Qué ver en Filadelfia, la ciudad que fundó una nación

En 2026, con los festejos por los 250 años de la independencia, Filadelfia suma nuevos espacios de arte, barrios que cambiaron de rostro y una escena gastronómica cada vez más diversa.

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Ciudad de Filadelfia

Hay ciudades que parecen haber sido construidas alrededor de una sola historia. Filadelfia podría ser una de ellas: aquí se reunieron los representantes de las colonias que terminarían declarando la independencia de Estados Unidos, aquí se debatió la Constitución y aquí Benjamin Franklin imprimió, experimentó, discutió y conspiró para convertir a la ciudad en uno de los centros intelectuales de la nueva nación.

Pero quedarse únicamente con esa postal sería perderse buena parte de la Filadelfia actual.

En 2026, mientras la ciudad celebra el 250° aniversario de la independencia estadounidense, la visita puede comenzar por los lugares que aparecen en todos los manuales de historia y continuar hacia museos, mercados, barrios y restaurantes que cuentan otra versión de la ciudad. Una reciente selección del New York Times puso justamente el foco en esa combinación: las novedades culturales, la cocina y los barrios que permiten descubrir una Filadelfia que cambia sin borrar su pasado.

Donde nació una nación.

El punto de partida inevitable es Independence National Historical Park. En unas pocas manzanas se concentran algunos de los lugares fundamentales de la historia estadounidense. La estrella es Independence Hall, el edificio de ladrillo donde en 1776 se debatió y aprobó la Declaración de Independencia y donde, 11 años más tarde, los delegados elaboraron la Constitución. La entrada es gratuita, aunque para recorrer el interior se recomienda reservar con anticipación.

A pocos pasos está la Liberty Bell, la campana que se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del país. El acceso es gratuito y no hace falta convertir la visita en una ceremonia solemne: parte de la gracia de recorrer esta zona consiste en caminar sin demasiada planificación.

Pero 2026 trae además una novedad importante. El First Bank of the United States, cerrado al público durante medio siglo, reabrió sus puertas el 1° de julio después de una restauración de US$ 43 millones. El banco fue impulsado por Alexander Hamilton en los primeros años de la república y representa otra etapa de la historia estadounidense: después de ganar la independencia había que inventar cómo administrar y financiar el nuevo país.

También vale la pena entrar al Museum of the American Revolution, que reúne objetos y relatos sobre la guerra revolucionaria, incluida la tienda de campaña utilizada por George Washington. Para quienes quieran entender la historia más allá de los nombres y las fechas, es uno de los museos más interesantes de la ciudad.

Y hay una corrección necesaria a la historia tradicional: mucho antes de que existieran Washington, Jefferson o Franklin, la región estaba habitada por pueblos indígenas. Esa historia tiene ahora un lugar destacado en el Penn Museum, que en noviembre de 2025 inauguró la Native North America Gallery. La exposición reúne más de 250 objetos y obras de arte contemporáneo y fue desarrollada con curadores indígenas. Presenta las historias de pueblos de distintas regiones de Estados Unidos y pone el acento en su continuidad, creatividad y autonomía, no solamente en su pasado.

SABORES DE LA CIUDAD

Si hay una manera rápida de entender la mezcla cultural de Filadelfia, es entrar al Reading Terminal Market. El mercado funciona desde 1893 y reúne más de 80 comerciantes. Hay productos y platos de tradiciones muy distintas: cocina Pennsylvania Dutch, comida judía, asiática, estadounidense, dulces, panes, carnes y quesos. Aquí aparece también uno de los grandes rituales gastronómicos locales: el cheesesteak, el sándwich de carne vacuna cortada muy fina, queso y cebolla servido en un pan largo. Hay dos instituciones particularmente famosas fuera del centro, Pat’s y Geno’s, pero más importante que elegir un ganador es entender que el cheesesteak forma parte de una cultura gastronómica mucho más amplia.

Otra especialidad que merece atención es el roast pork sandwich, menos famoso internacionalmente pero profundamente filadelfiano: cerdo asado, provolone y brócoli dentro de un pan. En Reading Terminal Market, DiNic’s es uno de los nombres clásicos.

La inmigración italiana dejó además una tradición de panaderías que todavía sobrevive. Isgro Pastries, fundada en 1904, y Termini Brothers, abierta en 1921, siguen elaborando dulces como cannoli y sfogliatelle.

Ciudad para caminar.

Filadelfia se disfruta especialmente a pie. Old City, con sus calles empedradas y sus construcciones históricas, permite pasar de la historia monumental a lugares mucho más pequeños, como Elfreth’s Alley, una angosta calle residencial considerada una de las más antiguas del país.

Desde allí, el paisaje cambia varias veces. El eje de Benjamin Franklin Parkway conecta algunos de los grandes espacios culturales de la ciudad. Allí están el Philadelphia Museum of Art, el Rodin Museum y la Barnes Foundation, cuya colección tiene una disposición muy particular: las obras están agrupadas en conjuntos visuales y no acompañadas por las tradicionales etiquetas explicativas.

Para otra perspectiva de la ciudad, conviene subir a la torre del City Hall. El enorme edificio de estilo Segundo Imperio está coronado por una estatua de William Penn. Desde el mirador se obtiene una vista panorámica del centro, el río Delaware y Fairmount Park. Durante buena parte del siglo XX, una suerte de acuerdo informal impedía que los edificios superaran en altura el sombrero de Penn; hoy esa regla es historia, pero la silueta del fundador sigue funcionando como referencia visual de la ciudad.

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Ciudad de Filadelfia

De barrio en barrio.

Una de las mejores maneras de entender la Filadelfia contemporánea es salir del centro. Rittenhouse Square, alrededor de uno de los parques más elegantes de la ciudad, concentra cafés, bares y restaurantes. Más al norte, Fishtown y East Kensington se transformaron en polos gastronómicos y creativos, con antiguos espacios industriales convertidos en restaurantes, bares, galerías y pequeños comercios. En South Philadelphia, la transformación es todavía más evidente. El área conserva su fuerte herencia italiana. Queen Village, uno de los barrios residenciales más antiguos, ofrece otra escala: pequeñas tiendas, espacios verdes, murales y casas bajas. Allí también se encuentra una parte de la escena de arte urbano que convirtió a Filadelfia en una de las ciudades estadounidenses más asociadas al muralismo.

OPCIONES AL AIRE LIBRE

Filadelfia también puede ser una ciudad para bajar el ritmo. Fairmount Park, uno de los grandes espacios verdes urbanos de Estados Unidos, ofrece senderos, bosques y vistas del río Schuylkill. En verano, los parques y las riberas adquieren otra vida, y es posible combinar caminatas con actividades al aire libre. Para una experiencia distinta, FDR Park, en South Philadelphia, alberga durante buena parte del año un mercado del sudeste asiático donde se encuentran platos de distintas cocinas de la región. Es una buena muestra de algo que se repite en toda la ciudad: las comunidades inmigrantes no aparecen solamente en los museos o en los libros de historia, sino también en la comida, los comercios y los espacios públicos.

En 2026 hay, además, una razón especial para mirar hacia el río. El Benjamin Franklin Bridge, que conecta Filadelfia con Camden, cumple 100 años. La celebración forma parte del calendario del aniversario nacional y recuerda que la ciudad no es solamente el lugar donde se fundó una nación, sino también una metrópolis atravesada por dos ríos y conectada con su entorno. Filadelfia no necesita competir con Nueva York o Washington para justificar una visita.

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