Varicela: un mal muy contagioso

DR. PABLO PERA PIROTTO

Esta semana surgió la noticia del brote de casos de varicela en un liceo de Colón que llevó a que se suspendieran las clases para evitar que los alumnos se siguieran contagiando. Si bien hace más de una década se implementó la vacunación contra el virus causante de esta enfermedad eruptiva, todos aquellos mayores de once años no están inmunizados contra ella.

La varicela es causada por el virus llamado varicela-zoster, que se transmite por pequeñísimas gotitas que se transportan por el aire.

Es sumamente contagioso y sobre todo se manifiesta al comienzo de los primeros fríos del año así como cuando se acerca el verano.

Es frecuente que primero se sienta un malestar general, fiebre no muy alta e incluso dolor de cabeza, y aproximadamente veinticuatro horas después aparezcan las lesiones a nivel de la piel. Lo característico es que se desarrollen pequeñas elevaciones llamadas pápulas sobre un fondo rojizo en el tronco o cuero cabelludo, extendiéndose luego a todo el cuerpo (incluso la boca y genitales). Luego, esas pápulas se transforman en pequeñas ampollitas (vesículas) que contienen un líquido transparente. Eso es lo que muy poéticamente se describió en épocas remotas y algo románticas de la medicina como: "gotas de rocío sobre pétalos de rosa".

Pocas horas después, se produce una depresión en el centro de esas lesiones, tornándose el líquido turbio. Entre ocho y doce horas después, finalmente se rompen las vesículas, generándose una herida que se cubre de una costra.

Normalmente ocurren distintos brotes durante dos a cuatro días que siguen todo este proceso, por lo que es común que coexistan lesiones en distintos estadios. Puede haber prurito, que en ocasiones llega a ser intenso, lo que determina la excoriación y posterior cicatriz residual.

La enfermedad dura entre siete y diez días, pero es importante tener en cuenta que el contagio se produce desde aproximadamente cuarenta y ocho horas antes de la aparición de las manifestaciones en la piel hasta que se forman las costras, a los cinco o seis días.

Lo común es que, luego de cumplido este proceso, la recuperación sea total aunque, como se mencionó antes, pueden quedar secuelas cicatrizales. En algunos casos se produce una sobreinfección provocada por el rascado, y menos frecuentemente, neumonia a nivel de los pulmones.

Con respecto al tratamiento, lo mejor es hacer reposo, y utilizar lociones para disminuir la picazón y el malestar que éste ocasiona. También se pueden recetar antialérgicos, fármacos para bajar la fiebre y, en el caso de infecciones sobreagregadas, antibióticos.

El virus de la varicela-zoster suele determinar una inmunidad que dura toda la vida, lo que significa que se puede tener la enfermedad una única vez. Como todo en medicina, hay excepciones, ocurriendo otros episodios en caso de pacientes inmunodeprimidos.

Si bien, la varicela se cura, los virus que la ocasionan persisten "viviendo" en estado latente en los ganglios. Ante distintas circunstancias que determinan un descenso en el sistema de defensa del organismo (desde una enfermedad, hasta un pico de estrés o una exposición excesiva al sol) se produce su reactivación y multiplicación. Así, llegan a través de los nervios hasta la piel en donde producen lesiones similares pero que afectan solo un sector cutáneo. Es lo que se conoce como herpes zoster o popularmente "culebrilla", por el aspecto generalmente lineal que presenta.

Siempre involucra un dermatoma de la piel, lo que significa que no sobrepasa la mitad del cuerpo o de la cara, por lo que nunca "se muerde la cabeza con la cola", un mito tan extendido falso. Si bien hay complicaciones, la evolución suele ser buena en un par de semanas, curando sin dejar rastros.

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