OPINIÓN

Con ajuste del desempleo, el cálculo es muy diferente

Las denominadas fake news —noticias falsas—, abundaron en las redes sociales durante las recientes campañas partidarias hacia las elecciones generales de octubre.

Foto: Pixabay
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​También hubo, con mala intención o no, cruzamiento de comentarios en favor de ciertas situaciones para las que no se ha tenido en cuenta el costo económico que generan. No me interesa hoy internarme en la discusión de la “brecha económica” neomarxismo-neoliberalismo que está detrás de los motivos por los que se aplaude o se condena una situación sin la evidencia empírica que la respalde. Hoy lo que me interesa precisar es otra cosa.

Empleo y desempleo

Mi intención es mostrar algo que me ha llamado la atención en esas carreras partidarias hacia la candidatura presidencial en octubre. He escuchado y leído en la prensa comentarios sobre el empleo en nuestro país que creo que hay que relativizar. Se ha insistido desde fuentes del oficialismo que el desempleo era altísimo antes del primer gobierno frenteamplista que asumiera en marzo de 2005 y que a lo largo de los tres períodos de gobierno transcurridos, la situación del empleo laboral ha mejorado sensiblemente. La postura de la oposición no rebate esa conclusión, pero sí insiste que se han perdido muchos puestos de trabajo en los últimos tiempos. Ambas posiciones tienen su razón. La evidencia empírica muestra que se crearon muchos empleos pero que hace un tiempo vienen declinando. Con sus diferentes retóricas, las dos partes coinciden que el empleo es, sin embargo, un problema a solucionar generando condiciones para la inversión, la que también declina año a año. Levanta curiosidad conocer la evolución del desempleo para evaluar más profundamente lo que ha ocurrido en los últimos veinte años.

La tasa de desempleo históricamente más alta que tuvo nuestro país, ha sido la del mes de noviembre de 2002, cuando el paro forzoso alcanzó a 19,8% de la población económicamente activa. En los dos años siguientes comenzó un descenso consistente con el alto crecimiento económico, por la decisión del gobierno del Dr. Batlle de cumplir las obligaciones financieras del sector público que vencían en corto plazo.

Asimismo, resultaba consistente con el optimismo por la refinanciación ampliamente apoyada por los acreedores de la deuda y con medidas de política macroeconómica —restricción fiscal incluida—, decididas por el gobierno. En el final del mandato del presidente colorado, en febrero de 2005, tras una fuerte reacción de la economía, la tasa de desempleo había caído a 11,8%. El nuevo gobierno —el primero del Frente Amplio—, con mayoría parlamentaria absoluta recibía a la economía con alto desempleo pero en pronunciada baja que, con el paso del tiempo y ante un escenario de significativos cambios internacionales, siguió disminuyendo.

Los cambios internacionales que generaron efectos favorables para los países emergentes se debieron a la política norteamericana de tasa de interés nula que depreció al dólar, que impulsó notablemente a los precios internacionales de los commodities agrícolas y que promovió hacia esos países, movimientos de capitales inesperados y en montos nunca vistos antes. La construcción, en fuerte alza con empleos directos en el entorno de 75 mil personas —hoy en el entorno de 43 mil—, y la construcción de una papelera que cambió el panorama exportador junto con los productos agrícolas, aportaron internamente al aumento del empleo directo e indirecto. En marzo de 2012 la tasa de desempleo había caído al mínimo histórico: 5,3%.

Con el paso del tiempo, comenzaron a reducirse esas ventajas que poco tuvieron que ver con la política macroeconómica local y en mayo de 2019 la tasa de desempleo se ubica en 8,7% de la población económicamente activa, bastante por encima de la señalada en el mínimo de marzo de hace siete años y más alejada de ésta que de la que dejara el gobierno del Dr. Jorge Batlle.

El ajuste

Si bien el desempleo continúa por debajo de la tasa que existía al comienzo del primer gobierno frenteamplista, es interesante preguntarse cuál sería hoy la tasa de desempleo si en tres lustros de revolución tecnológica y digital, el sector público no hubiese aumentado su dotación de personal de la forma que lo hizo desde 2005 hasta 2018. Se trata de una precisión que nos dirá hasta qué punto la tasa de desempleo que bajara desde 2005 se ha debido a la respuesta del sector privado a una política macroeconómica favorable a la inversión o si se ha debido a un innecesario aumento del empleo público que ha quitado recursos al sector privado para aumentar, este sí, la inversión y el empleo privado.

Desde 2005 hasta el final de 2018 el aumento de los vínculos laborales con el sector público por empleos fijos y empleos temporales ha crecido más de 34%. Ese aumento en los vínculos laborales equivalen a alrededor de 4,5 puntos porcentuales que se han restado a la tasa de desempleo. Si no hubiese existido esa “creación” de empleos públicos, difícil de justificar, la tasa de desempleo actual sería 13,2% sensiblemente mayor a la que existía al inicio de 2005, cuando asume el Dr. Tabaré Vázquez por primera vez.

Algunos pueden justificar el aumento de trabajadores en el sector público, pero lo cierto es que si hubo necesidad de ello, el costo ha sido significativamente alto y comprometedor del bienestar de futuras generaciones: el aumento del déficit fiscal multiplicó por tres el endeudamiento público y redujo considerablemente el ahorro para la inversión y la creación de puestos de trabajo más eficientes y reproductivos en el sector privado.

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