Turismo religioso: un recorrido por iglesias patrimoniales, templos y criptas de Montevideo

En un país de tradición laica, la propuesta entrelaza arquitectura, memoria, inmigración y diversidad cultural. La experiencia despierta interés tanto en visitantes extranjeros como en uruguayos.

Via Crucis
Catedral Metropolitana.
Leonardo Maine/Archivo El Pais

En un país tradicionalmente asociado al turismo de sol y playa y marcado por una fuerte impronta laica, Montevideo comenzó a consolidar en los últimos años un circuito turístico distinto: el religioso patrimonial. A través de iglesias, templos, criptas y recorridos históricos, esta propuesta entrelaza arquitectura, memoria, inmigración y diversidad cultural, en una experiencia que despierta interés tanto en visitantes extranjeros como en uruguayos.

Aunque Uruguay separó oficialmente la Iglesia del Estado hace más de un siglo -en un proceso en el que las instituciones religiosas fueron incluso anteriores al propio Estado-, el turismo religioso ganó impulso durante la última década. Detrás de ese desarrollo aparece una figura clave: Rosario Bianco Burgos, pionera en la promoción y construcción de este segmento turístico.

“Para mí todo arrancó en 2011, después de terminar una etapa en una compañía aérea”, recuerda Bianco en diálogo con Domingo. Y agrega: “Me invitaron desde la Comisión de Turismo Religioso de Argentina para ver qué podía hacerse en Uruguay. Al principio pensé que acá no había demasiado para desarrollar, pero empecé a investigar y descubrí un patrimonio enorme”.

La búsqueda la llevó a recorrer iglesias, archivos, comunidades religiosas y relatos históricos que permanecían dispersos. Un sacerdote católico la orientó en los primeros pasos. “Me ayudó muchísimo a entender cómo manejar la historia, dónde buscar información y cómo empezar a trabajar el tema”, cuenta Bianco.

Lo que comenzó como una exploración centrada en la Iglesia Católica se amplió luego hacia otras confesiones presentes en Uruguay. Comunidades anglicanas, metodistas, evangélicas, judías, luteranas, maronitas e incluso templos umbanda pasaron a integrar circuitos que hoy conforman una propuesta cultural y espiritual singular.

Más que visitar iglesias

El turismo religioso combina distintas dimensiones. Está la espiritual, vinculada a quienes buscan espacios de contemplación, oración o peregrinación. Pero también existe una faceta cultural y patrimonial que atrae a visitantes interesados en la historia, la arquitectura y las tradiciones.

“Esto no es solamente entrar a una iglesia y escuchar el nombre de un santo”, explica la operadora turística. “Tiene que haber contenido. El turismo religioso requiere una preparación especial: los guías deben saber historia, arquitectura y también algo de religión. Hay que lograr que el visitante se sienta parte de lo que está mirando”, añade.

En Montevideo, ese contenido aparece en cada detalle. La Catedral Metropolitana -la Catedral de la Inmaculada Concepción y San Felipe y Santiago- no es solo el principal templo católico del país: también funciona como un archivo vivo de la construcción nacional. La Plaza Matriz, su fuente histórica, las antiguas calles de la Ciudad Vieja y los relatos vinculados a Giuseppe Garibaldi, la masonería o el nacimiento del agua corriente forman parte de una trama mucho más amplia.

“Nosotros mostramos el turismo religioso junto con la historia del Uruguay, porque todo está entrelazado”, sostiene Bianco.

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Parroquia San Juan Bautista. Rosario Bianco frente a la iglesia de Pocitos que tiene el “Altar de la Patria”. Foto: Andrés López Reilly.

Joyas patrimoniales

Los circuitos habituales incluyen sitios como la Iglesia San Francisco de Asís y la emblemática Cripta del Señor de la Paciencia; la Catedral de la Santísima Trinidad de la Iglesia Anglicana; la Capilla de la Caridad, junto al Hospital Maciel; el Templo Beth Israel de la comunidad judía; la Iglesia Metodista de Constituyente y Barrios Amorín; la congregación alemana de la calle Palmar; iglesias científicas de Cristo y hasta un templo umbanda en el Cerro.

También figura la Parroquia San Juan Bautista de Pocitos, donde se encuentra el llamado “Altar de la Patria”. Allí conviven la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, junto a Francisca Rubatto -la primera santa uruguaya- y el beato Jacinto Vera, primer obispo del país.

“Jacinto Vera recorrió toda la República a caballo, ayudando no solo desde lo religioso sino también desde lo humano. Eso es parte de la historia del país. Muchas veces se olvida el enorme trabajo social que hicieron las comunidades religiosas”, señala Bianco.

CEREMONIA RELIGIOSA
El circuito incluye la visita a un templo umbanda del Cerro.

La Noche de los Templos

Si existe un evento que sintetiza el espíritu del turismo religioso patrimonial en Uruguay, ese es La Noche de los Templos.

La iniciativa comenzó a tomar forma hacia 2019, inspirada en experiencias similares de otras ciudades pero adaptada a la realidad uruguaya. La primera edición se realizó el 21 de noviembre de 2020, en plena pandemia, con apoyo del Ministerio de Turismo, la Intendencia de Montevideo y la Junta Departamental.

La propuesta era tan sencilla como ambiciosa: abrir las puertas de templos de distintas confesiones durante una noche para que el público pudiera recorrerlos libremente, asistir a conciertos, participar de visitas guiadas y conocer historias que permanecen ocultas.

El resultado superó las expectativas: “En la última edición tuvimos ocho comunidades y 18 templos participando”, cuenta Bianco. “Y esta ya es la octava edición. Incluso realizamos experiencias binacionales en Chuy-Chui y actividades fuera de Montevideo, como en San José”.

Cada edición reúne iglesias católicas, templos anglicanos, comunidades maronitas, evangélicas, judías y protestantes, entre otras expresiones religiosas. El evento suele desarrollarse entre las 18 y las 22 horas, aunque algunos templos extienden sus actividades hasta la medianoche.

La experiencia combina patrimonio material e inmaterial. Arquitectura colonial, neogótica, art decó y moderna conviven con música coral, relatos históricos, gastronomía típica y momentos de reflexión.

Pero quizás el rasgo más distintivo sea el diálogo interreligioso. En un país donde buena parte de la población se define como no creyente o distante de las instituciones religiosas, La Noche de los Templos propone un acercamiento diferente: menos dogmático y más cultural, abierto y contemplativo.

“El objetivo siempre fue dar a conocer los diferentes cultos que tenemos en Uruguay. La diversidad es una riqueza”, afirma Bianco.

Con el tiempo, el proyecto trascendió el evento anual y derivó en la creación de una asociación civil llamada también La Noche de los Templos, integrada por representantes de distintas comunidades religiosas. La ONG organiza actividades durante todo el año, impulsa nuevos circuitos y proyecta extender la experiencia a más departamentos del país.

“La asociación reúne siete u ocho comunidades”, explica la operadora turística. Y concluye: “Está la anglicana, la católica, la maronita y varias más. La Iglesia Maronita, por ejemplo, fue una incorporación reciente y mucha gente no la conocía. Está en Capurro y tiene una historia impresionante. Una vez al mes celebran misa en arameo, el idioma de Jesús”.

Actividad de todo el año que se proyecta en el interior

Uno de los grandes argumentos a favor del turismo religioso patrimonial es su capacidad para diversificar la oferta turística.

Mientras el tradicional turismo de sol y playa depende fuertemente de la temporada estival, los circuitos religiosos funcionan durante todo el año.

“El turismo religioso no tiene estacionalidad”, afirma Bianco. “Y además el visitante religioso suele gastar más que el turista promedio. Generalmente viene en grupos, sobre todo de Argentina y Brasil, y muchas veces vuelve”, agrega.

Según datos internacionales, el turismo religioso moviliza más de 300 millones de personas en el mundo. “Uruguay está subiendo, de a poquito”, dice la pionera del turismo religioso en el país. “Hace unos años participé de un congreso en España y allí comentaban que Uruguay es como un Everest en turismo religioso: recién estamos empezando a escalar”, añade.

La apuesta incluye el desarrollo de nuevos destinos en el interior del país. Ya existen contactos para potenciar circuitos vinculados al Padre Pío en Salto, iniciativas en Rocha y proyectos para integrar departamentos como Florida, Flores y San José.

Además, Bianco sueña con crear un gran camino religioso nacional. “Eso enriquecería muchísimo la propuesta del país”, asegura.

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