GABRIELA VAZ
Yo me casé en el 73 y tengo dos amigas que salen en las fotos con pelucas... ¡En aquel entonces eran espantosas!", recuerda el peluquero Heber Vera, integrante del reducido grupo que en Uruguay continúa trabajando con este milenario accesorio, cuyos primeros ejemplares datan del 1500 a.C. y que desde entonces ha sido símbolo de festividad, creencias religiosas y modas pasajeras, pero hoy está casi exclusivamente vinculado a cuestiones de salud.
Vera trabaja en el negocio de las pelucas hace casi 40 años y cuenta que mucho ha cambiado su calidad; hoy las mejores no sólo no quedan espantosas, sino que son capaces de pasar por pelo natural hasta para el más entendido. "Cambió mucho la técnica del implantado; ahora se les realiza un implante natural con silicona pelo por pelo. La caída, el movimiento: todo es diferente", explica el peluquero. Y la importancia de estas mejoras reside en que este accesorio es capaz de cambiar hasta el curso de un tratamiento oncológico.
En todos los locales consultados se aseguró a Domingo que alrededor del 90% de las clientas por pelucas son pacientes de cáncer que están atravesando un tratamiento de quimioterapia, lo que les genera pérdida de cabello. También mujeres con problemas de alopecia, desatada por distintas patologías. Y en los mismos negocios se hizo hincapié en la gran incidencia que tienen las pelucas en la mejora del ánimo en cualquiera de estos casos. "Las mujeres vienen con una desazón impresionante sin saber lo que les vas a poner en la cabeza. Vienen con un terror terrible y se van con otra cara. Somos uno de los factores más importantes dentro del tratamiento; la autoestima en una persona que está atravesando una terapia por cáncer es fundamental. El paciente que se siente bajoneado es más posible que no salga. En eso nosotros tenemos muchísimo que ver", dice Vera, quien casi sin quererlo, tras tantos años de atender a mujeres en estas circunstancias, se ha vuelto un experto en la materia. A su peluquería ingresan entre seis y siete clientas con cáncer por día, asegura. Y para ilustrarlo, toma un bibliorato de su oficina repleto de órdenes del Banco de Previsión Social (BPS). Es que, tal es la importancia del accesorio, que el organismo estatal cubre 100% del monto de la peluca elegida por afiliados activos que sean pacientes con pérdida de cabello, cualquiera sea la causa.
"Las contenemos mucho, les hablamos de la medicina alternativa, de lo que les va a pasar, de cómo se van a ver... Soy peluquero oncólogo", bromea, y de inmediato explica: "A veces me hacen más caso a mí que al médico. Tengo una clienta que viene con el marido, que es médico, y yo le digo: `Estás bárbara, cuatro sesiones de quimio no es nada`, y se pone contenta, entonces el marido me dice: `No lo puedo creer. Yo le digo lo mismo y no me da bola. Se lo decís vos y te escucha`. Jugamos un papel muy importante. A los 10 o 15 días de empezada la quimio el cuerpo avisa que el pelo se va a caer, y cuando las mujeres encuentran que quedan bárbaras, a veces con un pelo más lindo que el que tenían, se sienten mejor".
Adriana, de Elite Center -un centro que trabaja con pelucas y prótesis mamarias-, coincide: "Para la mujer, que se le caiga el pelo es lo peor que le puede pasar, incluso te diría que es peor que perder una mama. Aunque el pelo vuelve, la decadencia física que implica estar pelada es como lo más injusto. La falta de una mama se puede ocultar, pero la cabeza está a la vista de todo el mundo". Aunque también admite que se ven diferencias importantes según la edad de la paciente: "Las mujeres mayores siempre buscan algo similar a su propio pelo. A las más jóvenes no les importa, igual andan peladas, vienen a dejar la peluca para lavar y se van con un pañuelo en la cabeza".
Patricia Gandaria, paciente de cáncer de mama y responsable del blog Mama Mía pensado para mujeres en esta situación, cuenta que suele haber diferentes posturas frente a la pérdida del pelo, pero siempre es un evento muy significativo. "Están quienes se cortan el pelo antes de empezar el tratamiento y se mandan a hacer la peluca con su propio cabello. Están quienes realmente se sienten muy disminuidas por la caída de su pelo. Y están las que prefiere raparse y no les importa. Pero aun a una mujer que tenga una buena forma de la cabeza, una linda cara, que sepa maquillarse, tenga mucha personalidad y no le afecte tanto esa parte, puede sucederle que tenga hijos chicos y no quiere llevar al nene al jardín y que los compañeritos le pregunten por qué tu mamá está pelada. A veces una lo hace por el entorno".
Ella misma, por ejemplo, optó por dejarse el pelo muy cortito incluso antes de saber si debía someterse a una quimioterapia o no. "Era un tema de tomar mis propias decisiones. Hay mujeres que se están bañando y de repente se quedan con un mechón en la mano; a mí eso no me iba a pasar", sostiene.
TIPOS Y PRECIOS. A través del blog Mama Mía (queridamamamia.blogspot.com), sus responsables conectan a mujeres que necesitan pelucas con pacientes que ya no las necesitan y las quieren prestar o regalar. Es que este accesorio puede resultar muy costoso, aunque hay de muy diferentes calidades y precios.
Mientas en el taller de Heber Vera sólo las confeccionan de cabello natural, en Mariano Pelucas, Elite Center y el Centro de Atención al Peluquero (CAP), las elaboran en todos sus estilos: pelo sintético, pelo natural procesado y cabello natural virgen. Las primeras tienen un costo de entre $ 1.500 y $ 6.000. "Depende de la marca. El sintético barato es como el pelo de las muñecas. El bueno, en cambio, te puede durar mucho", explica Adriana, de Elite Center. El cabello natural procesado, un escalón más arriba del sintético, puede costar entre $ 3.500 y $ 5.000, informa Gustavo, del CAP. En esos casos, el largo y la cantidad de pelo no varía demasiado el precio, como sí sucede con las pelucas de cabello natural virgen, que difícilmente bajen de $ 10.000 y, en Uruguay, pueden llegar hasta $ 35.000 (en el exterior, las hay mucho más caras).
El BPS cubre la totalidad del monto, cualquiera sea, luego de que se presenten tres cotizaciones distintas. Quedan por fuera los jubilados (a quienes el ente les realiza un préstamo), los no afiliados, "y las empleadas de algunos organismos gubernamentales, algo absurdo que hay que resolver", enfatiza Heber Vera.
Las enormes diferencias de precio se explican en la calidad. Las pelucas de pelo natural, bien cuidadas, pueden durar muchos años (ver recuadro), además de que pueden teñirse y soportan sin problemas planchita, rizadores o secador. Quienes sufren de alopecia, dado que su pérdida de cabello es permanente (y no temporal, como sucede con quienes reciben quimioterapia), suelen decantar por estas pelucas. "Hoy la moda es llevar algo muy natural, que no se note. En general la persona trae una foto para mostrarnos cómo tenía el pelo antes de perderlo y se elabora algo muy similar", sostiene el fundador de Mariano Pelucas. En los demás locales coinciden en que el método de la fotografía es muy utilizado, ya que muchas veces elaboran las pelucas por encargo, a pedido.
Heber Vera revela que la relación que se forja en la peluquería con estas clientas no perdura. "Es efímera: se atienden con nosotros mientras tienen pelucas. Después, se ve que no quieren volver al mismo lugar. Es como un episodio que quieren dejar atrás". Pero hay excepciones. Vera sigue en contacto con una chica que se presentó en su salón a los 13 años como paciente de cáncer y hoy está recibida de médica. Sonríe al nombrarla: "Es el amor de mi vida".
FANTASÍAS PARA HACER FICCIÓN
Los actores lo saben bien: el cabello suele ser fundamental en la composición de un personaje. Por eso, tanto el teatro como la industria audiovisual siguen siendo grandes clientes de los hacedores de pelucas. En Mariano Pelucas tienen desde peinados de época hasta fantasías como un accesorio con forma de barco (foto). En CAP elaboran de colores flúo para distintas obras.
CUBRIRSE POR LA RELIGIÓN
Aunque muy minoritario, la religión es otro motivo que se suma a la salud y la estética para el uso de pelucas hoy en día. Tal es el caso del judaísmo ortodoxo. De acuerdo a las leyes de esta fe, las mujeres deben cubrir su cabello una vez que se casan, como una señal de que ya no están disponibles para otros hombres. Algunas lo hacen con pañuelos, pero muchas recurren a las pelucas, y también están quienes alternan entre las dos opciones. Magalí, de 25 años, es una de ellas. Compró su peluca en Estados Unidos; de hecho, la mayoría de los ortodoxos adquieren sus pelucas en el exterior. "Es muy parecida a mi pelo de soltera", cuenta Magalí, quien asegura que, aunque al principio le incomodaba un poco, un par de meses más tarde logró acostumbrarse al cambio y pasa desapercibida en la facultad en la que estudia.
CÓMO HAY QUE MANTENERLAS
¿Cuánto dura una peluca? La respuesta varía. En el CAP aseguran que las sintéticas, como no soportan ningún tratamiento (tinta, planchita o secador), bien cuidadas pueden ser "eternas". Para Heber Vera, en cambio, se queman rápidamente con la transpiración. El coiffeur trabaja solo con cabello natural. Estas pelucas necesitan de un mantenimiento y, dado que no están adjuntas a un cuero cabelludo que segrega sebosidad, se lavan cada 20 o 30 días. Pueden durar varios años.