Tributos morales y éticos

| Un hombre de izquierda bastante sui generis. Tiene 35 años y ocupa el máximo cargo de la DGI. Tuitea con correligionarios y opositores, y cuelga noticias en Facebook a diario. El cobrador de los uruguayos también es centro de varias polémicas

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MAGDALENA HERRERA

Si uno se trasladara allí sin tener que atravesar la esquina de Colonia y Fernández Crespo, y subir al noveno piso, bien podría pensar que se encuentra en otro lugar del mundo. No por el amplio y elegante despacho rodeado de ventanales. La persona que lidera, desde las alturas, ese edificio con más de mil funcionarios, hasta podría confundirse con un yuppie de Wall Street. Más allá del termo y el mate en un esquina de la larga mesa, lejos está él de lo que el imaginario popular tiene como un compañero de la izquierda.

Para empezar, es uno de los más jóvenes de las esferas jerárquicas del Poder Ejecutivo. Tiene 35 años, se recibió de contador hace ocho, luego realizó un máster en Derecho Tributario y desde hace año y medio es el Director General de Rentas. En el momento de las fotografías, pregunta como al pasar si la impecable corbata que viste está en el lugar adecuado. Pero además, quien lo sigue en las redes sociales sabe de su pasión por las mismas. Mediante su celular de última generación, mantiene al tanto a sus seguidores de Twitter y amigos de Facebook sobre todo lo referente a la Dirección General Impositiva (DGI), reenvía todas las noticias positivas del gobierno al instante y escribe sobre su cotidianidad.

En la noche anterior a la entrevista, Pablo Ferreri, en plena gala por los 120 años de Peñarol, tuiteaba en tono humorístico con uno de los líderes de la oposición, Jorge Larrañaga. "Comienzan los festejos del Campeón del Siglo, decano y más grande, salud PEÑAROL!!!", escribía, y bromeaba: "si te aumenta la felicidad digamos que es un incremento patrimonial, el cual deberemos gravar con IRPF :)".

"No me digas que vas a gravar la felicidad Pablo? Siendo de izquierda? Jaja El FA gravando los sentimientos?", le respondía Larrañaga vía Twitter. "La felicidad no, simplemente el incremento de la misma :) je hoy solo pagarían los hinchas de Peñarol", respondía el jerarca de la Impositiva.

Sin embargo, el propio Ferreri discrepa sobre su perfil diferente al político de izquierda. "Primero, ser manya es una religión, somos mayoría en todos lados, también entre los frenteamplistas", dice riéndose. Más serio explica que no sólo en la coalición de izquierda, sino en todas las colectividades, puede haber una diferencia generacional con otras personas que ocupan cargos. "Pero los valores filosóficos que uno tiene, como la solidaridad, la equidad, la justicia social, que el progreso se entiende si progresan todos y no solo unos pocos, son iguales en un frenteamplista de 20, de 35 o 70 años".

Proviene de una familia históricamente de izquierda y milita desde hace años en el espacio que encabeza Rafael Michelini. Además, mantiene una buena relación con la oposición. Se observa en el Twitter pero también cuando va al Parlamento. "Somos poquitos, necesariamente estamos obligados a entendernos. El día que perdamos la capacidad de diálogo entre gente de diversas corrientes políticas estamos perdidos como nación. Podemos ser adversarios pero no enemigos. El Frente Amplio puede volver a ser oposición si la ciudadanía así lo decide. Creo que la alternancia de los partidos en el poder es algo esencial en la democracia", dice.

-No todos los frenteamplistas lo ven así. Misiles van y vienen.

-Sí, es una pena. Que uno pueda tuitearse con "el Guapo" Larrañaga y hacer bromas es saludable, además de que me divierto. La gente dice que las redes sociales distancian porque se pierde el contacto cara a cara, pero uno de los principales referentes de la oposición y el director de Rentas difícilmente podrían tener ese diálogo y confianza si no fuera así. No soy tan arrogante como para dar mensajes, pero sería bueno que ocurran esas situaciones. Más allá del tema instrumental, nadie puede negar que todos buscamos lo mejor para nuestro país.

-¿Por qué cree que se apostó por una persona joven para su cargo?

-Tengo varios años de militancia política en el Nuevo Espacio. Trabajé siempre con Rafael Michelini y con Fernando Lorenzo y, a partir de la creación del Frente Líber Seregni, con Danilo Astori. Fueron un poco todos ellos quienes me dieron la oportunidad y con quien voy a estar eternamente agradecido es con el ministro (de Economía) Lorenzo. Se la jugó por alguien joven que no era un candidato para un puesto que todos pudieran pensar como natural. Él confió. Es mi jerarca directo, de quien dependo y con quien he aprendido muchísimo. Y lo considero un amigo personal. Quizás uno en su lugar no se hubiese animado a tomar una decisión tan arriesgada. Así que además de la enorme responsabilidad de desempeñar una tarea de la cual depende el país, porque si nosotros no recaudamos no se puede financiar la vida en sociedad, en este caso hay una doble responsabilidad de no fallarle a quienes confiaron en mí.

-Le toca ser el cobrador de los uruguayos, una figura que no siempre resulta simpática. ¿Lo evaluó, dado que podría perjudicar su carrera política si es que la ambiciona?

-Sabía que era un elemento que podía afectar mi cotidianidad porque para una persona que siempre tuvo perfil bajo ocupar este lugar implica trascendencia pública. Es raro salir a comer y que comenten `mirá está fulano`, y que pueda tener un tinte negativo porque es el que cobra los impuestos. Pero es más todo lo positivo que le veo desde la óptica de crecimiento, experiencia profesional y también política. Es tanto mayor el enriquecimiento personal que no lo dudé. Y es interesante ver cómo con el correr del tiempo la antipatía va cambiando. En la medida que el nivel de cultura tributaria vaya mejorando y que la sociedad entienda que necesariamente deben recaudarse impuestos para financiar la vida de los uruguayos, se va tomando este cargo más como una tarea a realizar que como `ahí viene el malo de la película a meternos la mano en los bolsillos`. La cultura tributaria es un derivado, para mí, de la cultura moral y cívica. No existen ciudadanos con buena cultura tributaria si no tienen valores fuertes morales y éticos que entiendan que uno está comprometido con la sociedad en la que vive. Esa solidaridad se expresa entre otras cosas pagando los impuestos para financiar los gastos de un país organizado.

POLÉMICA. Así como Ferreri disfruta al máximo de su trabajo, también se las ha visto difíciles en las últimas semanas. El presidente de Zona Franca Florida, Luis Calachi, se habría desnudado frente a él y otros siete jerarcas de la DGI para demostrar que no tenía micrófonos ocultos. "Eso refiere a una situación tragicómica, por lo cual prefiero no hacer comentarios", señala. Pero, no ha sido el único episodio que ha llevado al director de la DGI a las primeras planas. Una de las últimas medidas tomadas -la de relevamiento de datos de personas en colegios, clubes y universidades- fue cuestionada por expertos. Algunos hablan de violación de la intimidad. Eso llevó a Ferreri a explicarlo una y otra vez, frente a cámaras y micrófonos. Sin embargo, parece tranquilo y seguro de la resolución adoptada, y comprende que es una discusión natural. "Hace cuatro años discutíamos sí o no al Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ahora es normal que el control de ese impuesto sea motivo de polémica".

-¿Cómo somos los uruguayos a la hora de la tributar? ¿Son tan necesarias medidas como esas?

-Existen particularidades de nuestra sociedad pero también cosas generales que hacen al ser humano. Para poner un ejemplo de otra época, zona geográfica y cultura, y observar que sucede lo mismo en todos lados: el ministro de finanzas de Luis XIV, Jean-Baptiste Colbert, decía que había dos formas de mostrar el amor por la patria. Una era dar la vida en el campo de batalla y otra era pagando impuestos. Y decía que muchos franceses iban cantando a morir en la guerra pero nunca había visto a nadie yendo cantando a pagar los impuestos. Siglos después, sigue igual. Nadie paga alegremente, pero creo que los uruguayos cada vez lo pagan con más convencimiento. En el largo plazo deberíamos intentar que los tributos estén cada vez menos asociados a la palabra imposición, y sí a solidaridad, no como una dádiva o un beneficio a cambio de nada sino entendiendo que así uno demuestra el compromiso que tiene. Eso, creo, está ocurriendo en nuestra sociedad. Se refleja en actitudes cotidianas y también en números. Entre una mayor percepción de riesgo (dada la eficiencia de la DGI) y una mejor cultura tributaria hay indicadores que se comportan en forma espectacular. En 2003, Uruguay tenía una tasa de evasión del IVA algo superior al 40%. En 2009, tuvimos una tasa de 17%, siendo la primera vez que el país obtenía la más baja de América Latina, situación que se repitió en 2010 pero con un 15%. Es el registro histórico más bajo de Uruguay.

-No se paga alegremente. ¿No será porque no se ve una contrapartida con escuelas resplandecientes, liceos renovados, seguridad?

-Otra parte bien importante es la legitimidad de los impuestos: cuando lo recaudado se vuelca en servicios que los ciudadanos valoran como óptimos. Claramente, nuestro país tiene un camino importante para recorrer. Es muy buena la postura del Presidente de la República que es el primer abanderado cuando se habla de Reforma del Estado. También es cierto que en algunas áreas ya ocurrió una reforma importante y algunos servicios son de buena calidad. Tenemos la administración tributaria que presenta los mejores guarismos de América Latina. Hay más organismos que también han aplicado una gran transformación y prestan servicios de calidad. Otros todavía tienen mucho camino por recorrer y a veces no es solo un tema de dinero. Soy un uruguayo más que utiliza los servicios del Estado y, como tal, veo que en la educación se vuelcan recursos como nunca antes en la historia, algo récord, y todavía eso no se traduce en récord de servicios. Debemos pelear porque son servicios fundamentales para el futuro.

-Se hizo un relevamiento de datos en automotoras e inmobiliarias. ¿Cómo fue el resultado como para pensar en formas de fiscalización similares?

-Antes que nada, esta discusión es típica de un país con un impuesto joven y por eso cuesta asimilarlo. Así como decimos que el IRPF es el impuesto más justo del sistema tributario, el que tiende a mayor equidad y justicia social, sería una cáscara si no hubiera una administración eficiente en su gestión y control. Un impuesto que grava la capacidad contributiva de las personas requiere de datos para ser controladas. No hay otra forma. Cuando se pasa de un número acotado de empresas a tener 1.200.000 personas pasibles de control es imposible hacerlo uno a uno. Se debe recurrir al cruzamiento de bases de datos que permita detectar inconsistencias. En ese sentido, fueron exitosas las actividades que se desarrollaron con automotoras e inmobiliarias de aquellas ventas de vehículos superiores a 39.000 dólares e inmuebles de más de 250.000. En algunos casos cerraban con la declaración de ingresos pero en otros se registraban inconsistencias flagrantes. Había personas que compraban vehículos de 50 o 60 mil dólares y declaraban ingresos de 20 mil pesos. Llamábamos a los contribuyentes para que aclararan la situación, en algunos casos eran valederas y justificadas. En otros no, por lo que se reliquidaron tributos.

-Está hablando de centenas, decenas…

-En el caso de los vehículos e inmuebles se citaron algunas centenas de personas. De esas, se hicieron algunas decenas de reliquidaciones.

-Se habla del límite entre el control de la evasión y la intimidad. Si convencí a mi amante de que pague el colegio de mi hijo, ¿no me obliga a contar algo íntimo?

-Cuando realizamos el pedido en mayo solicitábamos los datos de los alumnos, de los padres y de quien pagaba la cuota. Ese pedido fue objetado por la Unidad Reguladora de Control de Datos Personales (Urcdp) y generó varios comentarios de las asociaciones de colegios, con quienes luego tuvimos un excelentísimo diálogo. En función de las observaciones que realizó la Urcdp y las de las asociaciones de colegios cambiamos la solicitud de manera de no meternos en la intimidad. Ya no será necesario vincular a los alumnos con los obligados al pago, simplemente estamos pidiendo el dato de quien paga. Hay que tener la cabeza abierta y reconocer cuando uno se equivoca. No nos interesan los datos de alumnos ni de las familias, pero sí conocer quién tiene capacidad contributiva y si está pagando los impuestos. Igual es bueno plantearse la discusión de que determinadas cosas como sexo, religión, raza, creencias filosóficas o políticas hacen a la intimidad que debe preservarse, pero no confundirla con opacidad.

-Si pago todo, ¿por qué tengo que estar en un listado de un colegio, un club, una tarjeta de crédito, la DGI y que se sepa si me gustan los autos caros o baratos, si como parrilla o sushi?

- No hay otra forma, en ningún lugar del mundo. Aquellos que cumplen con sus obligaciones tributarias y están dentro de los parámetros normales no son detectados. Quizás también hay un poco de mitología con respecto a cómo se realizan los controles. No tenemos a inspectores sentados comentando: `mirá, fulana come sushi`. Los datos ingresan en programas informáticos que ni siquiera requieren la acción humana. Lo único que hacen es poner una alarma en casos en los que haya inconsistencias flagrantes. Y sobre ella sí opera el funcionario, quien llama al contribuyente. Además es importantísimo recordar que los datos que aquí se manejan están protegidos por el secreto tributario, una cultura férrea dentro de la organización; de hecho no hubo nunca un caso de violación del secreto.

-¿Por qué cree que tuvo tantas críticas, incluso de colegas y abogados muy prestigiosos?

-La polémica obedece al cambio cultural que se procesa desde la implantación del impuesto, y continuará. Durante determinado tiempo la sociedad se va acostumbrando a la existencia del IRPF, al control y a su cumplimiento.

-¿Puede haber dos bibliotecas: los que se refieren a la reglamentación tributaria y quienes hablan de derechos constitucionales?

-Posturas filosóficas puede haber muchas y son válidas. Ahora, cuando hablamos de temas jurídicos, puede haber doble interpretación y los abogados son especialistas en encontrarlas. En este caso, estamos convencidos, el artículo 68 del Código Tributario nos da las más amplias facultades de fiscalización. Además he visto mucha discusión de si la medida es legal o no, pero tampoco va al fondo del asunto: discutir si es o no necesaria. Si actuáramos todos con sinceridad deberíamos reconocer que para fiscalizar el IRPF son necesarias. Además, actuamos absolutamente dentro de la legalidad pero si hay contribuyentes que entienden que no es así tienen los mecanismos de defensa de sus derechos. Acatemos los fallos de la justicia, éstos se acatan y no comentan.

Expertos preguntan

El abogado Leonardo Costa y el contador Eduardo Zaidensztat formularon una pregunta para Ferreri.

COSTA-Más allá que se envió al Parlamento una Carta del Contribuyente, ¿no sería momento de discutir un Código que tiene más de 40 años, con el colegio de abogados, contadores, la Universidad, para reformular la relación jurídica tributaria entre contribuyente y Estado?

-Costa es un excelente profesional y una excelente persona. Sus opiniones son acertadas y hechas con buena intención. Comparto pero por la inversa. Puede ser momento de actualizar el ordenamiento jurídico, pero tenemos distintas sensaciones térmicas. El proyecto enviado al Parlamento no fue tibio. Es la primera vez que la DGI propone una carta de derechos y obligaciones de los contribuyentes. Pero (lo que plantea Costa) puede ser interesante sobre todo si consideramos la experiencia a nivel internacional. Si uno compara la DGI con la de cualquier país del Primer Mundo verá nuestras limitaciones. En casi todos los países desarrollados la administración tributaria está conectada online con los sistemas financieros. Se pueden realizar allanamientos o el director de Rentas puede embargar contribuyentes. No queremos esas potestades pero es una forma de ejemplificar que es un camino de ida y vuelta. Veamos las prácticas internacionales para los derechos de los contribuyentes, pero también para sus obligaciones. Si ponemos todo en la mesa podemos tener una discusión enriquecedora.

ZAINDENSZTAT- ¿Cuáles son los planes y acciones en aras de mejorar la eficiencia de la DGI que se pueda traducir no sólo en más recursos para el Estado sino también en una disminución tributaria?

-La reforma iniciada en 2003 ha dado resultados espectaculares, por ello debemos estar todos agradecidos a quienes la han liderado, el Cr. Zaidensztat primero y luego el Cr. Hernández; sin ellos no hubiera sido posible. Ahora bien, todo proceso es perfectible. Sustentado en lo hecho nos hemos planteado objetivos importantes, que vamos cumpliendo. Estamos impulsando proyectos con un fuerte componente tecnológico en el que se destaca la Declaración Jurada Borrador de IRPF donde el contribuyente no tiene que hacer la declaración sino que la DGI se la proporciona hecha, el Censo Digital de Empresas con mapas georeferenciados, desarrollo de software de gestión de riesgo de evasión tanto para empresas como para personas físicas, utilización de herramientas para transformar millones de datos en información y luego en conocimiento que permita tomar mejores decisiones, y nuestro proyecto más ambicioso, la Factura Electrónica, que revolucionará la forma en que se documentan las transacciones. Este proyecto colaborará a formalizar la economía y asegurar la recaudación pero también combatiremos la evasión, con lo cual aseguramos un marco de competencia leal y transparente donde los contribuyentes honestos no tengan desventajas.

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