TENDENCIAS
Se fundó este año el Bourbon Club, un evento itinerante en el cual sus socios acuden para probar siempre una marca distinta de la bebida espirituosa.
Es el primo “pobre” del escocés (o irlandés). Puede ser un despropósito hablar de pobreza cuando se trata de una industria multimillonaria, pero desde nuestra perspectiva, el whiskey (atención a la grafía) bourbon tiene bastante menos predicamento que el whisky escocés (habría que ver en qué relación está con el whiskey —otra vez, la grafía— irlandés). No es así en todos lados, claro. En la tierra donde nació, Estados Unidos, el bourbon vende muy bien y su consumo sostiene a una industria que ha ido creciendo sin prisa y sin pausa, con los naturales altibajos y vaivenes propios de cualquier artículo de consumo.
Como ya se dijo: el bourbon en Uruguay es “de culto”. Y para aglutinar a quienes adoran esta bebida espirituosa es que Oscar fundó el Bourbon Club, una asociación que se mueve de lugar en lugar en Montevideo. Oscar prefiere no dar más datos que ese nombre sobre su identidad. Para él, lo importante es el club, no quién está detrás. “La idea siempre fue armar un club que tuviera cierto grado de intriga, que no fuese lo importante quién está detrás si no quien está dentro. Decidí que la estrategia —por lo menos al principio— fuese mantener la identidad lo más anónima posible”.
No es únicamente una cuestión de darle al club un aire de enigma. El hecho de que el organizador no sea demasiado conocido y que la locación del encuentro vaya cambiando de lugar es también una manera de emular los “speakeasy”, un fenómeno que se daba frecuentemente en la época de la Ley Seca en Estados Unidos.
Desde 1920 a 1933, esa ley (llamada Prohibition) convirtió el consumo de alcohol en algo ilegal, como sabe cualquier persona que haya visto la serie de televisión que era popular en Uruguay en la década de 1970, o la película Los intocables (Brian De Palma, 1987), una de las mejores de Kevin Costner y con Sean Connery y Andy García en destacados papeles secundarios. Y Robert De Niro, obvio.
En esos lugares, que no eran precisamente establecimientos cinco estrellas, las personas se juntaban para clavarse un farol (y de paso entregarse a otras actividades facilitadas por el lubricante social).
Hasta el momento, se han llevado a cabo cuatro encuentros del Bourbon Club, y el quinto tendrá lugar el próximo sábado 24, a las 21, en el bar El resorte, en el barrio Punta Gorda. Para asistir, hay que anotarse a través de las redes sociales del club (buscarlas con “bourbonclubuy” en Facebook e Instagram) y abonar una suma: $ 2.000.
Con ese dinero uno accede a varias cosas. En primer lugar, tres medidas enteras de bourbon. Nada de canilla libre, en otras palabras. En algún momento, Oscar manejó la idea de tener un consumo de hasta cinco medidas, pero la idea es tomar bourbon y disfrutarlo, no quedar toquinho (vale decir que en la coctelería internacional, una medida suele equivaler a una onza y media, lo cual da aproximadamente 45 mililitros de líquido alcohólico). Además, el dinero invertido en la noche también incluye artículos de merchandising (por ejemplo, llavero, tabla de madera de roble para picadas, petaca) y bocados del catering de la noche. Hay una variante más barata de $ 1.200, pero en ese caso no está incluido el merchandising.
Hay algunas condiciones a tener en cuenta cuando uno ingresa al mundo del Bourbon Club. Para empezar, se trata siempre de una única marca. Esa noche, lo que se degustará es la marca elegida, no otra. Y la filosofía de Oscar en este sentido es poder probar un bourbon que sea de difícil acceso, no uno que se pueda conseguir fácilmente. Oscar rastrea entre marcas y destilerías de Estados Unidos y elige bourbons de todo tipo; gracias a diversos contactos (familiares, amigos, conocidos) se hace de botellas de tal o cual marca. Hasta el momento, tiene unas 30 marcas diferentes de este whiskey. Uno va al club ya sea a conocer un bourbon nunca antes probado o para repetir la experiencia de aquel que probó en un viaje, por ejemplo.
Otra característica es que no se trata de una degustación o una cata. No hay un sommelier o experto que recomiende maridar la bebida de la noche con tal o cual comida o que narre una parte de la historia o las cualidades del bourbon. No es para eso que Oscar fundó el club, pero tampoco quiere cerrarse a lo que pueda surgir en el futuro.
Tampoco se trata de un evento comercial. No hay uno o varios auspiciantes (aunque no se cierra a esa posibilidad) y tampoco se venden botellas del bourbon de la noche cuando finaliza el encuentro.
Por último: a cada asistente se le entrega una bolsita donde guardar el smartphone. Hay un fotógrafo oficial del club que durante la noche va registrando el evento y después se le envía a los asistentes una selección de fotos sacadas por un profesional para que, en caso que se desee, estas se compartan en alguna red social. Pero como compartir fotos de otras personas en redes sociales es un tema sensible, los rostros están cuidadosamente difuminados.
Además, Oscar no apunta a que las reuniones del club sean acontecimientos masivos. El límite de asistencia es 50 personas. ¿Por qué? En parte, explica, porque es un lugar para socializar.
Una de las nociones que el organizador manejó cuando empezó a diseñar la idea del Bourbon Club fue proporcionar un lugar para que distintas personas puedan confluir en torno a un interés en común, o impulsadas por curiosidad.
De ahí que los aspectos comerciales o informativos (por ejemplo, la presencia de alguien que sea experto en whiskeys) sean secundarios. Si un auspicio o una instancia de cata surgen espontáneamente, para Oscar “estaría todo bien”, pero el concepto es el ya dicho: “No tiene el objetivo de ser más que una reunión sin protocolos, cronogramas o interrupciones. Cualquiera que tome la palabra en estos eventos distrae o atenta contra el cometido de que todos los presentes están en igualdad de condiciones, que no haya posiciones ‘jerárquicas’. La idea es pasar un rato entre pares y beber un bourbon diferente en cada ocasión”.
Lo que sí Oscar ve con mejores ojos es incorporar, en el futuro, tragos complementarios y tiene en mente bebidas como cerveza, grapamiel y gin. Pero artesanales, no de grandes marcas.
“El hecho de que variamos en cada ocasión el bourbon a tomar, me lleva a pensar que es mejor no realizar convenios con empresas locales, dado que eso puede derivar en un conflicto de interés”, dice. Oscar tiene un espíritu indie al que no quiere renunciar de entrada, más allá de que puedan surgir convenios con empresas de mayor porte más adelante.
Lo cierto es que ahora existe un evento itinerante para probar una bebida que hasta ahora ha estado un poco a la sombra de sus parientes europeos.