Regreso de los Mosqueteros

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LEONEL GARCÍA

Fallo de La Haya mediante, los ánimos en Gualeguaychú quedaron más que caldeados. Pero a nivel artístico, el puente binacional goza de excelente salud. Una prueba es que la exitosa obra teatral Baraka, protagonizada por Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale, todo un dream team actoral argentino, se presentará en el Teatro Solís el 6, 7 y 8 de mayo.

En diálogo con Domingo, Grandinetti calificó como una "sinrazón" el conflicto binacional por la instalación de la ex pastera Botnia, hoy UPM, cuyo tratamiento, dijo, fue "casi de folclore futbolístico". Como para dejar en claro que el río Uruguay une más de lo que separa, asegura -además de confesar su amor por este país- que ellos mismos insistieron para que sea en el Solís la escala uruguaya de la gira internacional de Baraka. "Queríamos estar ahí porque teníamos recuerdos divinos de la vez que hicimos Los Mosqueteros, con cuatro llenos completos, en la década del 90. Insistimos mucho porque sabemos que no era fácil conseguir fechas". Es la primera vez que pisarán el Solís desde su remodelación, en 2004.

La comedia dramática Baraka, éxito de crítica y público en su país, habla del reencuentro de cuatro amigos de la adolescencia que vuelven a encontrarse décadas después cuando mucha agua pasó bajo el puente (ver aparte). "Baraka" era su saludo/contraseña/grito de guerra y pertenencia en los felices tiempos pasados. Pero los vínculos ya no son los mismos, las actitudes de uno con el otro tampoco y las miserias saltan a la luz.

Como un inevitable link a la vida real, Arana, Grandinetti, Leyrado y Marrale (Martín, Pedro, Julián y Tomás, respectivamente en la ficción), son, además de colegas, amigos; y tienen un pasado en común. En los `90 formaron el grupo Errare Humanum Est, y protagonizaron las exitosas Los Mosqueteros del Rey y Los Lobos. El cuarteto funcionó como tal de 1991 a 1997, hasta que -más allá de algún encuentro ocasional entre dos o tres de ellos- Baraka los volvió a juntar en 2008, bajo la dirección de Javier Daulte, cuyo rol es muy elogiado por los protagonistas. Quedó probado que la química seguía funcionando. ¿Tan importante será la química?

"Sin duda", asegura Marrale a Domingo, por teléfono y sentado desde un café en el porteñísimo barrio de Belgrano. "Eso permite que sigamos funcionando de manera, digamos, `amorosa`, de mucho respeto y afinidad hacia los otros. Uno no emprende estos desafíos con un grupo de actores de tanta trayectoria si no tiene ganas de trabajar, divertirse y crear con ellos. Lo que lo hace más valorable es que somos actores, con niveles similares de desarrollo, en un oficio que siempre está adornado con un plus de egocentrismo", agrega. Por su parte, Grandinetti destaca el haber satisfecho las "expectativas que generaba el cuarteto por lo bien que nos fue en las ocasiones anteriores". Sin química entre ellos, añade, hubieran sido imposibles las largas horas de ensayo y los innumerables kilómetros recorridos. De hecho, tras haber sido aplaudidos en Buenos Aires y Mar del Plata, su agenda hoy los encuentra en una gira por Argentina y el extranjero, iniciada a fines de marzo en el Festival Internacional de Teatro de Bogotá, Colombia, que ahora los trae a Uruguay, y que en breve los llevará a España.

Límites. Baraka habla sobre la amistad, sus cambios y los límites en las relaciones. "En la obra se ve como hay bordes de la amistad que se quiebran. Cuando uno pone su esperanza en que el otro lo va a sostener mientras se tira, y ese otro abre los brazos, ahí te estrellás. Es ahí cuando el límite de protección y de cuidado, que es fundamental en una amistad, se rompe", asegura Marrale.

En un ambiente artístico tan farandulizado como el argentino, donde los límites entre lo público y privado parecen cada vez más difusos, los cuatro "Baraka" han hecho un culto del bajo perfil. Así como en 2001, ante el auge de los reality shows, los actores de ese país clamaban por "más ficción", hoy bien valdría una nueva proclama pidiendo "menos conventillo" o "menos escándalos". Sin embargo, ellos prefieren mantenerse por fuera de cualquier polémica. "Si vos te fijás, aquellos que acceden a los espacios mediáticos son siempre los mismos. No vas a ver a ningún actor o actriz que ame su vocación haciendo pavadas en la televisión o ventilando su vida privada. El conventillo tiene que ver más con la sociedad, con una nueva forma de hacer público lo privado. Hay algo de voyeurismo", asegura Marrale. Este cuarteto -cuyas carreras individuales rebosan de premios Martín Fierro, Kónex, ACE, Estrellas de Mar, Cóndor de Plata y demás distinciones nacionales e internacionales- bien puede prescindir de exposiciones exageradas de "colegas" de mucho menos kilaje en materia artística.

Ni Marrale ni Grandinetti, pese a haberse lucido en incontables series, son fanáticos de la "caja boba". Este último asegura que "para una de las cosas que sirve la tevé es para leer" y que "si bien Argentina siempre fue un lugar con una gran tradición teatral, el éxito y el incremento de los asistentes a las distintas obras tiene que ver con que la gente tiene las pelotas hinchadas con la televisión". A Grandinetti, que en sus inicios actorales le cupo el rótulo de galán - "así como me lo pusieron, me lo sacaron", resume- ya hace tiempo que lo han dejado de llamar de las revistas y programas de chimentos. "Saben que no los atiendo". A su vez, Marrale lo resume de una manera por demás simple: "Si uno se mediatiza, el responsable es uno".

Políticamente hablando, la sociedad argentina está hoy dividida en dos sectores ferozmente encontrados, entre seguidores y opositores al gobierno. El ambiente artístico y farandulero de ese país no es una isla y cada vez son más frecuentes las manifestaciones en tal sentido. Desde Susana Giménez pidiendo por la pena de muerte hasta Nacha Guevara como candidata "testimonial" del oficialismo. Marrale, sin embargo, no ve tal división entre sus colegas de profesión.

Para Grandinetti, en cambio, eso es algo inevitable que ocurra, pero prefiere ubicarse en un punto medio aunque con matices. "Yo no me considero ni oficialista ni opositor. No soy lo primero porque eso es alguien que está a favor del gobierno, con el que estoy a favor en algunas cosas y en otras no. Sí te puedo decir que escuchando a la oposición me siento cada vez más cerca del gobierno, ¡es que la oposición se ha vuelto tan `facha` que da asco! ¡Y la izquierda se ha ido tan a la izquierda que termina a la derecha, solo porque la Tierra es redonda!".

A URUGUAY. Si bien la amistad entre ellos no se corrompió como en Baraka, hay diferencias entre el cuarteto de Los Mosqueteros y la puesta en escena actual. "Aquello era más un estado de ánimo que se ponía de manifiesto arriba de un escenario que una obra; hicimos reír durante tres años. Baraka es una obra, con otra estructura con la que no solamente nos divertimos", dice Grandinetti.

Ambos afirman tener un enorme cariño por Uruguay y esperan con ansias los espectáculos en el Solís. Grandinetti -que protagonizó El lado oscuro del corazón (1992), rodada en parte en Montevideo y con una breve participación de Mario Benedetti- no actúa acá desde 2000 con El cartero y lo mismo le pasa a Marrale desde 2005 con Pequeños crímenes conyugales. Otro de sus compañeros, Hugo Arana, participó de la ficción local Hogar dulce hogar, emitida por Canal 10, y de la película El viaje hacia el mar. "Yo quiero mucho a ese país, ¡y no sabés la cantidad de uruguayos que vinieron a ver Baraka a Buenos Aires!", afirma Marrale. Grandinetti lo corrobora: "Llegaron tantos que les pedimos que pararan, ¡así nosotros podíamos viajar para allá!".

"Aquellos que van a espacios mediáticos son los mismos. No verás a reales actores por ahí".

En un año y medio, 170 mil espectadores

Pedro (Darío Grandinetti) es el disparador de la situación. Es un funcionario público del área de cultura, homosexual, que entra en crisis cuando se entera que debe devolver unas pinturas que estaban en su poder. A su llamado de auxilio acuden sus viejos amigos de la adolescencia, Julián (Juan Leyrado), Tomás (Jorge Marrale) y Martín (Hugo Arana).

Sin embargo, ya no son los mismos. Julián es un político de dudosa honradez y con un matrimonio a punto de colapsar. Tomás es un abogado en decadencia con tendencia a la autodestrucción. Martín es un director teatral obsesionado con el sexo y que no ha conocido el éxito en mucho tiempo. No es un cóctel ideal para apuntalar a un amigo en desgracia y el resquebrajamiento de las relaciones humanas, ambiciones y traiciones mediante, termina por convertirse en el centro de esta comedia dramática llamada Baraka, que es, irónicamente, un grito de camaradería.

"Los primeros en acceder a la pieza fuimos Juan (Leyrado) y yo. Me gustó en la primera lectura y decidí que quería ser Tomás, porque me iba a provocar el meterme en un personaje diferente a los que había trabajado antes. Lo que me gustó de él es que es quien divierte al resto pero tapando su drama, simulándolo", dice Marrale. Por su lado, Grandinetti destaca el rol de Javier Daulte como director. "Los cuatro confiamos mucho en él y él tenía ganas de trabajar con nosotros. En lo personal, confié como hace mucho no lo hacía en un director".

Baraka fue escrita en 2002 por la dramaturga holandesa María Goos, y ya conoce una adaptación al cine. En la versión de Daulte, al cuarteto actoral se le suma Paula Kohan.

Es un éxito de crítica y público. Estrenada en el Teatro Metropolitan de Buenos Aires en julio de 2008, en un año y medio en cartel atrajo a 170 mil espectadores. En la última temporada veraniega de Mar del Plata arrasó con los premios Estrella de Mar a mejor comedia dramática, mejor director y mejor actor (Marrale).

En Montevideo, Baraka se presentará en el Teatro Solís el 6, 7 y 8 de mayo a las 21.00 horas. Los precios de las entradas van desde $ 280 (tertulia alta fila 4 y cazuela en filas 2 y 3) hasta $ 900 (platea, palcos bajos y tertulia baja fila 1).

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