MAGDALENA HERRERA
En Uruguay, existen sólo dos personas que llevan el nombre Berch y el apellido armenio Rupenián. El director de Concierto F.M., y su hijo de 9 años, quién vivió la experiencia de ver a su padre ir preso en abril de 2006. En el imaginario de un niño, los malos están tras las rejas y los buenos caminando por la calle. ¿Cómo se le explica que su papá está en la cárcel? "Es difícil, muy difícil", confiesa, y baja los ojos.
"Pero bueno, razoné junto a él, y mis otros hijos, que había ensañamiento y persecución contra nosotros, que el ex director de rentas está equivocado, que no hicimos nada, y que debíamos soportarlo con entereza. Lo entendieron, con gran apoyo de mi mujer, la familia, el colegio y sus compañeros".
Berch Rupenián se refiere al ex director de la DGI (Eduardo Zaidensztat), con palabras como ensañamiento, persecución, abuso de poder, impunidad, violación del secreto tributario. Pero fundamentalmente, lo acusa de ensuciar su nombre hasta límites ilegales.
Con el cuadro de su padre detrás, asegura que no cometió ningún fraude ni maniobra evasiva, y con potente voz de locutor, intenta recorrer la historia de los últimos cinco años con inspecciones de DGI, una deuda de un millón de dólares que hoy representan 16 con multas, recargos e intereses, radios cerradas por una semana, la no comparecencia de él y su hermano al juzgado, el requerimiento de la jueza a Interpol, los 148 días en el Comcar y la Tablada, la convivencia con presos comunes y con los Peirano, y la frutilla del concierto: el decreto del Poder Ejecutivo revocándole las ondas por la falta de moral del empresario armenio.
Apenas se menciona la palabra inmoral, Rupenián se indigna: "el Ejecutivo tiene toda la potestad de revocar una radio porque la ley así lo establece. Pero los motivos que se exponen son absolutamente arbitrarios. Recién empieza el juicio; no se puede silenciar medios de comunicación por un procesamiento. Para la justicia somos inocentes. Solicitamos se esperara que el proceso llegara a su término. Pero además, perdón, ¿quién es juez para decir que alguien es o no inmoral? Es un concepto equivocado, y más aún para sacar una radio. Ni en la época de la dictadura se hizo algo así por razones de esa índole".
La revocación de las ondas es el postre de un proceso que comenzó en 2002 con una inspección de la Dirección General de Impositiva en Concierto F.M. y Concierto Punta, que culmina con la resolución de que existía una maniobra fraudulenta y que se debía un millón de dólares, que con intereses, multas, recargos e impuesto a la renta, se transformó en tres. Berch Rupenián asegura que no existió "delito, dolo, evasión, maniobra", sino que cuando abrió la radio de la península, aproximadamente la mitad de sus clientes, que desde hace años hacían publicidad en verano, comenzaron a pautar en la radio esteña y, por ende, la facturación recayó en la empresa Concierto Punta, con razón social Berch Rupenián, exenta de IVA como el resto de las radios del interior.
Eso ocurrió en 2002. Hoy Rupenián debe 16 millones, tras pasar 148 días en la cárcel.
-Luego de lo vivido, ¿no hubiera sido mejor pagar, llegar a un acuerdo, y olvidarse del tema?
-Nos estaban acusando de fraude, y no hicimos ningún ilícito. No aceptamos la resolución de la DGI, y si hay algo que no le gusta al ex director de rentas es que lo enfrenten. Y lo enfrentamos porque consideramos que tenemos razón. Y bueno, comenzó toda esta locura. Imaginate que cuatro años después, ese millón de dólares se transformó en 16, una cifra ridículamente exagerada y publicitada para engañar y asustar a la gente. Si se suma la facturación anual de todas las radios del país no se llega a esa cifra. Esas diferencias con la resolución tomada por la DGI hizo que nosotros solicitemos que arbitre el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA), que decidirá quién tiene o no razón. Pero, en todo ese esquema, el ex director de rentas comenzó a embarrar la cancha, a nivel mediático. Por supuesto que ya teníamos embargo genérico de Parasel S.A. Luego llega la denuncia penal de la DGI. Pero, el ex director de rentas no sólo hace la denuncia, sino que en julio de 2005 sale a ventilar el tema. En conferencia de prensa dijo que la jueza había rechazado una recusación nuestra y que nos iban a procesar. En otras palabras, violó el secreto tributario y enchastró nuestro buen nombre. Y a partir de ese momento, no cesó de implicarnos, no sólo con el nombre de la empresa que tampoco puede, sino con el de mi familia. Fue de una persecución y ensañamiento pocas veces vista, enlodando una imagen que para lograrla llevó 45 años de esfuerzo y trabajo. Ahí empezó una escalada de cosas que no paró. Pero respondiendo la pregunta, los armenios somos claros. Cuando pensamos que tenemos la razón vamos hasta las últimas consecuencias. Estuvimos en la cárcel, nos cerraron la radio seis días, y ahora nos las quieren sacar. Y yo voy a seguir peleando que no debo pagar.
-¿Qué motivo podría llevar a Zaidensztat a ensañarse con usted?
-Habría que preguntarle a él, o a su médico. Lo único que sé es que hubo una presión mediática durante ocho meses, y los jueces son seres humanos. El director este, salió permanentemente a hablar de nuestro tema y a enlodar nuestro nombre. El mediatizó todo y eso influyó. En ese tiempo, también se supo que el ex director de rentas tenía la costumbre de visitar todos los juzgados penales y hablar con los jueces. ¿Alguna vez se vio en este país o en otro que un director de impositiva, que debe cobrar y tratar de recaudar para el Estado, visite los juzgados o mande sus abogados? Es una presión que no corresponde. Luego se tomó la decisión judicial, que nosotros consideramos errónea pero que se debe respetar como corresponde. No quiero decir con esto que la jueza se haya sentido presionada sino que antes de nuestro procesamiento se generó un clima que no fue el ideal. La base de la democracia es la independencia entre los poderes Ejecutivo y Judicial. Aquí se empezó a mezclar todo.
-Habla de que Zaidensztat mediatizó todo, pero usted y su hermano debieron presentarse en diciembre de 2005 a una audiencia y se encontraban en el exterior. Eso generó conmoción. ¿No se colaboró de vuestra parte también?
-Desde hace 15 años, las últimas tres semanas de diciembre viajamos a Buenos Aires, porque es cuando se concretan todos los negocios de publicidad de verano.
-Bueno, pero si yo tengo una audiencia en la que está en juego mi procesamiento, creo que intento estar presente...
-Yo estaba en Buenos Aires mucho antes que me dieran fecha. No nos fugamos. Ahí vuelve el tema mediático. El día que no nos presentamos, el ex director de rentas llamó a la prensa y dijo que tenía una noticia para dar. Era para comunicar que no nos habíamos presentado, y que la jueza nos había requerido por Interpol. También, en diciembre de 2005, señaló que nos iban a sacar la radio. Eso no existe en ningún lugar del mundo. Lo dijo en todos los medios. No le compete. Fue lisa y llanamente abuso de poder.
-Se rumoreó de que no regresarían hasta no ver lo que sucedía en lo judicial. ¿Pensó en no volver?
-Jamás. Un medio de prensa dijo que estábamos en Miami, en un hotel, con dos valijas llenas de millones de dólares, y que nos habíamos fugado. Apenas nos enteramos de todo el revuelo generado por el ex director de rentas, volvimos y pusimos la cara.
-¿Se arrepiente de no haber hablado en su momento de todas estas cosas?
-No sé, nosotros confiamos en la justicia hasta el día de hoy. Este tema no debería haber salido en la prensa. Ahora, lo hacemos porque no tenemos más remedio; debemos explicar nuestra posición frente al público para que tengan las dos campanas. Pero quiero agregar algo del ex director : a fines del año pasado, antes del verano, su presión llegó a límites tan bajos que mandó visitar clientes para decirles que no pautaran en nuestras radios. Perdimos publicidad con convenios firmados. Eso es muy grave.
-¿Por qué no lo denunciaron?
-¿Cómo voy a salir antes del verano a denunciarlo? ¿Qué sucedería con el resto de mi clientela? Nos callamos la boca.
-Ahora, ¿por qué un director de rentas que ha recibido elogios por su capacidad se habría ensañado con usted y no, por ejemplo, con el propietario de radio El Espectador. ¿No habría algo que no le cerraba en lo tributario?
-Sí, por supuesto. Existen dos opiniones encontradas. Ellos dicen que existió maniobra y nosotros que no. Por eso se tiene que ir al Tribunal para laudar el tema. Pero él quiso acelerar todo el proceso buscando rédito mediático. Intentó ganar nombre y movimiento a costa nuestra. Yo gané el poco nombre que tengo en base a mi esfuerzo y trabajo, no enchastrando y enlodando a otras personas. El ex director protegía determinados sectores y atacaba a otros. Esa fue su política. Quizás, es un problema mental de él, de ensañamiento con determinadas personas o empresas.
-¿Cuántas veces habló con él?
-Dos. No hubo ninguna cosa rara. Le explicamos que queríamos buscar una solución. Pero, ¿qué solución se puede encontrar cuando te piden tres millones de dólares que, además, no te corresponde pagar? Imposible.
-Reitero una pregunta, viendo todo lo ocurrido, ¿no se arrepiente de no haber pagado y terminado con el asunto antes que llegara a estas consecuencias?
-Nunca iba a decir que debía dinero o incurrido en un delito, pero sí, intentamos buscar una solución en su momento para no seguir con el lío. De una de las cosas que me acusa el ex director de rentas es falta de voluntad de pago. Aquí le muestro un pago que realicé a la DGI de 120 mil dólares el 10 de marzo de 2004, sin reconocer deuda. Pero no había posibilidad de arreglo porque a ese director le interesaba más cerrar un medio y atacar a una persona, que llegar a un acuerdo. Lo otro le daba más rédito personal y político. ¿Qué buscaba? ¿Cerrar una empresa? ¿No recaudar más? No tiene lógica.
-Bueno, él ha dado su explicación...
-Fuimos cabeza de turco, gente conocida, y armó todo ese batuque.
-¿Harán una denuncia contra Zaidensztat?
-No tenemos idea, estamos como en medio de un maremoto que no terminó.
-Pero, por el espíritu de todo lo que ha dicho...
-Lo verán nuestros abogados. Cada uno es responsable de las cosas que hace y dice.
-¿Realmente siente que su nombre fue mancillado?
-En algún momento vamos a tener que recurrir a un organismo para decir que lo que pasó no es legal, humano, equilibrado.
-Cuando se supo que el Ejecutivo les revocaba las radios, realizaron una conferencia de prensa. ¿Por qué convocaron a algunos medios y a otros no?
-No estábamos preparados para recibir esa noticia, y como siempre nos enteramos por la prensa. A los periodistas que nos empezaron a llamar, les dijimos que vinieran.
-En esa conferencia, dijo que se castiga el éxito. ¿No resulta una razón algo liviana? Puede ser que los uruguayos castiguemos el éxito, ¿pero lo enviamos a la cárcel?
-¿Y porqué creés que el ex director de rentas nos dio como nos dio? Porque éramos exitosos, no tengas dudas. ¿Por qué no lo hizo con el choricero que también clausuró? Porque no lo conoce nadie, y no le da rédito. No es noticia. Él quiso buscar un chivo expiatorio y allí estaba yo. ¿Por qué no se ataca el informalismo que significa la mitad del dinero que mueve el país?
-¿Cómo sigue la vida sin radios?
-Dios dirá.
La famosa deuda impositiva de 16 millones de dólares
-¿Qué se siente deber U$S 16 millones?
-No los debo. Ahí podemos hablar de los errores que cometió DGI, a propósito, o por incompetencia. De 3 millones no se puede llegar a 16 en un año, más allá de lo que permita la ley. Lo importante para el ex director de rentas era generar escándalo con una cifra que dejara a todos atónitos. Parece ser una operación armada no se por quién ni porqué.
-Algún error cometieron para su trayectoria. ¿Cómo tenían facturas de una radio del interior con inscripción IVA al día, si están exentas?
- Fue un error formal, o una confusión. Tengo dos empresas a mi nombre, una en Montevideo de locución, por la cual tributo IVA, y Concierto Punta que no lo paga. Fue una equivocación que reconocemos, pero no existió maniobra. Todas las facturas que se realizaron a través de Concierto Punta no desglosaban el IVA. La DGI me quiere cobrar un impuesto que yo nunca recibí de mis clientes. No engañamos a nadie, ni ningún cliente descontó IVA (como dijo el ex director de rentas) ya que tienen claro que las radios del interior están exentas. Decía 10 pesos de publicidad, diez pesos total. Y ese fue uno de los argumentos que esgrimió este director para cerrarnos seis días la radio: que engañamos a los clientes porque pensaban que podían descontar. Hasta un estudiante de Ciencias Económicas sabe que por ley si el IVA no está discriminado en la factura no se puede descontar. En una de las audiencias, en las que estaban la jueza, la fiscal y nuestros abogados, hasta el contador de la DGI reconoció que era así, y que en ese tema discrepaba con el director de rentas.
-Es curioso que el 50% de lo que facturaban en Montevideo pasara a Punta.
-Concierto FM comenzó en 1985 y apuntamos a Punta del Este: imagen, presencia, clase ABC1. Y, por un motivo comercial, pensando en Argentina cuya publicidad es poderosa. Así lo hicimos. Todos esos clientes pautaban en Montevideo, pero para dirigirse hacia el verano, y gran parte de nuestra venta se concentraba allí. En 1998 se me otorga 94.3 FM Punta. Nos vino muy bien porque teníamos problemas técnicos para llegar a la península, desde Montevideo. Y bueno, gran parte de la publicidad se pasó para allá como era lógico. Los clientes querían verano. Hubo una baja de facturación de una radio a favor de otra. Impositiva lo consideró maniobra. No, era la realidad. Te hablo de campañas como YPF, La Nación, Patio Bullrich, Unicenter. En 2002, DGI tomó toda la facturación de Concierto Punta y la pasó a la de Montevideo, más allá que son razones sociales diferentes. Se calculó un IVA que nunca cobré a mis clientes, y un impuesto a la renta que no corresponde. Llego a 2007 con una supuesta deuda de U$S 16 millones , y Parasel S.A. (Concierto FM) embargado. Si hubiera querido, amparado por ley, habría cerrado Montevideo, pasado todo a Punta a nombre de una sociedad anónima. Ni lo pensé. Puse Concierto Punta a mi nombre. Eso habla claramente de que no había intención alguna de defraudar.
"No fue un castigo sino degradación"
-¿Qué sintió cuando le dijeron que usted y su hermano iban presos?
- Nunca lo esperé. Fue un shock. Pero después de 48 horas incomunicado, cuando generalmente no son más de 24, tirado en una celda, comenzás a caer en la realidad. Alguien que comete un error está preparado para lo peor. Pero cuando sigue creyendo que no lo hizo, y le pasa lo que nos sucedió, no entiende nada. Después vino algo increíble: siendo primarios, sin antecedentes, nos enviaron al Comcar, al Módulo 6, a celdas de castigo. Estaba aterrado. Te puedo decir que ni el peor de los delincuentes merece estar ahí. La jueza se interesó, vio el estado en que estábamos, y pidió traslado.
-¿Sintió miedo?
-Miedo no, me sentía amargado. No entendía porqué había tanto odio hacia nosotros. No fue un castigo, fue una degradación humana. Tengo que reconocer que mientras caminábamos hacia la celda, con nuestros colchones, nos encontramos con un recibimiento que nos dejó sorprendidos. Los reclusos nos daban ánimo: "no se preocupen, fuerza Berch". Pero igual fue un mes terrible.
-Luego pasaron a la Tablada con los Peirano, ¿los conocían?
-No, apenas socialmente. Estuvimos con ellos 118 días y tenemos que agradecer el apoyo que nos dieron. Veníamos muy mal, y ellos fueron muy humanos. Nos extrañó la fortaleza espiritual que tenían, luego de cuatro años presos. Realmente fueron de una ayuda invalorable.