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Yessy López: por qué dejó el liceo, su oficio de tatuadora y la fortuna invertida en trajes para las Llamadas

Es 100% autodidacta: aprendió a bailar candombe imitando a su abuela, a tocar el tambor de oído, y a tatuar mirando a su socio. Es vedette, emprendedora y comenta Carnaval todas las noches en VTV.

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Yessy López, vedette, tatuadora y conductora de "Pasión de Carnaval"
Yessy López, vedette, tatuadora y conductora de "Pasión de Carnaval"
Foto: Leonardo Mainé

Por la sangre de Yessy López (46) corre candombe y es innegable. Mamó este ritmo de origen africano desde el vientre materno. Vibraba cada vez que veía a su abuela Capita y sus tías mover las caderas al compás del piano, chico y repique en los eventos familiares; y se le iban los ojos tratando de imitar esos movimientos. De niña no se perdía los asados masivos que su abuelo Chino armaba cada semana en su casa con 20-30 amigos: se colaba en las cantarolas y metía mano en el instrumento que hubiera en la vuelta (tamboriles, pandeiros, maracas o cuicas). En una de esas reuniones se sumó a la ronda con un tambor entre las piernas, se puso a acompañar y no le erró a una nota.

Tocó a ritmo y salió airosa, aunque nunca le habían enseñado percusión. Aprendió de oído, de observar y sentir cada nota en el corazón. “Mi familia siempre fue candombera. Me lo inculcaron de chica y está en mis entrañas”, comenta a Domingo. Y es fiel reflejo de que lo que se hereda no se roba.

Es una completa autodidacta. Todo lo que sabe lo aprendió de mirar y absorber como una esponja: desde la percusión hasta los tatuajes, su medio de vida desde hace 23 años. “Son los que me dan de comer”, asegura.

Vendió antigüedades con sus abuelos y hermanos en Tristán Narvaja durante 15 años, hasta que se cruzó con César, su actual socio, e incursionó en los piercings. “Empecé a venderlos en el puesto de la feria y me dejaban más plata que las antigüedades. Aprendí a colocarlos cuando fue el boom e hice pila de plata. Me compré mi primera moto con eso. Así me fui metiendo y mirando a César aprendí a tatuar”, cuenta.

Hace dos años y medio se tiró al agua y lanzó su marca de calzados CYLO. Otra vez la genética: su abuelo Chino era zapatero e intuye que el fanatismo viene de ahí. “De chiquita me regalaban las Barbies truchas, tiraba las muñecas pero les sacaba los zapatitos y los ponía todos en una repisa”, recuerda la que hoy acumula 80 pares de zapatos en su ropero.

Tenía canje con una tienda de zapatos, los miraba y decía ‘cómo me gustaría diseñar los míos’. Y así fue. Hizo el primer boceto inspirada en la foto de un barco que su hermana le envió desde Italia, luego dio con un modelista que bajó a tierra sus ideas, resultó que la esposa de éste tenía una fábrica de calzados de cuero, mandó a hacer una tanda y no paró.

Gloria

Yessy López.
Yessy López.
Foto: Gentileza

Vive en la misma casa que 46 años atrás la vio nacer, en el barrio La Blanqueada, junto a su perro Morito y su coneja Pompona. La vivienda ubicada en la calle Gloria fue un regalo de su madre y ella la recicló. En ese mismo terreno, que era de sus bisabuelos, hay otras casas donde habitan sus padres, sus hermanas y sus cuñados. “Somos una tribu. Nací ahí y ahí me voy a morir”, sentencia.

Pegado a esa casa había un comité de base que fue el refugio de Yessy y sus cuatro hermanos durante la niñez. Y, además, el lugar donde hizo su primera incursión en Carnaval con 5 años: “Cerraron la calle, hicieron un escenario y vestí mi primer traje de vedette confeccionado por mi abuela Capita. Esa cuadra es mi vida”, repasa.

Muy cerca estaba el Jardín de la Mutual y las noches que no iba con su abuela, se escapaba y se colaba por el portón trasero del tablado para disfrutar de los conjuntos. “Con 9 años me enamoro de Ariel ‘Pinocho’ Sosa. Él pasaba por la puerta de mi casa en Carnaval porque tenía una novia en esa cuadra. Yo sabía a qué hora iba a pasar y me ponía el perfume de mi abuela para sentarme en la puerta y verlo”, cuenta entre risas esta fanática de Zíngaros. Años después se hicieron íntimos amigos y hoy lo extraña a rabiar: “Dejó un enorme vacío. No me lo puedo arrancar del corazón y del pensamiento”, dice.

Rosa Luna era otra a la que tenía en un pedestal. Era tal su idolatría que la primera vez que la tuvo frente a frente quedó muda: “La vi entrar al ensayo de la comparsa Sierra Leona, que la sacaban mis tíos, y quedé paralizada”, cuenta. La volvió a impactar cuando la vio pasar con todo su plumerío y su sonrisa de oreja a oreja en un Desfile de Llamadas: “Ese día me enamoré de esa mujer de una manera que hasta hoy no me olvido de ella”, confiesa.

Tenía tan marcada la imagen de Rosa Luna que aunque su debut en las Llamadas con Sandupay -la comparsa amateur de su barrio - a los 19 años fue tocando el tambor, sentía que su lugar era como vedette. El cuarto de Yessy en la adolescencia era un museo de Rosa Luna, así que un día se levantó, miró un cuadro de ella y expresó: ‘Me encantaría poder llegar a alguien como vos lo hiciste en mí’.

Dicho y hecho. Pasaron 25 años desde su debut como vedette en Sandupay y cada febrero invierte lo que no tiene en producción para las Llamadas: “Me quedo sin un peso pero salgo con todas las luces, el brillo y el color”, asegura. Lo máximo que llegó a gastar fueron $80.000 un año que salió con Mi Morena. “Hasta el último día que salga en Carnaval voy a tirarme toda la plata arriba porque el público se lo merece”, declara.

Buscavidas

Yessy López
Yessy López comentando para "Pasión de Carnaval".

Dejó el liceo porque no era afín al estudio y no se arrepiente: “Siempre me gustó la plata”, confiesa. Su primer trabajo fue como niñera a los 9 años y a partir de ahí, se la rebuscó para tratar de generar ingresos. “Fui una buscavidas”, se define.

Hizo cursos de podología, manicuría y repostería. A los 16 años fue empleada doméstica: “Llegué a tener cinco casas por día e hice un platal”, afirma. Luego tuvo cantidad de empleos: vendió antigüedades en la feria con sus abuelos, fue reponedora externa en un supermercado, empleada en una panadería, trabajó en un geriátrico, cuidó enfermos y acompañó a pacientes que se hacían diálisis.

-¿Te imaginaste que ibas a terminar comentando Carnaval?
-Nunca. Me cayó hace nueve años, no lo deseaba, me eligieron. Llegó en un momento de mi vida de mucha tristeza porque había perdido a mi abuela, fue como un cable a tierra que me tiraron y me agarré. Me dijeron ‘sé vos, dale para adelante, sentate a mirar los conjuntos y decí lo que te nazca’. Así arranqué y así sigo porque hasta el día de hoy sigo siendo yo.

Lejos de ser analista, su rol en Pasión de Carnaval (VTV) es comentar como una espectadora más que disfruta de los espectáculos. Y al igual que le pasó de niña cuando imitaba a su abuela bailar o tocaba de oído el tambor, o de adulta cuando copiaba a César tatuar, le tomó el pulso al público y entendió cómo llegar a la gente también de forma autodidacta. “No me la creo ni ahí pero sé que llega la hora que voy a dar mi comentario y están todos esperando a ver qué es lo que yo voy a decir”, se jacta.

Tiene en el debe desfilar en el Carnaval de Río. “En mi casa se curtía samba, es algo que lo tengo inyectado y sería un sueño”, dice. El año pasado anduvo con su pareja por la ciudad carioca y un guía turístico le comentó mientras pasaban por el Sambódromo que tenía apariencia de reina de batería. “Un amigo que viajaba con nosotros le contó que soy vedette y el tipo me dice ‘cuando quieras venir a desfilar acá hablá conmigo’. Me quedé con la espina, enloquecida”, cuenta ilusionada.

Revela que otra de sus asignaturas pendientes es comprarse una casa en el interior con un terreno para poder tener muchos perros, conejos y animales: “Lo voy a cumplir porque todo lo que me propongo lo logro”.

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