Son 27, tienen otras profesiones y los une la música: la historia de Raskolnikov, una joven orquesta independiente

Docentes, economistas e ingenieros cambian cada semana sus profesiones por instrumentos y partituras. A cinco años de su creación, la orquesta de cámara dirigida por Martín Da Rosa combina músicos de distintas edades y trayectorias con una apuesta que busca escapar de la rigidez.

Orquesta de cámara Raskolnikov
La Orquesta de Cámara Raskolnikov.
Foto: Valeria Fagúndez

Los sábados son, en buena medida, lo que mantiene unida a la Orquesta de Cámara Raskolnikov. Es el único día en el que un docente, una contadora, un profesor de inglés, un ingeniero, economistas, estudiantes y otros profesionales pueden coincidir durante unas horas para convertirse en músicos de una misma orquesta.

Casi ninguno vive unicamente de tocar. Sin embargo, desde mediados de enero hasta diciembre, los ensayos suceden prácticamente todos los sábados, además de los encuentros adicionales.

“La mayoría tiene trabajos diferentes. Estudiaron música, tienen un nivel divino, pero no se dedican plenamente a eso”, resume su director, Martín Da Rosa, de 31 años. La diversidad también se expresa en las edades: la integrante más joven tiene 17 años y la mayor supera los 60, aunque buena parte del grupo ronda los 30.

Raskolnikov nació casi por accidente en 2021. Da Rosa trabajaba entonces en el centro cultural Máximo Gorki, en Cordón, que atravesaba una reforma edilicia. Pensó que, cuando el espacio reabriera, necesitaría nuevas actividades y propuso formar un cuarteto de cuerdas estable.

“A los dos minutos pasó a ser un sexteto”, recuerda con humor el violinista nacido en Melo, quien se formó durante seis años con el maestro Jorge Risi, estudió composición en la Escuela Universitaria de Música y pasó por el profesorado del IPA. Allí comenzó a estudiar dirección coral con Francisco Simaldoni, conocimientos que luego trasladó a la dirección orquestal. Su debut como director había llegado en 2019 con La ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht, para la que formó una orquesta de 16 músicos.

Era la salida de la pandemia y algunos llevaban casi dos años sin tocar con otros músicos. Se dieron un mes para estudiar partituras y se encontraron a ensayar. El resultado los sorprendió. “Sonó muy bien. ¿Cómo puede ser?, me pregunté”. Da Rosa tomó entonces una decisión bastante más ambiciosa que la idea original: “Dije: ‘Hay que formar una orquesta’”. El nombre elegido hace referencia al protagonista de Crimen y castigo, de Dostoievski. A Da Rosa le gusta además lo que ese nombre sugería para la identidad musical del grupo: “Ser potente, tener profundidad y cierto carácter”.

Martín Da Rosa
El director Martín da Rosa.
Foto: Gabriel Díaz

Esa misma semana comenzaron a buscar lugares donde presentarse. El debut llegó el 27 de noviembre en la Fiesta de las Migraciones, en el Museo de las Migraciones. El 18 de diciembre viajaron a Maldonado para un concierto en el Teatro de la Casa de la Cultura. En los siguientes dos años y medio hicieron unas 20 presentaciones.

El ritmo, para una formación independiente, era intenso. Pero también lo era la inestabilidad. Durante un tiempo les resultó difícil superar los 13 integrantes. Parte de aquella primera formación estaba integrada por músicos que también tocaban en la Orquesta Juvenil del Sodre o la Filarmónica y que, ante una superposición de fechas, debían priorizar esos compromisos.

En 2024, la pérdida de músicos y la falta de un espacio fijo para ensayar pusieron en duda la continuidad del proyecto. Se habían desvinculado del Máximo Gorki y peregrinaban por diferentes lugares para encontrarse. Para diciembre quedaban nueve músicos y Da Rosa había dejado incluso de dirigir en algunas presentaciones para ocupar un puesto de violín. “Pensé: ‘Ya está, no se puede’”, rescata.

Volver a empezar

La orquesta llegó a 2025 prácticamente desarmada, pero una invitación para tocar en Treinta y Tres provocó una primera reunión. Volvió a suceder algo parecido a aquel ensayo de 2021: pese a todo, cuando tocaban juntos, sonaban bien.

Meses después Da Rosa decidió regresar a la dirección, pero puso condiciones. El proyecto debía reorganizarse y las tareas tenían que repartirse. Hoy, los cinco fundadores integran una suerte de consejo; debajo funcionan coordinaciones operativas que se ocupan de áreas como comunicación, archivos, partituras y contactos, y cada sección tiene además un jefe de fila.

La reorganización dio resultado. Raskolnikov cerró 2025 con unos 15 integrantes y este año incorporó otros 14. Hoy Da Rosa habla de 27 músicos como una base a conservar, ya que los desafíos son muchos. Por ejemplo: la orquesta no cobra ensayos ni paga salarios. Cuando hay ingresos por entradas, primero se descuentan los gastos de teatro, traslados, instrumentos, partituras o producción, y el resto se reparte. Además, un violinista puede alcanzar un gran nivel y, al año siguiente, irse a estudiar a Europa. Otro músico puede cambiar de trabajo y dejar de tener libres los sábados.

“Al ser tan pocos, terminan todos siendo piezas clave”, dice el director.

Orquesta Raskolnikov
El 19 y 26 de setiembre serán parte de la ópera Pimpinone, en la Sala Experimental de Malvín.
Foto: Valeria Fagúndez

Hay otro rasgo que considera central: Raskolnikov no hace audiciones. “El que quiera, entra. La consigna es estudiar, no faltar a los ensayos y comprometerse”.

Eso convierte a la formación en la primera experiencia orquestal de algunos músicos, pero también permite que convivan con integrantes que pasaron por la Juvenil del Sodre, o la Escuela Universitaria de Música.

La heterogeneidad obliga a organizar la orquesta según las capacidades de cada uno. Da Rosa observa los ensayos y conciertos y mueve las piezas. “Nosotros sabemos qué nivel tiene cada uno y cada uno sabe el nivel que tiene, y que las correcciones siempre son para ayudar, para aportar a la orquesta y no para criticar”, comenta.

La apuesta, dice, está en el resultado colectivo. Esa convivencia también explica, según él, por qué algunos músicos con experiencia en formaciones mayores deciden sumarse a una pequeña orquesta que no puede ofrecerles un sueldo. Cuando Da Rosa les pregunta qué encuentran ahí, la respuesta suele ser menos técnica: el ambiente, la calidad del grupo humano, la libertad.

De Vivaldi a un cementerio

Esa libertad también aparece en el repertorio. Aunque Raskolnikov ha desarrollado una afinidad evidente con el barroco —y Da Rosa no esconde su devoción por Vivaldi—, el objetivo no es convertirse en una orquesta especializada en un único período.

Uno de los desafíos más particulares llegó el 14 de marzo de este año con Victoria, el desfile performático ideado por el diseñador Alejandro León y realizado en el Cementerio Británico. La propuesta tomaba como punto de partida el luto de la reina Victoria tras la muerte del príncipe Alberto para construir una experiencia sobre la pérdida, la transformación y la resiliencia. Para la orquesta significó abandonar buena parte de aquello que ya sabía que funcionaba. “Fue literalmente hacer todo al revés”, comenta el director.

Ubicada entre tumbas y árboles del Cementerio Británico, la orquesta terminó siendo parte de una puesta que cruzó moda, patrimonio, y música en vivo. Para Da Rosa, experiencias como esa condensan uno de los diferenciales del proyecto: la posibilidad de entrar en territorios que una estructura más rígida quizá no permitiría explorar de la misma manera.

Cerca de cumplir cinco años, el grupo busca ahora constituirse como asociación civil, conseguir apoyos y avanzar hacia una institucionalidad que le permita dejar de depender exclusivamente del esfuerzo personal de sus integrantes.

El objetivo inmediato es mantener los 27 músicos. Más adelante, Da Rosa imagina una formación capaz de abordar repertorios mayores y, por qué no, convertirse algún día en una orquesta de 100 personas.

Por ahora, sigue dependiendo de algo bastante menos grandilocuente: que llegue el sábado y todos vuelvan a encontrarse. “Todos tenemos ego y problemas. Pero si trabajamos desde el amor, la amistad y el compañerismo, funciona y se logran cosas muy lindas”, cierra.

Orquesta Raskolnikov
Orquesta Raskolnikov en el desfile performático "Victoria".

Agenda con Ópera, conciertos y nuevos desafíos

Raskolnikov tendrá un segundo semestre intenso, con una agenda que refleja también la versatilidad que la orquesta busca como parte de su identidad. El 19 y 26 de setiembre estrenará en la Sala Experimental de Malvín Pimpinone, de Georg Philipp Telemann, una ópera barroca que tendrá a Gabriel Luisi y Claire Rey como cantantes y a una formación reducida de 14 músicos. Luego habrá funciones en La Colmena hasta el 4 de diciembre.

Para el director Martín Da Rosa, la elección tiene además una particularidad. “Es una ópera barroca. Eso es rarísimo. Vos no ves en cartelera algo así con frecuencia; ves Verdi, Puccini... los típicos”, explica. La obra nació como un intermezzo, una suerte de pequeña ópera que se representaba entre los actos de otra mayor y que, en este caso, dura alrededor de una hora y 20 minutos.

Ya el 17 de octubre llegará Primavera barroca, un concierto que Da Rosa viene imaginando desde hace tiempo y que propone contar una historia a través de un repertorio que recorrerá Bach, obras de Vivaldi, Telemann y Tomaso Albinoni. La cita será a las 19.00, en la Experimental de Malvín.

Aún en octubre, la agenda de Raskolnikov incluye un viaje previsto a Melo por los 150 años de su Catedral, con fecha y local a definir.

El 28 de noviembre llegará otro desafío: la formación se dividirá. Una parte viajará a Treinta y Tres para tocar junto a estudiantes de una escuela de cuerdas, en un intercambio que permitirá a los jóvenes compartir escenario con la orquesta; mientras, la otra mitad ofrecerá un concierto en Montevideo, a las 16.30 en el jardín del Palacio Taranco. Abierto a todo público. Ambos conciertos en el marco de los festejos por los cinco años de la agrupación.

El cierre llegará el 5 de diciembre, cuando ofrecerán un concierto en la cripta del Señor de la Paciencia, en el subsuelo de la iglesia de San Francisco de Asís, en Ciudad Vieja. Estarán acompañados del coro Santa Elena, ya que el concierto será en el marco del ciclo Polifónico Sacro.

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