?

Con tasas impositivas elevadísimas para nuestro nivel de ingreso per cápita, los que pagamos impuestos dejamos más de la mitad de nuestro ingreso bruto en las arcas del Estado (4), recibiendo muy poco a cambio, dada la deficiencia de los servicios públicos fundamentales, educación, salud, seguridad, infraestructura.

Así las cosas, la imprescindible inversión en infraestructura, que implica un aumento del orden de un punto del PIB en las erogaciones, haría que el número oficial de desequilibrio fiscal luzca "demasiado feo". Esto no es nuevo y no sólo pasa en Uruguay. Ante ello, la burocracia de los organismos internacionales, así como en su momento inventó el término "espacio fiscal", ideó una manera de maquillar las cifras mediante el mecanismo llamado de "participación pública privada" (PPP). Consiste en endeudarse a una tasa de interés implícita que suele ser entre 2 y 2,5 veces superior a la que paga el Bono Soberano, básicamente por los costos de una compleja ingeniería legal y financiera, pero no "anotar" el gasto ni la deuda, sino los pagos cuando se hacen. El tema es que esa deuda es real y cara y, cuando el mecanismo se generaliza, las "cómodas cuotas" se van sumando a lo largo del tiempo a medida que los proyectos se concretan. Llegará el momento en que las cuotas tampoco dejarán espacio de caja a la inversión corriente siempre necesaria. Otra forma de "tirar la pelota para adelante" y comprometer aún más el futuro por no hacer lo que se debe hacer hoy. El sacrificio que implica construir y progresar que nos enseñaron nuestros abuelos y padres ha dejado lugar al "carpe diem" actual. Como todo se paga, en un futuro, y no muy lejano, alguien lo hará.

La historia muestra que el tercer año de mandato suele ser el mejor en materia de comportamiento de las finanzas públicas. Si esta ocasión no es la excepción a la regla, y ésta es de magnitud —no alcanza con 0,2-0,4% del PIB—, habrá que apostar a que las condiciones externas no se deterioren; de lo contrario, no quedará otro camino que un violento ajuste que hará el mercado, más allá de la voluntad de los gobernantes. La ciencia indica que se deben bajar los gastos ahora para encaminar las cosas. Lamentablemente, me parece que sólo un golpe de suerte hará que el déficit fiscal se reduzca a 2,5% en 2019.

(1) El gobierno al presentar el proyecto no brindó estimación alguna.

(2) Ver Economía y Mercado 9 de enero 2017 "excesivos aumentos tarifarios"

(3) Ésta se comenzó a publicar en 2004 y trata de estimar la deuda con proveedores locales, pero no abarca la totalidad de la deuda que tiene el gobierno central y los organismos que integran los diversos incisos del presupuesto nacional.

(4) Incluyendo IVA, IMESI, aranceles de aduana, municipales y otros menores.

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