TOMER URWICZ
Uma salta. Ladra. Da vueltas por toda la casa. Espera ansiosa la hora de salir a pasear. Mientras, su dueña actualiza el perfil de Facebook. Hoy llegó a los 52 amigos. Uma mueve la cola.
"¡Feliz 2012 a todos! Luego de una larga siesta… me voy a armar el bolso", dice Uma en su "muro" de la red social. Desde agosto de 2009 trabaja en Super Can, donde rompe y come todo lo que haya a su alcance. En 2011 se graduó en la Universidad Canina del Uruguay (UCU); obtuvo un Doctorado en Destrozos e Ingeniería (especialidad: huecos).
Como un humano. Así tratan a la perra. Y al 14% de las mascotas que tienen su cuenta en Facebook en el mundo, según la última encuesta de DoggyLoot.com. Uma no se entera de nada. Sólo percibe, quizás, menos contacto con su amo. "El tiempo que el humano le dedica a escribir en Internet, diciendo `hoy estoy contento porque mi dueño llegó temprano a casa`, es tiempo que se le podía estar dedicando al animal. Por ejemplo, paseando al perro o haciendo un juego interactivo, que trae un beneficio directo a la mascota", explica la veterinaria Gabriela Iribar, especialista en conducta animal.
A Pacha también le crearon su perfil en Facebook. Pero hace más de un año se lo cerraron porque su dueño prefirió utilizarlo para su empresa personal. "Nunca me voy a olvidar cuando nos tiró la chocolatada y después nos hacía ojitos", dice uno de los mensajes que quedaron en el muro personal de la perra. Ahora sus amos le dedican más tiempo. Y ella está más tranquila.
FRUSTRACIÓN. "Cada vez la gente está más frustrada del relacionamiento con otros seres humanos, debido a las elevadas expectativas de la sociedad actual. Entonces se crea una relación virtual, la cual nos emociona más que lo real. Es una relación unilateral en la que el otro no nos puede juzgar. La mascota es un perfecto ejemplo de ese ser al que nosotros igualamos al hombre en la vida virtual, pero que no lo podemos hacer en la real. Al animal uno puede idear un mundo ficticio que se asemeje al real. Se habla como si fuese la mascota. Por tanto es una relación comprometida", explica el psicólogo Gustavo Ekroth. El especialista, quien comenzó sus investigaciones estudiando la psicología animal, señala que la posibilidad de decir lo que uno quiera, sin ser juzgado por el otro (en este caso la mascota), "es una forma de evadir los miedos o la fobia social".
Los animales no saben de las intenciones humanas. Y por más redes sociales y blogs especializados para mascotas, en los cuales se comparten anécdotas y se simula ser el animal, Uma y Pacha quieren jugar. Pero con sus amos.
Cuando eso no sucede comienzan los problemas. "Los trastornos de comportamiento en las mascotas son producto de la falta de atención", indica la veterinaria. Las nuevas tecnologías han desplazado el tiempo cara a cara entre el animal y el humano. "El perro precisa sesiones de juego y paseos, al menos por una hora diaria, sin contar las salidas para hacer sus necesidades", agrega.
Tanto Uma como Pacha son tratadas como animales y a pesar de tener un perfil en Facebook, en el ámbito doméstico no reciben favores especiales. Sus dueños no las dejan dormir en la cama ni las sientan a cenar junto a ellos. Pero cada vez es más común conocer a dueños que confunden el rol familiar de la mascota y la terminan comparando con un hombre. "Hay una delgada línea entre el cuidado del animal y su bienestar, que va más allá de cocinarle, darle comida y desparasitarlo. Para que el animal esté equilibrado emocionalmente hay que tratarlo como el animal que es", afirma Iribar.
Las emociones son un aspecto central en el perro. Como animal sociable requiere de afecto y entretenimiento. Si no, las consecuencias pueden ser irreversibles. Incluso puede llegar a morir. "Hay patologías que son producto de una ansiedad generalizada y exceso de ocio. La mascota pasa muchas horas en solitario y se descarga con su propio físico", advierte la especialista en conducta animal. Un ejemplo patológico es el glaucoma por lamido, en el cual el perro se lame una pata hasta causarse daño, a veces hasta el punto de dejar el hueso expuesto.
Las estrategias para llamar la atención del amo son de lo más variopinto. La más común es defecar y orinar en un lugar distinto al que le fue enseñado. "Otras formas son romper objetos, excavar pozos en el jardín de la casa, el ladrido excesivo y las vocalizaciones (similar al aullido)", enumera la veterinaria. Los trastornos de conducta se tratan con un cambio en los hábitos y medicación psiquiátrica, incluso igual a la utilizada con los humanos. Es que las patologías son similares: un perro puede tener bulimia, anorexia y depresión. Y los especialistas caninos están cada vez más atentos a estos comportamientos.
El bienestar del animal
"Existe una correlación directa entre el desarrollo de los países y el cuidado de los animales. Los países más desarrollados cuidan más a sus mascotas", afirma la veterinaria Gabriela Iribar. "Pero, así como en un país se tiene muy buena disposición en penar a quienes atentan contra los animales, hay muchas tiendas de ropa que terminan ridiculizando al animal y buscan asemejarlo al humano", concluye. En Uruguay hace tres años que existe una ley de Protección Animal. La normativa brega por el bienestar de la mascota, aspecto que, según Iribar, "está lejos de concretarse por falta de recursos", aunque "es un avance para que el animal sea tratado como animal".
Las cifras
14% De los perros que habitan en hogares tienen su propio perfil de Facebook. Uno de cada cinco tiene más de 50 amigos.
6% De los dueños crearon una cuenta de Twitter para sus mascotas, en la cual escriben como si fueran el animal.
27% De las mascotas que ya están registradas en las redes sociales, también cuentan con un canal propio en YouTube.