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Solidaridad, humildad y otras uruguayeces

¿Qué imágenes nos devuelve el espejo cuando le preguntamos cómosomos los uruguayos? Un reciente estudio de opinión pone en relieve, una vez más, las características a las que aspiramos.

gimnasio Dolores
Cuando un tornado arrasó la ciudad de Dolores, hubo un brote solidario. Foto: Fernando Ponzetto

La pregunta "¿Cómo somos los uruguayos?" nunca parece perder vigencia en los confines de esta república. Si a nuestros vecinos más cercanos y parecidos, los argentinosm la duda que los asalta es "¿Qué nos pasa?" —ilustrada en los geniales editoriales con los que el comediante Fabio Alberti cerraba Todo x 2 pesos— a los uruguayos nos carcome una incertidumbre existencialista.

Hace menos de un mes, la consultora Grupo Radar presentó los resultados de su más reciente encuesta de opinión pública: "Si tuviéramos que explicarle a un extranjero cómo somos los uruguayos, ¿qué le diríamos? (...) Cada encuestado podía responder hasta cinco palabras o conceptos, lo cual nos permitió relevar más de 8.000 respuestas en una muestra de 2.000 personas".

En base a esas 8.000 respuestas, la empresa hizo una "nube" de palabras en la cual se destacaron seis rasgos o características con las que los uruguayos se describen a sí mismos ante esa consulta foránea: solidarios, amables, futboleros, amigables, humildes y trabajadores. ¿Somos así?

Depende a quien se le pregunte pero también depende de lo que se perciba y experimente en el día a día, y si esas percepciones y experiencias tengan una relación más o menos coherente con los datos y los hechos que pautan la vida social nacional. Uno puede preguntarse cuán amables somos cada vez que entramos en alguna red social y vemos la interminable sarta de insultos y ofensas que nos lanzamos a través de la virtualidad.

También cabe preguntarse cuán solidarios somos cuando en una parte nada desdeñable de la sociedad está instalada la queja de que menos del 1% del PBI es "demasiado" para la ayuda a las capas más carenciadas a través de las transferencias asistencialistas realizadas por organismos como Mides o BPS.

"'Me contradigo, soy humano, decía Schopenhauer", comenta el psicólogo social Juan Fernández Romar para luego elaborar: "Ese aforismo ilustra que en la naturaleza humana puede convivir el carácter afable con la violencia soterrada del femicida. Corre por carriles paralelos y diferentes. La persona resuelve de manera muy diferente sus relaciones más próximas y las sociales".

El director de Grupo Radar, Alain Mizrahi, por su parte, dice que no le sorprendió que la encuesta arrojara esos resultados, y que además compartió esos datos en redes sociales, para ver cómo reaccionaba el público. "Me pareció muy divertido leer los comentarios que escribió la gente sobre eso, porque me intrigaba ver qué se decía. Y ahí se decía que somos todo lo contrario a los resultados: que somos racistas, que no somos solidarios... Ahí sale todo lo que la gente en realidad cree que somos. Pero esa misma gente es la que en la encuesta puso que somos humildes, solidarios y no sé qué. Somos una manga de esquizofrénicos".

Este tema apasiona a Mizrahi, que agrega que le encantaría hacer una encuesta similar en Argentina y también en otros países. "Creo que no arrojaría estos resultados. Creo que los argentinos son mucho más críticos hacia sí mismos que nosotros. Pero esta es la imagen que a nosotros nos gusta vender de nosotros mismos. Ya no importa si somos así o no. O si en el fondo creemos ser así o no".

Además, Mizrahi dice que tiene "la ilusión de poder escribir un paper sobre esto. A raíz del Mundial, le pedí a varios colegas de otros países que por WhatsApp me mandaran todos los memes que le llegaran sobre el Mundial y desde entonces los estoy coleccionando. Tengo decenas y decenas de países distintos y a través de ellos uno se de cuenta de cómo cada país se percibe a sí mismo, porque a través del humor se transmite parte de la cultura".

Hernán Cabrera, sociólogo y magister en gestión cultural, resalta las raíces históricas del país para explicar estos resultados. Desde ese punto de vista, sostiene, "la sociedad uruguaya ha sido, en el contexto regional, de las más igualitarias", y agrega que, por ejemplo, ha sido y es una de las más solidarias para con la inmigración: "En los comienzos del entramado social de nuestro país, la mayoría de los inmigrantes que llegaban eran libres, no esclavos".

Además, Cabrera señala que esta no es la primera vez que una encuesta expone resultados de esta índole. "Si uno repasa muchas de las encuestas que se han hecho sobre estos temas, la humildad y la solidaridad aparecen como los grandes valores de los uruguayos. Hay un impulso muy fuerte de autorreconocimiento, y esto tiene raíces históricas, como el batllismo y la reforma vareliana. Ahí hay una pista fuertes sobre cómo el uruguayo se reconoce a sí mismo en esos conceptos. Pero también es como un poco de las dos cosas: la autopercepción también construye realidad, porque al discurso hay que darle carne". Para Cabrera, además, la repetición constante del discurso que somos solidarios y humildes contribuye a condicionar el comportamiento social.

Rosario Radakovich, también socióloga y especialista en consumos culturales, hace una apreciación similar: "El imaginario, en nuestro caso, va por encima de la realidad. Tenemos una impronta muy fuerte de lo que son nuestras tradiciones, de lo que fuimos, de lo que creímos ser y de lo que seguimos siendo. Y también estamos muy pendientes de esa expectativa social y colectiva, de cómo deberíamos ser". Ese estar pendiente de la expectativa social —que en parte se nutre del discurso sobre la solidaridad y humildad— le impone límites o condicionantes a aquellos que no se identifican con ese discurso.

De todas formas, para Radakovich, hay matices. O debería haberlos. "Creo que en general nos autopercibimos un poco más amables de lo que realmente somos y más solidarios de lo que realmente somos. Hay una visión autocomplaciente, que no se condice del todo con la realidad, y creo que eso tiene que ver con que somos un país pequeño y de cercanías. Nos conocemos todos. El mito del Uruguay como una gran familia".

También ella conjetura que una encuesta de estas características hubiese dado otros resultados en Argentina, el país con el cual más a menudo nos comparamos. "Creo que ellos toman con más humor —como que la tienen más integrada— la autocrítica. Los uruguayos somos un poco más pacatos, y políticamente correctos. Tendemos a querer parecernos y ser también, al ideal ese que se espera socialmente. No nos vendría mal un poco de autocrítica".

Todos coinciden en que la simultaneidad de la encuesta con el Mundial que termina hoy influyó no solo en el destaque del concepto "futbolero" —que probablemente aparecería aún en un año sin ese certamen— sino también en el hecho de una descripción tan positiva de nosotros mismos.

Más allá de que La Celeste es una de las vidrieras más grandes que tiene Uruguay —tanto por su desempeño como por algunos de sus jugadores, que tiene mucha exposición mediática a nivel global— esta y encuestas anteriores se producen y se difunden en un contexto social y económico que en los últimos 15 años ha tenido muchos logros. Eso, aporta Cabrera, seguramente incide en esta visión tan positiva de los rasgos identitarios. "Además, fue atípica en el sentido que no fue por teléfono o en la calle, donde uno tiene que responder rápido. Acá, el encuestado tuvo cierto tiempo para reflexionar sobre sus respuestas".

Ya no seremos ilustrados o valientes. Pero que nadie nos quite la humildad y la solidaridad.

A quién incluir en el concepto "nosotros"

"¿A quién incluimos en el nosotros?" se pregunta el psicólogo social Juan Fernández Romar. "Cuando desarrollamos la idea de la autopercepción como pueblo o nación, corresponde preguntarse eso. Un inmigrante que tiene dos años de residencia ¿puede estar incluido en ese nosotros? ¿O tiene que vivir acá diez años? Hay un imaginario colectivo forjado minuciosamente por el diálogo de todos nosotros, y en ese diálogo desarrollamos una idea de la uruguayez", reflexiona y retoma la noción de la contradicción entre cómo nos percibimos como pueblo y cómo actuamos en la cotidianeidad, expuesta en la nota principal: "Uno es muchos. Uno no es siempre la misma persona. El mismo conductor imprudente —y ese fenómeno de imprudencia y egoísmo en el tránsito no se da únicamente acá— en otro espacio público puede manifestar comportamientos solidarios o amables. Ese mismo conductor puede tomarse un ómnibus y cederle su asiento a una persona mayor de edad". Por eso a veces aparecen contradicciones flagrantes. "Uno puede quejarse del estado de la salud pública, pero así como hay funcionarios que pueden destratar a pacientes, también hay médicos que aportan de su propio bolsillo. Conviven fenómenos extremadamente negativos con otros que sostienen nuestra ilusión sobre la condición humana".

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