Recuerdos de tragedias y emergencias

| Con más de 1.800 asistencias y cerca de 800 vidas salvadas, la asociación de rescate cumple 50 años de acciones en costas y ríos uruguayos. Historias de salvamentos y de rescatistas que, incluso, fueron náufragos.

C.N.

Hay uruguayos que salen al mar cuando la emergencia le complica la vida a navegantes en aguas costeras o fluviales del país. Lo hacen voluntariamente y por puro "amor al arte". Desde hace 50 años, muchos de los socios de la Asociación Honoraria de Salvamentos Marítimos y Fluviales (ADES), han sido los encargados de realizar 1.800 rescates y salvar casi 800 vidas.

"Salimos de nuestras actividades particulares o de la cama, porque lamentablemente ADES suele actuar en las peores condiciones, en los peores días y de noche", explicó uno de los rescatistas, Javier Santomé. Su acercamiento a la asociación se produjo por un razón de mucho peso: es hijo de un náufrago. En 1975, cuando tenía cinco años, su padre —que era dueño de un pequeño barco a vela— realizó una travesía a Buenos Aires junto con su tío. Una tormenta los dejó en el medio del río y, sin radios ni sistemas modernos de comunicación, "comenzaron a esperar la muerte", recordó Santomé. Luego de 13 horas en el agua —cuando en general los náufragos no resisten más de cuatro—, un barco de cabotaje se encontró con dos personas en el río y los salvó. El niño de esos años vio como su madre lloraba frente al ventanal de su casa, observando la tormenta que fue famosa por aquellos años. Y la tensión le quedó grabada.

Luego del accidente, Santomé apenas vio el agua durante un buen tiempo. "Todo lo que flotaba se vendió", se ríe ahora. Pero pronto volvió a la pasión abandonada de su padre: a los 14 años comenzó a navegar y apenas cumplidos los 18 se sumó a ADES. Su padre terminó aceptando su decisión, aunque durante las tormentas los nervios volvían a arreciar. Sobre todo cuando Santomé pasó de rescatista a, casi por arte de herencia, náufrago. Esa es otra historia pero también tiene que ver con la asociación que integra, ya que terminó en el agua en una madrugada de enero de 1993, cuando la lancha que tripulaba se dio vuelta en medio de una operación de rescate de dos navegantes atrapados en una grúa. "Y nos tuvimos que volver en ómnibus", bromea ahora Santomé con sus compañeros.

TRAGEDIAS. ADES nació luego de dos grandes tragedias que conmovieron a los uruguayos, una marítima y la otra fluvial, recuerda hoy, 50 años después, Otto Vicente, el único socio fundador que sobrevive. En agosto de 1954 se produjo el naufragio del pesquero Isla de Flores, que luego de encallar en el banco Inglés y enfrentar varios inconvenientes —incluyendo el clima y el famoso Pampero— terminó perdiendo a 10 de sus tripulantes, más tres efectivos de la Armada Nacional que se habían acercado a ayudar. (ver recuadro)

Varios jóvenes enamorados del mar y experientes en la navegación deportiva, reunidos en torno a los hermanos Henry y Cleofe, conocidos como los "mellizos" Cotelo, también quedaron conmocionados por ésta y otra noticia que involucró aún más pérdidas de vidas. En julio de 1955, un ómnibus de Onda fue arrastrado por las aguas desbordadas del río Santa Lucía, luego de haber quedado atrapado en un puente a la altura de San Ramón. El vehículo terminó cayendo al agua y como consecuencia murieron 26 pasajeros. A la emergencia ni siquiera pudo llegar algún rescate, porque la Armada directamente no contaba con elementos adecuados para transitar ríos y arroyos.

Cuatro días después de la "tragedia de San Ramón", como la calificó la prensa de la época, se formó ADES. Tal como recuerda ahora Vicente, "éramos un grupo de amigos que se reunían para hacer campamentos y salir a pescar", muchos de ellos socios del Yacht Club Uruguayo. Acuciados por las tragedias, comenzaron a averiguar los detalles de funcionamiento de un organismo inglés, la Royal National Lifeboat Institution (RNLI), con más de 170 años de historia. La idea parecía sencilla y sin embargo no era demasiado fácil de implementar: rescates realizados por voluntarios honorarios. "El que sale a arriesgar su vida en pro de un semejante no puede recibir dinero por eso", dice Vicente resumiendo la filosofía original de la institución.

Muy pronto fue tiempo de buscar un barco adecuado para realizar las tareas de rescate que pretendían realizar y el lugar indicado parecía ser Inglaterra. En 1957, ADES terminó comprando a la RNLI —aunque por la simbólica suma de 1.000 libras— una lancha.

TIEMPOS PRESENTES. El sistema que hasta el día de hoy es el que guía el accionar de ADES —el mismo que se practica desde mucho antes en países como Inglaterra, Suecia, Noruega, Holanda y España— se basa en grupos de rescatistas que trabajan coordinadamente con la Armada. Tal como apunta Vicente, "en el mar todo apoyo es poco", por lo cual en el momento en que ADES o la Armada reciben una llamada de auxilio, la transmiten para organizar el rescate.

Con los años, la tecnología ayudó a superar muchas de las situaciones de emergencia que tiempo antes había determinado incluso la muerte de muchos tripulantes. Los propios voluntarios de ADES no contaron durante bastante tiempo con radio que les permitiera comunicarse. La situación cambió radicalmente con el avance del GPS (Global Positioning System) que le permite al navegante saber exactamente dónde está. Hasta entonces se navegaba "por estima", tomando como referentes a ciertas boyas, puertos o parámetros en la costa. Otros desarrollos como el celular o los avances en metereología a la que ahora se accede desde Internet también evitan muchas complicaciones. La contracara de estos beneficios es que cada vez hay más barcos navegando y por lo tanto, las chances de problemas también aumentan.

Con el tiempo las bases de ADES se multiplicaron; a la original ubicada hasta ahora en el puerto del Buceo, se sumaron una en Colonia, Punta del Este, Carmelo y Juan Lacaze. Todas responden a lo que se convirtió en una necesidad, debido al alto tránsito de barcos deportivos que vienen y van de Buenos Aires a Uruguay.

Con los apurones y corridas de los tiempos modernos, la dedicación de socios y rescatistas no siempre se puede mantener en el nivel de otras épocas. Sin embargo, los más jóvenes combinan sus tareas de rescate con las de mantenimiento de los barcos de las que se encargan los más veteranos. Entre todos, confían, los cinco barcos y cuatro botes rápidos seguirán saliendo al mar a ayudar a quien lo necesite.

EL FIN DEL ISLA DE FLORES

Una de las principales tragedias marítimas de las que se tiene en cuenta en el Uruguay moderno es la que ocurrió el 6 de agosto de 1954, cuando el pesquero Isla de Flores encalló en el banco Inglés. Tal como relata Juan Antonio Varese en el libro ADES, medio siglo de salvamentos en aguas uruguayas, el viejo pesquero llevaba siete tripulantes a bordo. Cuando se comunicó el encallamiento, la Inspección de marina ordenó la salida del destructor ROU Uruguay, que a su vez bajó cerca del lugar una lancha de rescate con nueve hombres. Al llegar cerca del barco, cuando maniobraba para realizar el transbordo, se destrozó contra el casco. Como consecuencia los marinos quedaron aprisionadas a bordo del barco, ahora con 16 personas sobre él.

El día después, con vientos de más de 120 kilómetros por hora, partieron del puerto de Montevideo el destructor Artigas y el remolcador Powerful de la Administración Nacional de Puertos, en ese momento responsable principal de la salvaguarda de vidas en el mar. Para entonces, los uruguayos estaban pegados a la radio esperando noticias del suceso.

Al mismo tiempo, dos aviones de la Fuerza Aérea arrojaron tres balsas inflables cerca del barco, pero fueron arrastradas inmediatamente por las olas. Una de las fotografías tomadas desde uno de esos aviones luego se hizo famosa en la portada de la revista Life.

Mientras que el barco se hundía, los marinos se trepaban a los mástiles para intentar mantenerse fuera del agua. Poco a poco fueron cayendo al mar. Al amanecer sólo sobrevivía el maquinista, un marinero y un marino de la Armada. Al final, el Artigas logró aproximarse con una lancha que llevaba a rastras y, luego de dos intentos fracasados, rescató a los tres sobrevivientes. Otras 13 personas murieron.

UN LIBRO PARA CELEBRAR

El libro ADES Medio siglo de salvamentos en aguas uruguayas, escrito por Juan Antonio Varese, acaba de ser lanzado y además de celebrar los 50 años de la organización pretende reunir fondos que le permitan seguir operando y expandiéndose. El autor, que ha escrito varios libros sobre naufragios en costas uruguayos, comenzó el proyecto investigando sobre la historia del salvamento en estos lares. Así descubrió que ya en la época de la Colonia, en 1793, había lanchas dedicadas a rescatar náufragos en el Río de la Plata. Un año después, en Buenos Aires se fundó el consulado de Comercio y entre sus cláusulas se dispuso destinar al puerto de Montevideo tres o cuatro embarcaciones justamente para rescatar náufragos.

En el libro, además de historias y anécdotas relacionados a ADES y sus integrantes, Varese también analiza el momento en que el salvataje se convirtió con firmeza en una operación internacional, luego del naufragio del Titanic, que conmovió al mundo.

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