El Personaje

Santiago Sanguinetti: "Nunca mucho arte es demasiado"

Es el director más joven de la historia de la EMAD. Y aunque se define como un actor que escribe y dirige, es uno de los dramaturgos más destacados de la escena local y regional.

Santiago Sanguinetti
Foto: Fernando Ponzetto

Se encontró en una dualidad, en una casi contradicción, en una imagen opuesta a sí mismo. Se encontró, así como se topan las cosas que no se buscan pero siempre aparecen, en un joven que bajaba las escaleras del antiguo edificio de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) en la calle Cuareim, vestido con ropas harapientas, con el cuerpo transpirado y los pies descalzos. Era 2002 y era la primera vez que Santiago Sanguinetti pisaba la EMAD. Y siempre las primeras veces de todo dejan una marca en algún lugar del cuerpo y de la conciencia. "De repente dije ‘yo quiero hacer esto, creo que quiero hacer algo parecido a esto que hace ese estudiante’. Porque era muy contrario a lo que soy yo como persona, más bien tímido, prolijo, centrado, mesurado. La actuación era todo lo excesivo, era como una lucha permanente entre lo apolineo y lo dionisíaco y yo como adolescente tendía a ser en mi vida bastante apolineo, por decirlo de alguna manera; de repente encontré el disfrute por lo dionisíaco en la actuación, que me tomó completamente y nunca más me soltó".

Después se encontró en la escritura y en la dirección de su propia escritura, se encontró con reconocimientos y premios, con libros y con sus obras representadas en otras partes del mundo. Se encontró, además, siendo el director más joven en la historia de la EMAD, cargo que ocupa desde 2016 y que lo tendrá hasta el 31 de julio del año que viene. Podría ser reelecto pero no. Estar al frente de la escuela viene siendo una experiencia de aprendizaje "intensa y muy motivadora, pero no fue fácil". En parte, porque la intensidad implica tiempo y energía, y en estos dos años casi que no pudo escribir ni dirigir ni estrenar. "El teatro es, en definitiva, mi actividad de goce vital".

Desde lo político

Eso de que la vocación puede venir por herencia es cierto. O al menos lo es para Santiago. Su madre hacía teatro amateur todos los lunes de noche en el Club Juventus y él la acompañaba a cada clase. No le gustaba, lo aburría, pero algo se empezaba a despertar. Por otro lado, su padre salía en el carnaval de Treinta y Tres en la murga Tirate Que Hay Arenita.

Algo tuvo que venir desde el teatro de los lunes y la murga del interior, algo que hizo que, aunque la actuación nunca había sido una opción de futuro, a los 15 años se inscribiera en una taller. "Y ahí descubrí algo que era distinto a todo lo que había hecho antes. Me encontré a mí disfrutando de dejar de ser yo mismo por un rato". Después vino otro taller y otro y otro, hasta que Miriam Miller le comentó a sus alumnos que existía una escuela de artes escénicos y que justo estaban organizando un Margaritón (una instancia que consistía en que los estudiantes ocupaban la escuela durante una semana para dar talleres, clases, charlas y estrenar obras).

En ese Margaritón de 2002, Santiago entró por primera vez a la EMAD. Primero fue el joven en las escaleras y sus ropas sucias, después fue su vecina hablando de teatro invitada por los estudiantes. Nelly Goitiño, que vivía cinco pisos más arriba de su casa, era amiga de sus abuelos y bajaba con él en el ascensor, hablaba sobre "la importancia del mito en la obra de Antonin Artaud aplicada a la actuación", en uno de los salones de la escuela. Después, fue una clase en la que Carlos Terzaghi utilizaba una gaviota disecada para hablar sobre algo que no recuerda. Por último, Santiago supo que aquello era lo que definitivamente quería hacer el resto de su vida, a pesar de su timidez, su prolijidad y su mesura. Es que, en esa catarsis que se logra en la actuación, Santiago encontraba una libertad absoluta. "Hay una profunda modificación interna en los actores generada como producto de este ser otro o dejar de ser uno mismo".

—¿De todas formas en ese juego de ser otro siempre queda latente algo de uno mismo?

Sí, siempre. Este de dejar de ser uno es un juego un poco conceptual. Por supuesto que es un juego donde uno construye una identidad ficcional a conciencia absoluta y todo lo que uno pone arriba del escenario es producto de las propias vivencias. A veces me pasa de identificar con claridad el nivel de experiencias en la vida de una persona a través de una actuación, cuando es honesta, desgarrada, vital, comprometida, uno intuye que atrás de eso hay una vida que tiene las mismas características.

Hay algo de eso en las últimas cuatro obras que escribió. Hay un poco de naturalismo desgarrado, un abandono de lo poético que tuvo su escritura al comienzo, entendiendo a lo poético "como la palabra llamando la atención sobre sí misma". Porque, aunque tenga 33 años, Santiago tiene una relación larga con la escritura, que empezó en forma de cuentos adolescentes, siguió por estudiar Literatura en el IPA y después por poemas que transformó en Limbo, su primera obra (estrenada cuando estaba en tercero de la EMAD). Luego vino Fuga de ángeles y en 2008 llegó Ararat, que Coco Rivero dirigió con el elenco de la Comedia Nacional.

Pero antes hubo algo que lo hizo querer intentar eso de escribir y de dirigir su propia escritura. Hubo una obra estrenada por un dramaturgo y director de 20 años que se transformó en uno de sus referentes y después en su amigo. Hubo Gabriel Calderón y su obra Mi muñequita en 2004. "Yo vi la obra y después me enteré que Gabriel se había presentado a los 18 años a un concurso internacional con tres obras y ganó el primer, segundo, y tercer premio, me impresionaba mucho; y además ver una obra que me había impactado tanto, me había removido tanto, de repente salí del teatro diciendo: yo quiero hacer esto, yo quiero generar algo parecido a lo que me acaba de generar esta obra a mí".

Tiempo después Gabriel lo llamó para coescribir Obscena y a partir de ahí empezó un proceso de aprendizaje sobre su escritura y sobre las limitaciones de sus letras, que terminó por modificar su estilo y se afianzó con las obras que siguieron. En su Trilogía de la Revolución, compuesta por las piezas Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur, Breve apología del caos por exceso de testosterona en las calles de Manhattan y Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, lo abstracto y lo simbólico quedó atrás y hay una tendencia a la comedia negra y al naturalismo. Lo mismo ocurre en El gato de Schrödinger, que estrenó dirigiendo a la Comedia Nacional en 2016, y en Bakunin, que presentó en Alemania en junio y quiere estrenar el año que viene en Uruguay.

En esas obras hay un estilo que se mantiene. Hay algo político, ya no desde el entendido de que todo teatro como generador de debate es político, sino que cada una tiene una temática que es explícitamente política. "A mí me interesa trabajar el teatro político temático".

Dice que todavía no puede ver los límites de una generación de creadores a la que pertenece. Dice que cree que en muchos años, van a mirar hacia atrás y se van a dar cuenta de que Calderón inauguró en 2004 una nueva forma de concebir la escena. "Desde ese año y hasta ahora hay un mismo impulso creador. Hay una generación que es distinta a la anterior, la de Mariana Percovich, María Dodera o Coco Rivero y se diferencia especialmente en que ya no se escriben obras de corte tan abstracto, que se presentan sin temor en teatros convencionales, cuya dramaturgia no está asociada tanto al trabajo del actor o del espacio, sino que la palabra toma un lugar de privilegio".

Esa generación está repleta de creadores que escriben y dirigen su propio texto, como él. Le gusta, a Santiago, que cada vez haya más jóvenes haciendo teatro, que haya gente de 19 años estrenando obras, que la cartelera teatral montevideana sea tan amplia. "Yo voy al teatro y veo salas llenas. Nunca va a ser demasiado. ¿Cuánto es demasiado arte? Yo creo que nunca mucho arte es demasiado. Para mí eso es un orgullo. Cuando fui a Alemania me preguntaban cómo era el teatro uruguayo y yo les decía que es muy amplio y que además la mayoría de los espectáculos son independientes y se hacen con poco o cero presupuesto. ¿Y cómo ensayan?, me preguntaban. Y bueno, los actores le dedican su tiempo libre, por eso cuando hacen, hacen con hambre, hacen lo que de verdad les mueve el piso, los apasiona y los compromete".

SUS COSAS

1

Referentes

Vio su obra por primera vez en 2004. Cuatro años después se conocieron personalmente. Uno de sus referentes, especialmente en la escritura dramática, es su amigo Gabriel Calderón. Escribieron Obscena, pero también Gabriel es uno de los actores de Sobre la teoría... Además menciona a Rafael Spregelburd.

2

El último libro

Santiago tiene editados varios libros: Dramaturgia imprecisa, producto de la conciencia de la imperfección en su escritura y "de la defensa de la imperfección en la dramaturgia también"; Trilogía de la revolución, incluye tres obras que funcionan como un todo y Animalia, que contiene a El gato de Schrödinger y obras de Sergio Blanco y Gabriel Calderón.

3

Una nueva carrera

Una de las razones por las que los estudiantes de la EMAD presentaron su nombre para la dirección de la escuela, fue porque además de actor, escribía obras. El proyecto de la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia estaba en puerta y cuando asumió el cargo, una de las primeras medidas fue terminar la gestión para que se terminara de inaugurar.

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