El poder de la mente
Un psíquico, un vidente y un sanador: tres uruguayos que pueden obtener información más allá de lo que les ofrecen los cinco sentidos.
Cuando estaba en primero de escuela, Marcelo Acquistapace tuvo que ir varias veces a la Dirección: escuchaba el timbre de salida antes de que sonara, por lo que se levantaba cuando no tenía que hacerlo. “Me adelantaba a los acontecimientos”, explica. “Con cuatro o cinco años ya sabía que el teléfono de casa iba a sonar antes de que lo hiciera”.
Su familia lo llevó al médico para ver si tenía problemas auditivos, pero resultó que su oído funcionaba perfectamente. Poco a poco, se fue dando cuenta de que tenía una habilidad especial: era psíquico. “El espacio-tiempo no existe, fue inventado por el hombre. En realidad, la información va hacia atrás y hacia adelante y uno puede conocer algo qué sucedió o que va a suceder”, dice a Revista Domingo.
Primeras revelaciones.
Fue en su adolescencia cuando Marcelo finalmente estuvo seguro de que tenía este poder. Un día, estaba caminando con dos compañeros cuando los agarró de las mochilas para que se detuvieran. “¿Qué haces? Si no pasa nada”, le dijeron. “No sé qué, pero algo va a pasar”, respondió él. Segundos después, un camión chocó contra una florería que estaba en la esquina. “Si hubiéramos seguido caminando, nosotros hubiéramos estado ahí”, relata.
Tuvo más experiencias de ese tipo. Con 13 o 14 años de edad, pasó junto a un auto que estaba estacionado y, jugando, hizo como si le tirara una granada imaginaria. “Me fui contando 10, 9, 8… Hasta que sentí una explosión”. El auto se había prendido fuego. “Posiblemente visualicé que iba a explotar e hice lo de la granada invisible como un juego de niños”, explica.
Ya en quinto de liceo, formaba parte de un grupo donde cada viernes preparaban el pronóstico del tiempo. “Un viernes fui yo solo y me llegó una información de que se iba a venir un temporal con vientos que destruirían árboles y antenas de comunicación”. Eso mismo escribió en el informe y lo entregó al periódico local como hacían todas las semanas. El domingo de tardecita, efectivamente, el cielo se cayó. “El lunes me llevé un reto de mi profesor”, dijo, “pero también se quedó sorprendido porque no había forma de saber que eso iba a pasar”.

El niño mentalista.
Para Luis Orsi, todo comenzó cuando tenía 5 años de edad. “En el recreo, mientras todos jugaban, yo miraba y captaba el campo aural de cada uno, lo que me daba información de cómo eran sus vidas”, cuenta. A los 6 años, sentado en su pupitre, observó el aura del compañero que tenía a su lado y le dijo que su madre iba a fallecer en un accidente provocado por un ómnibus. A los pocos días, el compañero comenzó a faltar a clase y pronto se supo que a su madre la había atropellado un ómnibus. Cuando retomó las clases, el niño ya no quería sentarse junto a Luis, así que pidió para cambiarse de lugar.
En su casa, esta habilidad le costó varias penitencias, sobre todo cuando llegaba gente y él empezaba a decirles cosas sobre sus vidas. “Mi abuela me decía que dejara a la gente tranquila”, recuerda Luis. Y aunque su madre no estaba de acuerdo con lo que él hacía, sí le creía. “Cuando tenía 5 años, le hablé a mi mamá de un accidente que ella había tenido en su octavo mes de embarazo. Ahí fue que me creyó y entendió la magnitud de lo que estaba pasando”.
Como su familia no quería que Luis se dedicara a esto, lo obligaron a estudiar. “Estudié ingeniería mecánica naval porque mi madre quería que me enfocara en una vida normal”. Sin embargo, en 1994 todo cambió: “Di una entrevista en un programa de televisión y cuando llegué a casa mi mamá me dijo que me había visto, cuando yo le había dicho que iba a estar trabajando. Ahí ella supo que yo no iba a dar marcha atrás”.

Casos policiales.
La primera vez que Marcelo Acquistapace utilizó su clarividencia de manera colaborativa fue en 1991, cuando tenía 24 años. Al día de hoy, ha participado en más de 300 casos ayudando a la Policía y a Fiscalía o directamente con familias. “Todas las semanas me llegan casos”, afirma. “Hoy me llegaron tres casos, dos de Colombia y uno de Uruguay. Como el espacio-tiempo no existe, puedo obtener una visualización de cualquier parte del mundo”.
Una de las experiencias más significativas para él fue “el caso del lago”, en 2006. Un joven se había ahogado cerca de la Avenida Giannattasio a finales de diciembre, y la hermana del muchacho contactó a Marcelo. “Fui hasta ahí, pedí algo de él y me dieron un billete de $ 100 que había en su auto. Hasta hoy en día lo conservo”, relata. Entonces, dio vuelta al lago, tocó el agua y obtuvo información de que el joven estaba en el fondo, enganchado en unas raíces. “Hice un dibujo y marqué el lugar donde iba a aparecer el cuerpo específicamente el 6 de enero en la mañana”. Ese día, sonó su teléfono. El cuerpo había aparecido donde Marcelo había indicado.
Para Marcelo, este no es un trabajo por el que pueda cobrar. “Entiendo que un hijo, un hermano o un padre no tiene precio”, apunta. Lo hace porque “alimenta el alma”.
Luis Orsi también colaboró en investigaciones policiales. Recuerda especialmente el caso de una chica que desapareció en 2007 en Piriápolis. “Querían que ayudara a buscarla, pero yo había visto que estaba muerta. Entonces, apunté dónde iba a aparecer 15 días después”. Y así ocurrió, tal cual había señalado. En 2010 recibió un reconocimiento del Ministerio del Interior por haber participado en varios casos. “Lo tengo encuadrado como si fuera un Martín Fierro”, menciona a Revista Domingo.

El sanador.
Cuando Luis Orsi tenía 17 años, estaba haciéndole una demostración a un periodista y este le dijo que le pasara buena energía. Nadie le había dicho eso antes. Entonces, Luis se paró detrás de él y, de repente, el hombre se desplomó. “Lo miraba y pensaba: ‘Ahora la gente va a pensar que lo maté’”. De pronto, el periodista se levantó, le dijo que se sentía fantástico y le consultó si hacía eso siempre. “Yo no le iba a decir que era la primera vez, así que le dije que sí”, admite Luis. “Me contestó: ‘Ah, qué bien, hacéselo a mi señora’, y se lo hice a ella también”.
Aquel fue el comienzo de un camino de sanación. En Venezuela atendió a un hombre que había estado enfermo durante 15 años. “Vi su campo aural y le sugerí un tratamiento para mejorarlo. En un proceso de seis meses, se recuperó”, relata. En ese mismo país tuvo como paciente a una señora que tenía un tumor de 35 milímetros en la cabeza. Un mes después, sin haber pasado por tratamiento médico, el tumor se redujo a 10 milímetros. Y también tuvo experiencias en Uruguay, como cuando atendió a una señora con cáncer grado 5 y logró que su lesión desapareciera.
Ver más allá.
A Marcelo Acquistapace la palabra vidente le hace ruido. “Suena a obtener información del más allá”, explica. Por esa razón, se define a sí mismo como psíquico, que implica “utilizar el poder de la mente para percibir información”. Por su parte, Luis Orsi nunca se definió como vidente, ni como psíquico, ni como nada. “Dejo que la gente interprete qué soy a partir de mi trabajo”, señala. Lo han llamado sanador, mentalista e incluso brujo. Asimismo, sostiene que todos podemos desarrollar esta habilidad: “Todos podemos ser grandes pianistas. Solo que algunos nacen ya siendo pianistas y les lleva menos tiempo tocar una canción”.
Lorenzo Álvarez está de acuerdo: “Seis sentidos tenemos todos. Lo que cambia es si ese sentido está abierto o no”. Él tiene 74 años y puede manifestar cómo es una persona y qué cosas ha vivido solo mediante la observación. Se dio cuenta de que tenía esta habilidad cuando tenía 17 o 18 años y escuchaba cómo su hermana, también vidente, atendía a la gente. “Me di cuenta de que eso era lo que yo veía también”.
La familia de Lorenzo creía que él estaba loco. Lo que pasa, según él, es que “el ser humano está acostumbrado a creer en lo que ven sus ojos. Pero hay que ver más allá”.

"Soy psíquico, no idiota": visualizar para sí mismo
Claro que Marcelo Acquistapace ha intentado visualizar el 5 de Oro: “Siempre digo que soy psíquico, pero no idiota”, bromea. Sin embargo, asegura que su habilidad funciona solo cuando quiere colaborar y no cuando intenta ganar algo.
En cuanto a sus vínculos, ha podido aplicar sus visualizaciones con amigos que tenían una enfermedad terminal. Por ejemplo, le habían dicho a un amigo suyo que había un 99% de probabilidades de que tuviera cáncer en los ganglios y un 1% de que fuera una inflamación. “Él estaba desesperado, porque tiene una hija y estaba en una buena situación laboral”. Fue tan desgarrador para Marcelo verlo así que trató de visualizarlo: lo vio “veteranazo”, con dos nietos e incluso pudo describir el lugar en el que viviría. “Le dije que se quedara tranquilo, que iba a vivir más que yo. A las dos semanas le dieron los resultados y era solo una inflamación”, recuerda Marcelo.
En 2011, otro amigo que tenía cáncer lo llamó para contarle que le daban solo unas semanas de vida. Marcelo obtuvo información de ambos en el Mundial de Brasil, específicamente en el partido de Inglaterra contra Uruguay. “Estábamos festejando que Uruguay hacía un gol, y para esto faltaban tres años”, cuenta. Y así fue: su amigo salió adelante y fueron juntos al Mundial.