Nelson Pino

"El tango que me gusta es el que refleja la vida"

Se crió escuchando la música ciudadana desde chico. Hoy es un embajador del dos por cuatro y también profeta en su tierra. Tierra que, lamenta, no tiene lugar para cantantes.

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Nelson Pino, el embajador del tango.

"Lo menos que tenés que lograr es hacerte querer por la gente. Bueno, y que les guste un poco lo que hacés, claro...". Nelson Pino (54) sonríe. Unos metros y unos minutos por Plaza Cagancha alcanzan para que muchos transeúntes lo reconozcan y saluden. "Cantate un tango, mago". "Qué cantor, maestro". "La mejor voz del Uruguay, tendría que haber nacido en Tacuarembó", dice —explica luego el aludido— quien resulta ser hermano de Abel Duarte. Entra a un bar y la escena se repite: se le acercan los mozos y los embajadores de la cercana Cancillería. Todos con la misma rutina: saludarlo y elogiarlo, preguntarle dónde y cuándo canta, saludarlo y elogiarlo otra vez.

"O estoy cantando mejor o recién ahora me están dando pelota", se ríe Pino. Viste pantalón y zapatos negros, camisa blanca sin corbata, cadena al cuello, saco bordó, y está peinado para atrás sin gomina que, se sabe, los muchachos de antes no usaban. Usa un anillo con una piedra roja; era de su abuelo y lo vio mil veces en la diestra de su padre, sacándole penas al bandoneón. La pinta de "gotán" le sale por los poros. Sin embargo, aclara, lo suyo no va tanto por lo taura, lo malevo o lo lunfa. "Yo estoy más volcado a la poesía romántica dentro del género. Cuando descubrí escritores como Horacio Ferrer, Eladia Blázquez o Héctor Negro, encontré poesías que reflejaban la vida misma, los problemas de la sociedad. A mí el tango que más me gusta es el que refleja la vida, la pareja, el amor...".

El título oficioso de "embajador del tango" refiere a su actividad en el extranjero, que lo ha llevado por Canadá y Estados Unidos, por Latinoamérica y Japón, por Europa y el Líbano. El año pasado estuvo tres meses viajando. Pero de un tiempo a hoy está sintiendo el rico gusto de sentirse profeta en su tierra. "Quizá los medios se han encargado de mostrarme más. Yo hago un espectáculo acá, en el Notariado, la Vaz Ferreira o la Zitarrosa, y la gente me sigue. Me sigue y me quiere, me arropa, me mima. Pero fue una lucha de muchos años lograr que me reconozcan".

La lucha como cantante profesional de tangos comenzó un viernes de julio de 1981 en el ya desaparecido Teatro Odeón, con la orquesta de Walter Méndez. Barrio pobre fue la primera canción que cantó en ese debut. La otra lucha, la más grande, la de la vida, comenzó el 24 de noviembre de 1960, en Rincón del Cerro.

Crecer.

Cosas de "embajador", en agosto estará en Washington convocado por la OEA para cantar celebrando la independencia uruguaya y la asunción del excanciller Luis Almagro como secretario general; eso será el puntapié para una gira por Nueva York, Nueva Jersey, Miami y Toronto. Cosas de un cantante que la ha puesto una fuerte impronta actoral y comunicacional a sus presentaciones —ayudado por dramaturgos como Dino Armas, directores como Sergio Dotta y escritores como Ignacio Suárez—, tiene previstas participaciones en obras que mezclan teatro, poesía y tango, con Cristina y Carmen Morán en julio y con su colega María de los Ángeles Álvarez de Ron en agosto. Está haciendo arreglos musicales para un homenaje a Horacio Ferrer en noviembre en el Teatro Solís.

Y todo esto comenzó escuchando radios Artigas y Clarín, en la peluquería que don Adhemar Pino, su padre, que a los 85 años aún vive y tanguea, tenía en la esquina de caminos O' Higgins y Sanguinetti, en el chacarero Oeste de Montevideo.

"Yo crecí escuchando tangos y ensayos de orquesta. Mi padre tocaba bandoneón. Yo era niño y él me llevaba a todos lados donde tocara. Yo cantaba y tocaba la guitarra. El leitmotiv de mi viejo era escuchar tangos mientras cortaba el pelo. Y yo lo ayudaba, barriendo el piso de la peluquería". La escuela y el liceo, en el mismo edificio, en la esquina de su casa, fueron la 159 y el 24. El fútbol, desde el baby hasta la primera en la brava liga de Melilla, fue en el club Sodre (luego Uruguay Sodre), llamado así porque la cancha estaba detrás de la antena transmisora de la emisora oficial en Punta Espinillo. Eran partidos donde tenía que imponer el físico (mide 1,85 metros) jugando de zaguero.

Pino creció con el tango y su debut profesional fue a los 20 años. Pero el dos por cuatro no llenó la heladera hasta, por lo menos, una década después. "¡Yo también trabajé (risas)! Yo hice diferentes changas que se podían hacer en un barrio como el que vivía. Trabajé repartiendo carne a los matarifes en el tiempo de la veda (sonríe)... tenía 12 años, fue por un buen tiempo. Luego fui encargado de una agropecuaria, en un almacén y bar, también en la bodega de vinos Elhordoy y en Ipusa, en exposición primero y en la oficina después". Su presencia lo ayudaba para hacer desfiles de moda y comerciales: arroz Samán, Casa Soler, toldos Tambati... Y por supuesto, el tango. "El click para poder vivir de la música fue en 1990, cuando me echaron de Ipusa... fue lo mejor que pudieron hacer. A esta profesión la abracé con todas mis fuerzas: vivo para cantar, sobre todo vivo para el tango".

El 4 de febrero de 1991 cumplía cinco años Christian, su hijo mayor. Era una buena excusa para faltar al Tupí Nambá, donde cantaba todas las noches, de lunes a sábado, para un público mayoritariamente turista. "Tratá de venir —le dijo el dueño—. Hay un uruguayo que vive en Canadá que te vio la semana pasada y dice que te quiere llevar". No era la primera vez que Pino escuchaba un anuncio de ese tipo, pero algo le hizo creer. Estuvo un rato con su hijo y luego fue cantar. "Esa persona se llamaba José Pedro Maurelli, ya no está entre nosotros y cambió el rumbo de mi vida...". El tanguero se emociona. "Ahí se me enderezó la carrera, cuando comencé a viajar".

Tantas veces cantó en Estados Unidos, sobre todo en Washington, que su presencia se hizo habitué en la sede diplomática uruguaya. Allá por 2005, el embajador Carlos Giannelli le dijo: "Vos sos el cantor de la embajada, ¡el embajador del tango!". Esa frase tanto caló, que su productora la adoptó como eslogan. "Y a mí me encanta, me enorgullece".

Comunicar.

"Hay un mito del cantor de tangos como un tipo noctámbulo, vicioso, calavera, que se acuesta a las seis de la mañana y duerme hasta la tarde. Y yo siempre tuve familia. Si un día trasnocho por actuar, al otro día me tengo que levantar temprano para hacer trámites, compras, tengo a mi hijo...". Pino está casado por segunda vez (la primera fue a los 23 años), tiene dos hijos (el menor se llama Alexis y tiene 20 años), uno de cada matrimonio, y un nieto (Brian, de cinco años: "No tengo la culpa del nombre", se ríe). Tiene seis discos editados, un pasado como solista de la orquesta de Donato Racciatti y el orgullo de representar a un país que dio mucho al tango... y que está varios cuerpos atrás de Argentina en cuando a reconocimiento en el mundo.

"Eso nadie se lo explica. En todo caso, hay que sacarse el sombrero ante Argentina por la defensa que han hecho del tango. Su mayor entrada de divisas por turismo es por el tango. Y acá nadie se esfuerza por armar espectáculos para conseguir ganancias, aunque sea por efecto rebote. Los turistas lo único que tienen acá es el Fun Fun, que es mi lugar en el mundo, emblemático". Ahí —donde mezcla canciones "para entendidos", pensando en el público local, con otras más for export, como Por una cabeza o Mano a mano, para el turista—, dice, está el último reducto para los cantantes. "Yo puedo cantar en un teatro porque tengo un nombre. ¿Pero adónde van las nuevas camadas? Ya no hay tanguerías como La Casa de Becho, Portofino o La Cumparsita...".

El tango le hizo perder muchos cumpleaños de sus hijos, lo que aún le duele, pero también le dio muchas satisfacciones. Es una música, asegura, en la que el cantante puede generar un clima y una emoción únicas, lo que lo hacen conectar con públicos que no entienden ni media palabra de español. "Hoy por hoy, para cantar tangos tenés que tener algo de actor. Eso y saber comunicarte con el público. El carisma no se compra, pero la comunicación se aprende. Y si dominás al público, que es lo más difícil, ya está".

MACHISMO Y MUJERES

A raíz de un incidente que terminó en la suspensión temporal de las Milongas del Entrevero, debido a que sus organizadores expulsaron a dos mujeres que bailaban juntas, la senadora frentista Constanza Moreira afirmó que "el tango tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras" y que sería necesario "otro tango".

Para Nelson Pino, ese "otro tango" al que alude la legisladora ya existe. "Esas palabras fueron desafortunadas. Es cierto que hay un tango machista, ¡como hay un rock y un bolero machistas! El tango es un reflejo de la vida; el de principios del siglo XX respondía a una sociedad que era así. Si muestro letras de Horacio Ferrer, Héctor Negro o Eladia Blázquez, no hay nada machista".

Sobre la última camada de mujeres cantantes de tango en Uruguay, él sostiene que "aún siguen tallando las más grandes": Olga Delgrossi, Nancy Devita o Elsa Morán. De las "nuevas", nombra a Valeria Lima, María de los Ángeles Álvarez de Ron (con quien actuará en agosto) y Gabriela Morgade. "Yo suelo decir algo que puede sonar polémico pero no me arrepiento: algunas quieren cantar como hombres, muy arrabaleras, y eso no condice con la figura femenina".

SUS COSAS.

Su ciudad.

Su ciudad favorita es Toronto, Canadá. Fue su primer destino internacional como cantante de tangos, en junio de 1991. Pino considera que a partir de ahí se dio su despegue profesional. "Me gusta la gente y el trato que me dieron siempre. A partir de ahí, no paré".

Su libro.

Si tuviera que elegir uno, sería La sociedad de la nieve, de Pablo Vierci. Pero ha leído prácticamente todo lo que ha salido sobre el milagro (o la tragedia) de los Andes. "Nunca dejó de conmoverme la historia, por todo lo que pasaron". Con el sobreviviente que hoy tiene más relación es Gustavo Zerbino. Cada tanto le dedica un tango.

Su referente.

Rubén Juárez, notable bandoneonista y cantautor argentino fallecido en 2010, es el primer nombre que se le viene a la cabeza. "Una de mis mayores emociones fue cantar acompañado por él".Enseguida añade otros ejemplos de solistas a seguir: Roberto Goyeneche, Daniel Cortes...

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