FABIO GIAMBIAGI | DESDE RIO DE JANEIRO
Las Constituciones de los países reflejan los acuerdos políticos alcanzados en las sociedades o son el reflejo del gobierno que las impuso. En los países de América Latina hemos tenido en las últimas dos décadas de democracia todo tipo de situaciones. Hay países que siguen con el modelo tradicional, donde cada presidente puede ser elegido una única vez. En el otro extremo, está la posibilidad de reelección indefinida con la que se quiere auto-brindar Hugo Chávez en Venezuela. Como casos intermedios, tras el ejemplo de Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso en Argentina y Brasil, respectivamente, otros países adhirieron al modelo con una única reelección.
Hay, sin embargo, aquí una particularidad que la distingue del caso norteamericano en el cual fue inspirada: la posibilidad del regreso. En Estados Unidos, presidentes que fueron reelegidos, como Ronald Reagan y Bill Clinton, no sólo no pudieron disputar una tercera elección al estar en el puesto por dos mandatos consecutivos, sino que también dejaron de participar de las disputas sucesivas. Por contraste, en Argentina y Brasil, un ex-presidente tiene la posibilidad de regresar al poder aún después de haber ocupado la presidencia por dos veces, siempre y cuando haya habido un intervalo de por medio. Fue así que Menem, tras haber sido elegido en 1989 y reelegido en 1995, dejó el Poder en 1999 pero intentó regresar a él en el año 2003, cuando perdió en las elecciones en las cuales fue electo Néstor Kirchner. En forma análoga, en Brasil, Cardoso podría haber disputado las elecciones presidenciales del año 2006 tras haber sido elegido en 1994, reelegido en 1998 y estado fuera del gobierno durante cuatro años después del año 2002. Si no lo hizo, fue en parte por la edad, pero también porque dada la popularidad de Lula, sería seguramente derrotado.
Esa posibilidad, de regresar al poder doce años después de la primera victoria, que pocos imaginaron cuando se aprobó la reelección en Brasil en 1997, empieza a formar parte del cálculo político con el cual se trabaja en Brasil mirando al largo plazo. Un viejo zorro de la política decía que esta "es como las nubes: uno las mira y tienen cierta forma; las mira después y las formas ya cambiaron". Eso quiere decir que las circunstancias se modifican con el tiempo y cosas vistas como probables acaban por no concretarse, así como otras evaluadas como escasamente viables, se vuelven realidad años después. No necesariamente, por lo tanto, el escenario que se tiene en cuenta mirando años hacia delante, es aquel que se verifica cuando el tiempo avanza.
Aún haciendo todas esas valoraciones, ¿cuál puede ser un escenario probable de la política brasileña, analizando el actual cuadro de posibilidades hacia adelante y combinando los elementos de la política con los del análisis económico? Hay algunos datos que es necesario tener en cuenta:
a) como ya se dijo, la Constitución permite que un presidente, aunque haya sido reelegido, pueda disputar un tercer mandato, siempre y cuando no haya sido elegido para el cargo en la elección anterior;
b) la actual oposición tiene dos candidatos fuertes a la presidencia para el año 2010: el actual gobernador de San Pablo (José Serra) y el actual gobernador de Minas Gerais (Aecio Neves);
c) el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no tiene ninguna estrella habilitada para disputar con posibilidades de éxito las elecciones presidenciales del 2010: el ex-presidente del partido, José Dirceu, perdió los derechos políticos tras los escándalos ocurridos en el año 2005; el ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, tuvo que irse del cargo acosado por denuncias de abuso de poder; y la ex-intendente de San Pablo, Marta Suplicy, se convirtió en un verdadero "case" de cómo una frase puede sepultar las ambiciones políticas de alguien, con una declaración de increíble mal gusto que manifestó, siendo ministra del Turismo, a propósito de los desastres operativos ocurridos en el sector aéreo brasileño en los últimos años; y
d) la amplitud territorial del país, el escaso grado de información de parte del electorado del interior y el trauma causado por el desenlace de la presidencia del último "outsider" electo (Fernando Collor de Mello, que fue luego alejado por un "impeachment" en 1992), hacen que sea muy difícil en Brasil construir candidaturas potencialmente ganadoras "desde el vamos" para una carrera a las elecciones presidenciales. Cardoso fue elegido en 1994 por haber sido el conductor del plan que liquidó a la hiperinflación y reelegido en 1998 por estar en el cargo; y Lula fue elegido en 2002 por haber disputado todas las elecciones presidenciales desde 1989 y reelegido en el 2006 por estar en el cargo. Es muy difícil ganar elecciones sin construir anteriormente un nombre nacional y hoy, siendo realistas, los dedos de la mano sobran para citar a los políticos brasileños que tienen dimensión nacional.
¿Qué quiere decir eso? Que en las elecciones del año 2014, el presidente que sea victorioso en las elecciones del 2010 será, naturalmente, un candidato fuerte. Ocurre que es posible que Lula también lo sea. Si uno suelta un poco la imaginación, puede pensar en un "script" compuesto por tres actos. En el primero de ellos, que transcurre durante 2007/2010, la economía internacional mantiene el dinamismo de los últimos años; en Brasil algunas cosas mejoran y otras empeoran, pero no en forma dramática y Lula llega a las elecciones del año 2010 con una popularidad afectada por el desgaste natural del ejercicio del poder durante ocho años, pero lejos de ser un "lame duck" ("pato manco") y en condiciones de presentarse ante la gente más como el realizador de una obra que él exhiba como razonable, que como el promotor de una candidatura de su partido desde el arranque destinada a la derrota por la ausencia de un sucesor carismático oriundo de las hileras del PT.
En el segundo acto, la actual oposición asume en el año 2011, pero sufre un desgaste porque le toca administrar el cambio de tendencia de la economía internacional, una crisis energética vista como bastante probable para el año 2011 o 2012 y la prédica del entonces ex presidente Lula que, en ese caso, se quedará en su casa diciendo que "en su tiempo todo era mejor".
El tercer acto, en ese escenario, es obvio: la presión de su partido para que Lula sea candidato para un regreso triunfal en las elecciones del año 2014 será casi seguramente irresistible.
Ante eso, póngase el lector ante dos caminos alternativos. El primero sería tomar medidas firmes para resolver diversos problemas y aprobar una serie de reformas aunque a costa de algunas medidas resulten impopulares, para entregar al sucesor en 2011 una economía sin cuellos de botella, con inflación plenamente controlada y apta para "volar" en los años siguientes, aún con una economía internacional en crisis, pero sin exhibir un desempeño demasiado brillante en los años anteriores. El otro camino es ir administrando los problemas pero sin tomar decisiones que impliquen conflictos; no tratar de aprobar ninguna reforma polémica; dejar que el gasto público siga creciendo fuertemente; permitir algún aumento moderado de la inflación sin llegar a ser dramático; y asegurando con eso un buen crecimiento, para exhibir un "currículum" favorable en materia de crecimiento económico, si un día le toca enfrentar nuevamente las urnas. Qué camino elegiría el amigo lector?
Economía & mercado