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Uruguayos exploraron por primera vez la cueva de arcilla más larga del mundo

Investigadores midieron la Caverna de la Liebre, la más profunda de Argentina; una aventura llena de retos.

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Uruguayos exploran la Caverna de la Liebre

No había más que 28 centímetros entre el suelo y el techo. Por ahí debían pasar cabeza, torso, piernas, pies. Cuatro cuerpos adultos, masculinos. Como lagartijas. Con cuidado. Anticipando el derrumbe. Inhalando el polvo. La incomodidad -también el peligro- que se debe pagar por lo que Gaspar González llamó el “privilegio” de pisar por primera vez el interior de una cueva. Con todo, él, Nicolás Broquetas, Mauricio Faraone y Bruno Gentile fueron los primeros humanos en explorar y medir hasta el final la Caverna de la Liebre, la cueva de arcilla más larga del mundo y la más profunda de Argentina.

Estos dos espeleólogos, geólogo y arqueólogo uruguayos, respectivamente, formaron parte de la expedición al sistema cavernario La Cañada, al noroeste de la provincia de San Juan (Argentina), a fines de 2023, con el objetivo de explorar y topografiar varios pasajes subterráneos de un lugar que no tiene parecidos en nuestro país, pero que podemos imaginar así: un terreno similar a las Cárcavas de Punta Rubia (departamento de Rocha) pero sin ningún tipo de vegetación que se extiende por varios kilómetros a la redonda con unas cuevas que se formaron por efecto de la erosión provocada por el agua y el viento al estilo de la Grutas del Palacio (Flores). Solo que la Caverna de la Libre tiene 2.005,13 metros de largo y 112 metros de profundidad -esos 28 centímetros corresponden a la parte más estrecha- y entrar y, fundamentalmente, salir es un reto inclusive para los expertos.

El sitio corresponde a un paisaje desértico desarrollado sobre lo que se conoce como badlands o tierras yermas (¿a qué suena mejor “malas tierras”?) constituido por lutitas o rocas sedimentarias de granos muy finos que se han formado a capricho del agua y del viento al no contar con la protección de vegetación.

“Este sistema cavernario es una rareza geológica. Hay muy pocas cuevas de arcilla registradas en el mundo porque lo mismo que las forma las puede destruir”, explica.

La acción de agua genera lo que se conoce como tuberías o piping que son verdaderos “laberintos” construidos en sedimentos finos que siguen la pendiente del terreno. Las arcillas hidratadas resultan altamente cohesivas y, por un lado, pueden mantener la caverna en pie pero, por otro, pueden colapsar cuando aumentan su peso con el agua. Por lo que explorar una cueva de arcilla fuera de un clima árido es a suerte y verdad.

Aquí el principal enemigo está controlado: no caen más de 80 milímetros de lluvia al año. (Solo para comparar: por la tormenta de la semana pasada cayeron 137 milímetros en solo 24 horas en Florida). No obstante, esto no quiere decir que la Caverna de la Liebre (y todo el sistema cavernario La Cañada) esté a salvo de derrumbes. Los investigadores encontraron varios tramos que habían colapsado, lo que es muy posible por la actividad sísmica de la zona. En el equipo, Faraone era el encargado de detectar cualquier posible movimiento, por más micro que fuera, porque dentro de la cueva podría traducirse en un desastre.

LA LISTA DE LAS CUEVAS DE TUBERÍAS MÁS LARGAS

La Cueva de la Liebre, en la provincia de San Juan, Argentina, es ahora la cueva de arcilla más larga del mundo con 2.005,13 metros. Dentro de la categoría “piping caves”, es decir, “cueva de tuberías” por su formación por sedimentos no consolidados le siguen: Christmas Canyon Cave, en Estados Unidos (Estado de Washington), con 1.645,92 metros (se destaca por un flujo de lodo debajo de lava); Scotts Cave, en Estados Unidos (Washington), con 1.582,52 metros; y Hakikar Cave, en Israel, con 1.392 metros. Esta última fue antes la cueva de tuberías más larga del mundo. Al lado sur del Mar Muerto se han encontrado muchos arroyos subterráneos que todavía no han sido explorados en su totalidad.

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Caverna de la Liebre

Ser el primero.

La exploración de cualquier cueva o caverna tiene dos fines. Uno es “avanzar y progresar” como resume González, presidente del Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola (Ceumi). Lo primero es “armar la cueva” que es instalar los elementos necesarios -anclajes y cuerdas- para entrar y salir. Lo otro es la exploración geográfica, cuyo objetivo es trazar un mapa. En este caso, uno nuevo que muestre una parte del mundo subterráneo. Y hacerlo no es sencillo: hay que medir el rumbo, los grados de inclinación y la distancia lateral de cada tramo.

Los uruguayos llevaban varios instrumentos, entre ellos, un distanciómetro, que mide altitud e inclinación de la cueva entre un punto conocido y uno desconocido, y un inclinómetro, que mide el ángulo de inclinación del terreno respecto de un plano horizontal. También usaban una brújula geológica que mide algo más que el campo magnético terrestre. La brújula de tipo “Brunton” que permite medir lineaciones de estructuras geológicas. Todos los datos se ingresaban al momento en un software que va realizando el dibujo de la topografía in situ, lo que permite revisar los errores antes de salir a la superficie. Esto demandó tres días de trabajo.

Para González, lo más difícil de la jornada fue respirar. “La arcilla es el polvo más fino que hay; con la sequedad del lugar -imagínese que tuvieron que reptar por pasadizos de pocos centímetros- entraba en los pulmones. Sufrí pila”, cuenta. Un día debió quedarse en el campamento donde tampoco había condiciones de all inclusive: la temperatura era de más de 40 grados, el porcentaje de humedad era de 3,4% y había alerta de viento zonda -caliente, seco y polvoriento- con ráfagas de más de 80 kilómetros por hora.

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Caverna de la Liebre

Riqueza cultural.

Bruno Gentile, como el arqueólogo del grupo que estudió el sitio por invitación de la Subcomisión de Espeleología del Centro de Montaña Tandil y su responsable, Dino Mendy, tenía otra tarea asignada: relevar el material de interés del sistema cavernario La Cañada.

Varias de sus cavidades fueron ocupadas por poblaciones humanas a lo largo del tiempo que dejaron allí desde puntas de flechas, morteros y herramientas en piedra hasta paquetes funerarios. Los investigadores no fueron los primeros en encontrarlos dado que en muchos lugares había rastro de huaqueros, es decir, los saqueadores de bienes culturales que venden en el mercado negro. El uruguayo recomendó no retirar ninguna pieza de las cuevas dado que allí logran preservarse gracia a la baja humedad.

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