Asia crecerá basada en el carbón

| La prosperidad asiática continuará apoyada en el carbón, lo que es preocupante por sus nocivos efectos

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"Nuestra civilización", escribió George Orwell hace más de 70 años, "se basa en el carbón." A diferencia de Europa, Asia sigue en la misma situación. En 2010, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), un think-tank, el carbón representó una quinta parte de la oferta de energía primaria en los países de la OCDE. Pero, en el mundo en su conjunto, el carbón representó casi la mitad del aumento en el consumo de energía en el periodo 2000-10. El carbón, dice Edward Cunningham, de la Universidad de Boston, está experimentando un resurgimiento "históricamente increíble", y puede incluso superar al petróleo como combustible para el año 2025. Hay grandes reservas y, en comparación con los combustibles rivales, es barato. El problema es que a menudo es sucio.

Asia ha sido responsable de más de dos tercios del crecimiento de la demanda mundial de energía durante las últimas dos décadas. En su carrera hacia la prosperidad, China e India van a consumir carbón en grandes volúmenes. Las emisiones resultantes de dióxido de carbono serán uno de los mayores obstáculos en el camino de un acuerdo global sobre la limitación del cambio climático.

China es el líder mundial en la producción y el consumo de carbón. Produce más de 3 millones de toneladas al año, tres veces más que el productor que le sigue (Estados Unidos), y el año pasado, además, superó a Japón para convertirse en el mayor importador mundial de carbón. Más de cuatro quintas partes de la electricidad de China provienen de las plantas eléctricas que funcionan a carbón. La quema de carbón es una gran causa de la grave contaminación del aire que afecta a algunas partes de China, del agua contaminada y los suelos degradados.

China está trabajando duro para desarrollar otras fuentes de energía y reducir la "intensidad energética" de su crecimiento (la energía necesaria por unidad extra del PIB). Ya es el mayor usuario mundial de energía hidroeléctrica, tiene casi el mismo número de nuevas plantas de energía nuclear previstas que el resto del mundo en su conjunto, y está expandiendo la energía solar y eólica. Pero, según las proyecciones de la consultora McKinsey, incluso teniendo en cuenta todo esto, China consumirá 4,4 millones de toneladas de carbón en 2030.

McKinsey ha delineado una estrategia para hacer profundos recortes en el consumo de carbón y las emisiones de carbono. Parece optimista. Cunningham sostiene que la estructura fragmentada de la minería china, con miles de pequeños productores, "hace mucho más difícil para el gobierno central formular y aplicar una reforma radical". La producción de carbón ha ido en rápido aumento en el país y las importaciones están fácilmente disponibles en los dos mayores exportadores mundiales: Australia e Indonesia. Además, Mongolia está desarrollando el mayor yacimiento de carbón sin explotar cerca de la frontera. Es difícil discrepar con un informe recientemente elaborado por Dragonomics GK, un equipo de investigación con sede en Beijing, que concluyó que "la economía china seguirá siendo muy dependiente del carbón durante décadas".

En lo que China lidera, en general detrás viene India. Este caso no es la excepción. India también quema un montón de carbón, y tiene necesidad de más energía eléctrica. Alrededor del 70% de su electricidad proviene del carbón. La red nacional se ha expandido enormemente en los últimos años. Sin embargo, todavía hay 300 millones de personas que carecen de una conexión. En las proyecciones de demanda energética en los próximos 25 años, India ocupa el segundo lugar después de China.

Al igual que China, está buscando recursos energéticos de todos los orígenes, energía nuclear, petróleo, exploración de gas, energías renovables e importaciones. Pero, al igual que China, también para India la opción obvia es el carbón. En la actualidad ya es el tercer productor más grande del mundo, y tiene un quinto de las reservas globales, aunque no las puede explotar lo suficientemente rápido para satisfacer la demanda. De hecho, la producción no ha aumentado durante dos años. Coal India, el monopolio estatal, culpa a la dificultad de obtener permisos de explotación minera. Así que India pronto podría convertirse en el mayor importador mundial de carbón.

Con las tendencias actuales, según las estimaciones de McKinsey, las emisiones de carbono de India aumentarán en alrededor de dos veces y media desde hoy a 2030. Al igual que el gobierno chino, los jerarcas indios enfatizan que, per cápita, su población seguirá produciendo mucho menos dióxido de carbono que los americanos o australianos (aunque China se está aproximando rápidamente a algunos países europeos en la contaminación por persona). Y, en el caso de la India, las emisiones totales (entre 5 mil millones y 6,5 mil millones de toneladas) se mantendrán muy por debajo de China.

Las proyecciones de la demanda de carbón de India y China no se vieron mayormente afectadas por el desastre de marzo de 2011 en la planta nuclear de Fukushima, en Japón. Los dos países gigantes anunciaron las revisiones de sus propios programas nucleares, pero es poco probable que no sigan adelante. Por otra parte, sin embargo, una mayor conciencia a nivel global de los riesgos de la energía nuclear ha dado al carbón otro empujón al alza. En Japón, los planes de aumentar la generación nuclear del 30% del total antes de Fukushima a 50% para 2030 se están revisando. El carbón representa ya alrededor del 27%.

DOS GRADOS DE PÁNICO. En Asia, desde Bangladesh a Filipinas, la decisión de usar cada vez más energía a partir del carbón parece imparable. Fuentes de energía renovables como la eólica y la generación de energía solar no ofrecen electricidad asequible en una escala lo suficientemente grande. La producción de gas natural, que emite menos carbono, estará en auge, pero sin sustituir el carbón.

Así planteadas las cosas, la atención se centra en la mitigación del daño que hará la energía a base de carbón. Los esfuerzos para reducir las emisiones de las centrales eléctricas de combustibles fósiles por parte de "captura y almacenamiento de carbono" siguen siendo nada más que una buena idea no puesta en práctica. Las tecnologías para hacer que la generación sea más limpia y eficiente están disponibles, pero, como señaló la AIE en un informe el año pasado, "no están tan ampliamente explotadas como deberían estar". Y, como la misma agencia también ha expresado, el tiempo se acaba para limitar las emisiones a niveles que puedan impedir un aumento de dos grados de la temperatura global este siglo.

El crecimiento de Asia tiene beneficios, pero también costos.

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