Tony Blair resiste ante una dura realidad

LOS CIUDADANOS ADVIRTIERON AL PRIMER MINISTRO DE GRAN BRETAÑA, EN LAS ELECCIONES MUNICIPALES: NO ESTÁN CONFORMES CON SU LIDERAZGO Y RESULTADOS. EL GOBERNANTE NO ANTICIPARÁ SU RETIRO

THE ECONOMIST | LONDRES

Las elecciones municipales en Gran Bretaña habitualmente son recibidas con relativa indiferencia por los ciudadanos: sólo entre 30% y 40% del electorado concurre a votar y el gobierno puede librarse rápidamente de un mal resultado calificándolo de voto de protesta con escaso significado real. Sin embargo, los comicios realizados en Gran Bretaña el 4 del corriente mes son diferentes. La concurrencia se mantuvo baja, pero el resultado electoral, que se produjo después que el gobierno del primer ministro Tony Blair ha sido golpeado por oleadas de noticias adversas, fue demasiado malo para que el Partido Laborista pueda desdeñarlo con su habitual tranquilidad.

Blair efectuó su conferencia de prensa mensual, el lunes pasado, luego de un fin de semana en el que hubo crecientes conjeturas respecto de que los legisladores del Partido Laborista le reclamarían que fije un cronograma para dejar el cargo. El Primer Ministro se negó a hacerlo y dijo que eso sólo provocaría más distracciones y "paralizaría" el debido funcionamiento del gobierno.

El viernes 5, Blair llevó a cabo la postergada reorganización del equipo de ministros. Charles Clarke dejó el Ministerio del Interior, debido a que estaba bajo presión desde el 25 de abril cuando reveló que su Secretaría de Estado no había deportado, ni había pensado deportar, a 1.023 extranjeros cuando completaran sus condenas en cárceles británicas. Fue reemplazado por John Reid, quien se desempeñaba como Ministro de Defensa. Patricia Hewitt, quien en fecha reciente fue abucheada por una aguerrida manifestación de enfermeras que están hartas de los cambios en el Servicio Nacional de Salud, mantuvo su cargo como Ministra de Salud.

RELACIÓN EXPUESTA. El viceprimer ministro, John Prescott, fue excluido de su Departamento, que es responsable por asuntos como vivienda y gobiernos municipales, aunque mantuvo el título de su cargo como una suerte de compensación. Desde que salieron a la luz pública los detalles de sus relaciones con su secretaria, Prescott perdió su poder político. Vivió una situación agudamente avergonzante, debido a que los diarios más escandalosos dieron vivaz cobertura al hecho y hasta distrajeron la atención del estado del pie derecho de la estrella del fútbol británico, Wayne Rooney.

Las designaciones realizadas por Blair mezclaron nuevos rostros con viejos baluartes del laborismo. La promoción más sorprendente fue la de Margaret Beckett, una ex militante de extrema izquierda, cuya primera experiencia de gobierno fue en 1975. Beckett fue transferida de la tarea de pacificar a los agricultores desde el Departamento de Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales, al Ministerio de Relaciones Exteriores. Sustituyó a Jack Straw, quien pasó a desempeñarse como jefe de la bancada laborista en la Cámara de los Comunes.

La reorganización del gabinete no eclipsa el éxito obtenido por el opositor Partido Conservador en las elecciones municipales, que ya se siente optimista bajo la conducción de su nuevo y estilizado líder, David Cameron. Los tories lograron su mejor resultado electoral desde 1992 en estas elecciones locales, si se mide en función de la participación del voto obtenida. Ganaron en 11 Consejos Municipales. Todavía necesitan afianzarse en las ciudades industriales del Norte de Inglaterra y sólo lograron éxito moderado en las importantes áreas pendulares de las Midlands. Pero, robustecieron su presencia en el Sur y avanzaron en Londres, dejando de color azul el mapa electoral de la capital.

DESCENSO. En contraste, el Partido Laborista perdió en 19 Consejos. Su participación en los escaños de los Consejos declinó al nivel que había tenido en la década de los ’70.

Un aspecto inesperado de las elecciones será especialmente bienvenido por Cameron: los mediocres resultados del Partido Liberal Demócrata, que es la tercera fuerza política británica. Habitualmente, esa colectividad política se destaca en las elecciones municipales, gracias a sus activos militantes. Pero, esta vez, el partido sólo conquistó el control de un Consejo extra.

Una parte decisiva de la estrategia de Cameron es situar a su partido en una posición, en la que los votantes de mayor nivel económico lo apoyen y abandonen al Partido Liberal Demócrata, que ha estado incursionando en territorio tory en las últimas elecciones nacionales. Los resultados del 4 de mayo apuntan a que su estrategia puede estar comenzando a funcionar.

ADVERSIDAD. En cuanto al primer ministro Blair, los resultados no son tan malos como para que tenga que acelerar su partida del cargo. Confía que la reorganización ministerial dará a su gobierno un transitorio aire de renovación. Pero, la erosión de la base de apoyo laborista en los gobiernos locales tendrá consecuencias a largo plazo para su partido. Los conservadores tuvieron el mismo infortunio cuando ejercieron el gobierno, lo que derivó en que perdieran la representación en el Norte de Inglaterra. El riesgo que enfrenta el Partido Laborista es que el Sur también se convierta en territorio hostil. Eso hará que el eventual sucesor de Blair tenga una tarea mucho más dura.

Durante la última década, la economía de Gran Bretaña ha estado tranquila, gracias a la buena suerte y a la buena administración. Por tanto, los ciudadanos se sienten inclinados a juzgar al primer ministro Blair por su capacidad para administrar los servicios públicos. Una serie de errores cometidos en ese frente amenaza al Partido Laborista con tiempos de adversidad.

Lo más preocupante son los errores cometidos en áreas que Blair considera prioritarias. Una es el Servicio Nacional de Salud (NHS según su sigla en inglés). El gobierno admitió la semana pasada que los nuevos contratos de personal han costado el equivalente a U$S 1.100 millones más de lo presupuestado originalmente. El NHS tuvo abultado déficit en el año financiero que terminó en marzo, pese a que recibió un monto récord de subsidios. El gobierno aparece como técnica y financieramente incompetente en el manejo del servicio de salud: en fecha reciente tuvo que retirar y corregir una lista vital de precios del nuevo sistema de pago en hospitales.

Planifica mucho y hace poco

La tendencia del gobierno del Partido Laborista a cometer errores tiene sus raíces en un enfoque equivocado del ejercicio del gobierno que se retrotrae muchos años. Desde el momento en que accedió al poder en mayo de 1997, el laborismo ha sufrido de un caso agudo de exceso de iniciativas. Blair y sus ministros han respondido tácticamente con demasiada frecuencia al temario fijado por los diarios populares, en lugar de desarrollar un pensamiento estratégico.

Ello ha quedado en evidencia en el Ministerio del Interior, donde el gobierno se ha concentrado en pasar leyes que acaparan grandes títulos en los diarios, en tanto omiten la tediosa, aunque más importante tarea de aplicar con eficacia las políticas existentes. Quienes señalan ese hecho, no prosperan. Por ejemplo, los actuales planes de "reforma" incluyen quitar jerarquía al cargo de Jefe Inspector Independiente del Sistema Carcelario. Su actual jerarca, Anne Owers, fue una de las primeras voces que advirtió que los reclusos extranjeros eran ignorados.

El equipo de Blair ha buscado hacer demasiado y muchas veces con excesiva velocidad, sin pensar las repercusiones de las reformas que impulsa.

Hay varios puntos en su favor

El resultado de la gestión del gobierno del Partido Laborista no es uniformemente lóbrego, ni todas sus ideas están mal concebidas. Por ejemplo, el programa destinado a mejorar el Servicio Nacional de Salud, mediante la introducción de más presión de mercado en el mismo, es prometedor, aunque sus posibilidades de éxito están en riesgo como consecuencia de su pobre ejecución: el gobierno destinó montañas de dinero al sistema de salud antes de haberlo reformado.

Es interesante que un aspecto de la gestión del gobierno parece buena, gracias a una de las reformas que el laborismo hizo al comienzo. La política monetaria fue adversa para el gobierno del ex primer ministro conservador John Major, pero la gestión del independiente Banco de Inglaterra ha estado libre de problemas. Eso obedece a que al banco le ha sido asignado un claro objetivo —la meta inflacionaria— y le han dejado tranquilo para que pueda cumplirlo.

Quizás la lección es que a veces un gobierno logra más si hace menos. Es difícil que los laboristas acepten esa premisa que va contra su pensamiento. En cambio, el Partido Conservador sabe por experiencia propia que recuperar la reputación de ser competente es casi imposible.

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