¿Qué tienen en común unas caravanas de diamantes, un viejo marco de ventana, una bicicleta violeta, una tetera de porcelana, un rompecabezas, una plancha de cabello, una sopa ramen instantánea y una máquina de café expreso? Todos fueron regalos mencionados por las personas que respondieron a una encuesta no muy científica sobre los mejores, y los peores, obsequios que habían recibido.
Si intentaras adivinar qué artículos fueron inmensamente apreciados y cuáles fueron despreciados, lo más probable es que te equivoques, y por mucho: las caravanas de diamantes fueron un fracaso rotundo, por ejemplo, pues el autor del regalo no se había dado cuenta de que la persona que lo recibiría, su novia hacía tres años, no tenía las orejas perforadas. Por otro lado, la sopa ramen instantánea fue un éxito porque ese sabor en particular no se vendía en todas partes, y la madre del receptor del regalo, que sabía que a su hijo le encantaba esta sopa, logró encontrar un paquete.
Al momento de dar un regalo, el contexto lo es todo. El hecho de que un regalo sea el mejor o el peor no depende tanto del costo, el diseño, el estilo, la presentación o la funcionalidad, sino más bien de la capacidad de escuchar, observar y empatizar de quien lo obsequia, y tal vez de su habilidad para hacer las veces de detective.
“Los regalos son la expresión de un sentimiento”, señaló Bonnie Buchele, psicoanalista, que ha escuchado bastantes casos de angustia en torno a los regalos, ya sea por darlos o recibirlos.
Los buenos regalos -como el viejo marco de ventana que una estudiante universitaria recibió de su primer novio formal, con una fotografía de su paisaje favorito montada dentro- demuestran que has prestado atención. Los malos regalos te hacen preguntarte si la persona que te lo dio te conoce en absoluto. Aún peores son los regalos que deslizan una crítica, como la plancha de pelo que otra suegra le regaló a su nuera que siempre llevaba el cabello rizado.
“La gente tiende a caer en la trampa de no priorizar a la persona que va a recibir el regalo”, comentó Julian Givi, profesor adjunto de Mercadotecnia en la Escuela de Negocios y Economía John Chambers de la Universidad de Virginia Occidental.
En efecto, las investigaciones de Givi indican que las personas suelen dar regalos que reflejan sus propios deseos y motivaciones en lugar de considerar las preferencias del receptor del obsequio. Además, la gente que da regalos suele enfocarse más en el momento de sorpresa en vez de pensar si la persona en realidad quiere, usará o siquiera tiene espacio para esa cosa. Esto no quiere decir necesariamente que la persona que dio el regalo sea narcisista, o incluso desconsiderada. Es solo que a esa persona no se le da lo que en el ámbito de la psicología se conoce como la toma de perspectiva, o ver las cosas desde un punto de vista ajeno. Para dar regalos geniales, necesitas desarrollar la habilidad de salir de tu cabeza y realmente notar las pasiones, preferencias y personalidades de las personas. Presta atención a los temas que animan y despiertan el interés de las personas. Observa las cosas que tienen en su casa, lo que visten, los colores que prefieren, lo que capturan en fotos y lo que les gusta comer y beber. Identifica no solo lo que alegra y vigoriza a las personas, sino también lo que las aqueja y piensa en regalos que puedan aliviar esa carga. Los regalos sentimentales son por mucho los más significativos.
Dar un regalo, sobre todo uno que conlleva un mensaje, puede ser una experiencia vulnerable. “Es por eso que a algunas personas les estresa dar regalos, pues sienten que estarán demasiado expuestas al expresar sus emociones y que no lo harán bien”, explicó Buchele. A la gente también le cuesta aceptar regalos, sobre todo si tienen un estilo de apego evitativo o temor a la intimidad. Puede que en un nivel inconsciente resientan que los conozcan tanto, o se sientan indignos o incluso celosos por no haber sido igual de atentos.
La reacción de los receptores de regalos dependerá de la confianza que tengan en sí mismos y en su relación con la persona que les dio el obsequio.
Quizá la mejor estrategia para dar regalos es realizar tu propia encuesta. Pregúntales a tus parientes y amigos sobre los mejores y los peores regalos que han recibido. Así no solo descubrirás qué tipo de regalos de verdad los conmovieron o hirieron; si los escuchas en serio, también comprenderás mejor sus valores fundamentales, lenguajes del amor y estilos de apego. Estas conversaciones pueden ayudar a profundizar tus relaciones, lo cual es un regalo en sí mismo.