El diseñador resalta la estructura simple del aeropuerto, destaca que Vázquez y Batlle lo hayan inaugurado juntos, y recela de la "nueva arquitectura pretenciosa".
LEONEL GARCÍA
Tiempo no es algo que le sobre al arquitecto Rafael Viñoly. El contacto telefónico con él en su estudio en Nueva York será a "tal" hora y "tal" día. Por el contrario, trabajo no es algo que le falte. La complicada combinación entre ambas variables, tiempo y trabajo, la ausencia de uno y la abundancia del otro, le impidió a este uruguayo de 65 años estar en el país el pasado 5 de octubre, cuando se inauguró la nueva terminal del Aeropuerto Nacional de Carrasco que él mismo diseñó.
"Estoy increíblemente apenado por no haber ido", afirma desde los headquarters del Rafael Viñoly Architects PC. "Lo había planificado desde hacía mucho tiempo pero tuve un problema inesperado que sucedió casi al momento de subirme al avión. No estaba en Nueva York sino en Londres por otro proyecto profesional. Había gente que sólo podía verme en esa fecha y no pude zafar". El emprendimiento del que habla es la regeneración urbana en la zona de la Battersea Power Station. Para los londinenses, la vieja planta de energía que alimentó durante décadas a la capital británica; para los amantes del rock, la enorme construcción que fue portada del disco Animals, de Pink Floyd. Viñoly piensa venir antes de fin de año a Uruguay a conocer la terminal aérea.
Aún cuando es intérprete de piano, la metáfora de arquitectura como "música congelada" no termina de convencerlo. De todas formas, destaca que diseñó el aeropuerto escapando de la "cacofonía" y buscando una armonía entre la construcción, las "bellezas naturales" y la "estabilidad" que ofrece, o debería ofrecer, el país como elementos competitivos.
Habitante de la diáspora durante casi toda su vida -se fue a Argentina, a los cinco años, donde se recibió, y se instaló definitivamente en Estados Unidos en 1978-, desde su perspectiva hay varios aspectos que hacen muy atractivo al Uruguay como lugar para invertir o vivir. En sintonía con esa idea, sostiene que el nuevo Carrasco y todo lo que lo rodeó, corte de cinta conjunto entre el actual presidente y el anterior, Tabaré Vázquez y Jorge Batlle, es uno de los ejemplos de lo que hay que hacer para reforzar ese concepto.
Portal. El techo curvo de 400 metros de longitud es lo que más le gusta al padre de la criatura. Considera fundamental -"si no se hace, sería un desastre"- que se concrete la parquización alrededor. "La idea del arco es muy fuerte desde el principio. Yo siempre pensé a Carrasco como un gran portal, con proporciones geográficas muy fuertes, que se integren al entorno. Cuando usted lo ve desde el aire no parece un aeropuerto, sino un gran objeto natural, como una enorme concha marina u otro de esos elementos geométricos que ofrece la naturaleza". Más allá de la cuestión visual, el arquitecto deja claro que pretende que ese portal funcione más como entrada -de turistas, de inversores, de inmigrantes calificados- que como salida. Al menos, ese es su deseo.
-¿Qué pretendió expresar con el diseño?
-Algo característico que tiene este edificio es que su lectura resulta completamente clara. No es una estructura complicada, con grandes ejercicios de diseño, donde todo parece importante. Es algo mucho más calmo, una sola forma que se ve de todos lados: de arriba, de abajo, de cerca, de lejos. No es una cacofonía general como se ve en otros aeropuertos. Al mismo tiempo, es una forma muy potente. A mi manera de ver esto está muy conectado a la extraordinaria oportunidad que tiene Uruguay de mostrar su valor y su diferente realidad política respecto a sus vecinos en la región.
-¿A qué se refiere?
-Yo siempre digo que Uruguay ha sabido mantener como características una especie de dignidad, civilidad, nivel educativo y el sentido de comunidad que, creo, es fundamental para la construcción de un país.
-¿Y usted cree que el nuevo aeropuerto refleja eso, las cualidades naturales y sociales del país?
-Sí, claro. Es difícil encontrar un lugar que tenga tal nivel de estabilidad y tal nivel de bellezas naturales, condiciones fundamentales para cumplir un rol potente frente a la competencia y atractivo para recibir inversiones e inmigración calificada.
-Uruguay hace décadas es un país de emigrantes. El aeropuerto ha sido más puerta de salida que de entrada.
-Es posible revertir esa situación. Si usted piensa en Singapur, en el sudeste asiático, que es un lugar con un 90% de humedad, hoy se ha convertido en un magneto, en un polo de atracción internacional. Se desarrollaron las ciencias, las políticas de Estado, se construyó una universidad estupenda; más allá de sus bellezas naturales se transformó artificialmente. Y ese es el camino, sobre todo ahora que el flujo de información es inmediato a nivel mundial. Uruguay tiene las condiciones; es algo difícil de ver desde adentro pero resulta obvio para alguien de afuera. Siempre se recuerda haber estado en un país con estas características. Es para estar orgullosos con las políticas de inversiones, y el aeropuerto contribuye a dar esa imagen. Es una posibilidad absolutamente histórica. Si los gobiernos entienden este fenómeno, se tendrá una buena ubicación para la competencia internacional.
La gente justa. Varias obras de Julio Vilamajó, ya sean sus casas en Punta Carretas o Pocitos, o la Facultad de Ingeniería, están entre sus construcciones uruguayas favoritas. "Montevideo tiene una cosa única, donde la arquitectura modernista de los años 20 y 30 se convirtieron en ciudad". ¿Las que menos le gustan? "Miles... me parece negativa esta arquitectura reciente, pretenciosa, esos edificios nuevos que pretenden ser modernos pero a los cinco minutos uno se da cuenta que son derivados, copias... No voy a nombrar a ninguno, pero son bastante fáciles de ubicar".
El lujoso complejo Acqua, en Punta del Este, es su primer proyecto en Uruguay y lo culminó este año. Lo mismo pasa con el nuevo Carrasco, que se prevé estará operativo el 15 de noviembre. Estaría "encantado" con tener otro emprendimiento en el país. "Pero vio como son estas cosas, tiene que aparecer la gente justa".
Indudablemente en este campo incluye a Eduardo Eurnekián, empresario argentino que en 2003 ganó la licitación para la construcción del nuevo aeropuerto. Eran años del gobierno de Jorge Batlle. Hacía solo un año que el país había vivido el peor momento de la crisis e importantes dirigentes de la entonces oposición fustigaban al proyecto. Viñoly destaca hoy la "visión" de Eurnekián -quien lo contactó para diseñarlo- "para mantener el proyecto". Y también tiene palabras elogiosas para la coyuntura política nacional, la de ayer y la actual. Ese es, a su criterio, otro de los factores que posicionan a Uruguay en la competencia internacional, un tema que resalta permanentemente en la charla.
-¿Qué le pareció la inauguración conjunta del nuevo aeropuerto entre Vázquez y Batlle?
-Que eso es justamente la diferencia entre Uruguay y la mayoría de los países de América Latina. Ese tipo de gestos son más habituales en el Senado de Estados Unidos, por ejemplo. Es otra de las cosas intrínsecas del país. Hay un nivel de civilidad y de ética que no se ve en otras partes.
-¿Más allá de la polémica y las voces discordantes de años atrás?
-Las polémicas existen siempre. No es sólo el aeropuerto, pasó lo mismo con la instalación de la papelera (Botnia) en Río Negro. Eso también demuestra una ética y un respeto por la legalidad que es único en esas latitudes. Eso no desacredita al Frente Amplio cuando se opuso; todo lo contrario, la oposición es siempre un factor positivo. Luego, reconocen que el proyecto estaba bien y también reconocen a quienes lo apoyaron de entrada.
-Dentro de todas sus obras, ¿qué lugar ocupa el nuevo Aeropuerto de Carrasco?
-Es muy especial por ser el primer aeropuerto que hacemos, y además está en Uruguay. Es muy auténtico como solución. No es que sea difícil colocarlo dentro de un ranking personal, pasa que en este oficio uno siempre está pensando en lo que viene después.
Piano, porque no sólo de maquetas se vive
Rafael Viñoly es conocido mundialmente como arquitecto, pero también estudió piano desde la infancia y durante su juventud en Argentina "con una profesora italiana que venía del Conservatorio de Florencia". Mucho tuvo que ver en esa formación su padre, Román Viñoly, quien fuera director artístico del Sodre, cineasta y también trabajara en el Teatro Colón de Buenos Aires. De hecho, el diseñador de la nueva terminal aérea de Carrasco llegó a pensar en vivir de la música.
"En mi casa siempre hubo mucha afinidad por la música y, como consecuencia, yo empecé a tocar el piano a los cinco años. Más allá del placer, siempre pensé que podía ser una profesión a desarrollar. Pero eso fue hasta que me di cuenta, a los 18 o 19 años, ¡de que había varios que tocaban mucho mejor que yo! Por supuesto que sigo tocando, es parte importante de mi vida, de mi educación. Sigue siendo mucho más que un entretenimiento para mí".
Cuando sus viajes, proyectos y diseños se lo permiten, sus favoritos son los clásicos. Más allá de reconocer a la música como parte importante de su vida, no mezcla ambos mundos.
"La idea tan recurrente de que la arquitectura es `música congelada` siempre me pareció solo una figura poética. Si bien como todo en la vida, tal vez pueda existir alguna conexión, yo pienso que no tienen nada que ver. No creo que se pueda transcribir algo de un mundo tan abstracto como es el musical al tema arquitectónico".
En una entrevista publicada en la revista española online de arquitectura Bufete Técnico (www.bufetetecnico.es), se indica que hay tres cosas que Viñoly tiene en Nueva York, Los Angeles y Londres. Una es una oficina, una sede de su firma; otra es una casa, ya que el profesional "odia quedarse en hoteles"; y la otra es un piano.
Luego de doce a catorce horas de trabajo diario, dice en esa nota, el piano es lo único que logra relajarlo. Sumergirse en ese mundo abstracto, tan incompatible según su opinión con la arquitectura, es lo que le permite una desconexión total entre una regeneración urbana en Londres, diseñar un proyecto hotelero en el Golfo Pérsico o un nuevo aeropuerto en Uruguay.
De montevideo al mundo
Rafael Viñoly nació en Montevideo el 1° de junio de 1944.
A los cinco años de edad se fue a vivir con su familia a Buenos Aires. "Mi padre se fue a dirigir óperas al Colón", dice.
En 1964, fue uno de los fundadores del Estudio de Arquitectura en Buenos Aires. Este se transformaría en uno de los más importantes de América del Sur.
En la capital argentina, en la Universidad de Buenos Aires, recibió su título de arquitecto primero, y una maestría después, en 1968 y 1969. También ejerció la docencia, tanto en ese país como en EE.UU.
Viñoly llega a Estados Unidos en 1978. Se radica definitivamente en Nueva York en 1979. El estudio Rafael Viñoly Architects PC es fundado en 1983.
Ya había realizado varios proyectos en Argentina, Estados Unidos e incluso el continente asiático cuando emprende su primer major en Nueva York: la sede del John Jay College of Criminal Justice (1988). Otra de sus obras más elogiadas en esa ciudad es el Jazz at Lincoln Center (2004).
Pese a haber creado o diseñado tribunales, residencias privadas, hoteles, instalaciones deportivas, y complejos artísticos en los cinco continentes, uno de sus proyectos más conocidos fue un inmenso complejo cultural y educativo que no pudo llevar a cabo. Con él, Viñoly fue finalista del concurso convocado para reconstruir el Ground Zero, donde estaban las Torres Gemelas destruidas por el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.
A nivel mundial, uno de sus trabajos más reconocidos fue el Foro Internacional de Tokio, hoy el mayor y más importante centro cultural de Japón. Su construcción se llevó a cabo de 1989 a 1996.
Actualmente está trabajando en proyectos en Gran Bretaña, Estados Unidos, Qatar, Dubai y Bahrein.
Las cifras
21 Los días que faltan para la puesta en funcionamiento prevista para el nuevo Aeropuerto de Carrasco: el 15 de noviembre.
130 Integrantes del staff de trabajadores de Rafael Viñoly Architects PC, según la página web de la firma (www.rvapc.com).
165 Millones de dólares de inversión para la flamante terminal aérea. La construcción, incluyendo alrededores, demandó tres años.
3.200 Metros de longitud tiene la pista principal del aeropuerto. La playa de estacionamiento cuenta con espacio para 1.200 vehículos.
45.000 Superficie total en metros cuadrados de la nueva terminal. Se estima que la podrán utilizar hasta 4,5 millones de pasajeros al año.