Bodegas francesas recurren a técnico estadounidense

| El consumo mundial de vino aumentará un 10 por ciento dentro de los dos próximos años, pero Francia se dirige en dirección contraria

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El País

JOHN MARIANI | BLOOMBERG

No es "une grande panique", pero el sector francés de los vinos se ha sacudido el sopor y adoptado una posición de combate para aferrarse a su cuota del mercado mundial.

Las ventas de vinos franceses han disminuido en casi todo el mundo, hasta en la misma Francia. En tanto el consumo mundial de vino aumentó un 4 por ciento del 2001 al 2005, en Francia declinó un 11 por ciento. Las exportaciones a Estados Unidos se han reducido un 12,5 por ciento en lo que va de este año.

Si bien se espera que el consumo mundial de vino aumente un 10 por ciento dentro de los dos próximos años, el de Francia se dirige en dirección contraria. Cuando Australia desplazó a Francia alrededor del 2003 como el mayor exportador de vinos al Reino Unido -por historia, tradición y gusto, un enorme mercado para los vinos franceses-, los galos sintieron un temblor colectivo.

La solución, por tanto, es exportar más vino francés a otros mercados. Para la encomienda de persuadir a los estadounidenses de los encantos de los vinos franceses y de que se los puede conseguir a precios moderados, la agencia de mercadeo de alimentos y vinos Sopexa USA ha destinado US$ 2,6 millones a una nueva "campaña general" mediante su brazo promocional, Wines of France, de celebrar 700 degustaciones en más de 300 vinaterías en todo Estados Unidos.

Presidirá la ofensiva una mujer de 33 años, de Carolina del Norte, que no habla francés. Con todo, Sheri Sauter Morano, de la ciudad de Durham, habla con autoridad de ser el más joven de los tan solo 278 maestros del vino del mundo -la más prestigiosa orden de educadores y consultores del sector del vino- y tan solo la segunda estadounidense que ha alcanzado dicha distinción desde 1953. Ahora su trabajo es persuadir a los estadounidenses que toman vino de que los vinos franceses no son ni amedrentadores ni muy caros.

UN PROBLEMA DE IMAGEN. "Los productores comprenden que tienen un problema de percepción e imagen entre los consumidores estadounidenses", dice Morano, que parece una Laura Bush rubia. "Los franceses quieren acabar con las ideas de que sus vinos son anticuados o que se los debiera guardar para ocasiones especiales. Y no hay duda de que la fortaleza del euro encarece todos los bienes europeos".

Por tanto, los productores franceses están tratando de hallar formas de reducir sus propios costos (las botellas de cristal nada más han subido de precio hasta un 20 por ciento en los últimos doce meses) y transmitir los ahorros al consumidor. "No me opongo a que los vinos vengan en una caja o que tengan tapas de rosca", dice Morano. "Aplaudí cuando Mommessin dijo que pondría su beaujolais en latas de aluminio, que son más livianas, más fácil de transportar y mantienen el vino más fresco".

Si esto suena a sacrilegio entre los franceses tradicionalistas, no es probable que afecte a los más famosos "crus" de Burdeos y Borgoña, que siempre escasean, siempre se asignan y que se los cotiza correspondientemente.

VINOS PARA EL PUEBLO. "Esos vinos siempre se venden", dice Morano. "Mi tarea es abordar los vinos corrientes franceses que son vinos `vin du pays´, del pueblo. Trato de atraer un amplio abanico de la población estadounidense con diferentes gustos, así que he escogido 40 vinos que pensamos son innovadores y baratos. El paladar estadounidense está en un punto frágil en la actualidad, porque hay tantos vinos en el mercado, algunos muy frutales, otros con altos grados de alcohol, otros de bodegas de que nadie ha oído".

Morano visitará Boston, Nueva York, Washington, Miami, Chicago, Dallas, Houston, Los Ángeles y San Francisco para conversar con críticos y minoristas de vino. Para llegar al bebedor promedio de vino ella recurre a su cuaderno de bitácora en Internet, donde informa de sus propios viajes, ofrece consejos en materia de vino y comida, y responde a las preguntas de los lectores.

Tuve la oportunidad de catar los vinos que Morano promueve, con entremeses tailandeses, en el restaurante Rhong Tiam de Nueva York, entremeses cuyos sabores muy condimentados, dulces y picantes presentaron un reto interesante. Morano empezó por abrir un vino espumante, un Cremant D`Alsace Brut Rose ligeramente dulce de Lucien Albrecht, cuyas burbujas se abrieron paso entre los sabores de la comida. A US$ 24, es un deleite.

ALSACIANO REFINADO. Otro vino alsaciano, el Pierre Sparr One 2007 (US$ 13), fue una mezcla delicada y floral de pinot blanc, pinot gris, muscat, riesling y gewurztraminer, que me pareció ideal para comida tailandesa u otros platos picantes. Más sutil y bastante refinado hallé el Laurent Miquel Viognier 2007 (US$ 13), un varietal que Morano describió como "una mujer hermosa vestida con un largo traje de verano y perfumada con Chanel Nº 5".

Le pregunté si escoge vinos que gusten al paladar estadounidense como lo han hecho tanto los vinos de Nueva Zelanda y Australia.

"No, estos son vinos franceses", dijo, "y yo trato de explicar que el vino es un arte y una bebida. No quiero recomendar vinos a los estadounidenses que sepan como los que ya puedan conocer. Para mí, un vino del sur de Francia debería saber como que es del sur de Francia. De lo contrario, los vinos franceses nunca encontrarán ese importante equilibrio de `terroir´ y distinción que es esencial en el mercado estadounidense actualmente".

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