América Latina, ¿el refugio menos pensado?

Pero los refugios duraderos no se construyen solo con buena fama: se sostienen con reformas, competitividad y ambición.

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Durante años, América Latina ocupó en la mente de muchos, un lugar incómodo: región de oportunidades infinitas, pero también de crisis recurrentes, volatilidad política, inflación alta y promesas incumplidas. Para muchos inversores internacionales, mirar hacia esta parte del mundo era una apuesta táctica, nunca estratégica. Un trade, no un “buy & hold”[1].Sin embargo, el tablero global podría estar cambiando. Y cuando el mundo cambia, también cambian sus prejuicios.

Hoy las grandes potencias atraviesan tensiones geopolíticas persistentes, cadenas de suministro rediseñadas, disputas comerciales, fragmentación política interna y deudas públicas que crecen más rápido que la paciencia de los mercados. En ese contexto, América Latina empieza a aparecer en conversaciones donde antes no figuraba: diversificación, seguridad alimentaria, minerales críticos, energía limpia, y reservas de valor institucional relativo.

Sí, es relativo. Y a veces eso alcanza para atraer capital, aunque la región no se transformó de la noche a la mañana.Lo que ocurrió es que parte del mundo desarrollado dejó de lucir tan previsible como antes.Las monedas fuertes, son un poco menos fuertes en esta época.Y cuando los viejos refugios muestran grietas, los refugios menos tradicionales ganan atractivo, especialmente en una región históricamente volátil que sigue mostrando signos de estabilización, por más que aún queden, claro, cuentas pendientes

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También la política está enviando señales nuevas. El ascenso de Javier Milei en Argentina rompió inercias que parecían intocables y puso sobre la mesa reformas de mercado impensables pocos años atrás.En Chile, José Antonio Kast consolidó un espacio político que expresa demanda por orden, crecimiento y reglas claras. En Brasil, la caída de Lula da Silva en las encuestas nos recuerda que ningún liderazgo es inmune al desgaste cuando la economía no convence del todo.

No se trata de celebrar nombres propios ni de convertir elecciones en recomendaciones de inversión. Se trata de entender las tendencias. Los ciudadanos de la región parecen menos tolerantes con el estancamiento económico y más exigentes con la eficacia. Y los mercados suelen prestar atención cuando la sociedad cambia de humor.

Desde afuera, además, América Latina es valorada por su oferta de atributos escasos: población relativamente joven, abundancia de recursos naturales, sistemas financieros más sólidos que décadas atrás, menor exposición directa a conflictos bélicos globales y valuaciones que, en muchos casos, siguen siendo razonables frente a otros mercados. En tiempos de activos caros y narrativas saturadas, esto se vuelve relevante

Uruguay juega en ese escenario con ventajas propias. Reputación institucional, respeto jurídico, estabilidad democrática, previsibilidad macroeconómica y una historia reciente de manejo responsable y muy profesional que le permitió acceder a financiamiento en condiciones favorables y construir la mejor calificación crediticia de su historia. No es poco, en una región donde la sorpresa suele ser negativa. Uruguay convirtió la normalidad de la penillanura levemente ondulada, en activo estratégico.Incluso recientemente, en un foro económico internacional se describió a Uruguay como la “Singapur de América Latina” (ojalá así sea).

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Pero conviene evitar la autocomplacencia, que desde afuera nos vean bien no implica que hayamos resuelto lo esencial.El inminente cierre del llamado “diálogo social” será una prueba relevante. Toda discusión previsional, fiscal o de protección social merece profundidad técnica y sensibilidad política. Pero también requiere atención a una restricción básica: las cuentas públicas importan. Las decisiones que elevan gasto permanente sin respaldo de crecimiento sostenible o ingresos genuinos pueden tener costos diferidos, pero costos al fin.

Y esos costos no son abstractos. Una trayectoria fiscal deteriorada puede presionar tasas de interés, reducir margen de maniobra futuro y afectar la percepción de riesgo país. Incluso la calificación crediticia soberana, un activo tan valioso para el Uruguay, podría verse tensionada si el mercado interpreta que se debilita el compromiso con la prudencia macroeconómica. Recuperar la confianza siempre lleva más tiempo que perderla.

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Uruguay no necesita elegir entre sensibilidad social y responsabilidad fiscal. Necesita inteligencia de diseño. Mejor gasto antes que más gasto. Incentivos a la formalidad antes que resignación tributaria. Regulación moderna antes que burocracia defensiva. Educación conectada con empleo. Apertura inteligente al mundo. Productividad como obsesión nacional. El verdadero desafío entonces, no es sólo conservar estabilidad, sino transformarla en trampolín para mayor crecimiento.

Muchos países sueñan con parecerse a Uruguay en términos institucionales, lo que es una gran noticia, pero Uruguay no puede conformarse con ser admirado desde lejos mientras convive puertas adentro con bajo dinamismo, demografía desafiante y una sensación persistente de potencial a medio cumplir.

América Latina puede estar convirtiéndose en el refugio menos pensado para capitales, cadenas productivas e inversiones globales. Uruguay puede ser una de sus mejores cartas. Pero los refugios duraderos no se construyen solo con buena fama: se sostienen con reformas, competitividad y ambición.Por eso es tan relevante retomar la senda de mayor crecimiento económico, allí debe estar el énfasis.

El mercado de valores uruguayo debería también aprovechar la oportunidad para desarrollarse, aprovechando la reciente iniciativa para abrir el capital de las empresas estatales. Digo bien, estatales, dado que el carácter público genuino vendrá dado cuando seamos verdaderos dueños, beneficiándonos si las compañías tienen buenos resultados económicos. Una alternativa excelente la que ha sido hecha pública recientemente donde sólo puede haber beneficios. El momento así lo exige y la oportunidad está allí.

Si Uruguay aprovechara el actual contexto de volatilidad geopolítica global para desarrollar en serio su mercado de capitales interno, podría transformar una fuente de incertidumbre externa en una ventaja estratégica de largo plazo. Un mercado más profundo, líquido y confiable permitiría canalizar ahorro local e internacional hacia inversión productiva, infraestructura, innovación, vivienda y expansión empresarial, reduciendo la dependencia del financiamiento externo. También facilitaría el crecimiento de empresas medianas y nuevas industrias, elevaría la productividad, generaría empleo calificado y fortalecería el ecosistema financiero local.

En un mundo donde los capitales buscan jurisdicciones estables, previsibles y con reglas claras, Uruguay tiene condiciones para posicionarse como plataforma regional de inversión y resguardo patrimonial. Si suma escala, regulación moderna e incentivos adecuados, no solo aumentaría su tasa de crecimiento potencial, sino también su resiliencia frente a shocks externos, diversificando las fuentes de financiamiento y consolidando un modelo de desarrollo más sofisticado y sostenible.

El mundo parece mirarnos distinto, la pregunta es si nosotros estamos dispuestos a mirarnos con la misma honestidad.

-El autor, Carlos Saccone, es Head Wealth HSBC en Uruguay

[1] Estrategia clásica en inversiones, que consiste en “comprar y mantener” sin dejarse llevar por volatilidad de corto plazo, apostando a la construcción de retorno en plazos más largos

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