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Punta del Este: cien años por Gorlero

la obra del primer intendente de Maldonado llevó a que su apellido se hiciera calle y hasta verbo.

Una vista aérea de la playa Brava (Foto: Ricardo Figueredo)
Una vista aérea de la playa Brava (Foto: Ricardo Figueredo)
Hilda, María de la Paz y Marcelino Gorlero con un cuadro de sus abuelos Juan Bautista e Isabel (Foto: Fernando Ponzetto
Hilda, María de la Paz y Marcelino Gorlero con un cuadro de sus abuelos Juan Bautista e Isabel (Foto: Fernando Ponzetto
Juan Bautista Gorlero, primer intendente de Maldonado.
Juan Bautista Gorlero, primer intendente de Maldonado.
La avenida Gorlero en la actualidad (Foto: Ricardo Figueredo)
La avenida Gorlero en la actualidad (Foto: Ricardo Figueredo)
La playa Brava a comienzos del siglo XX (Foto: Archivo El País)
La playa Brava a comienzos del siglo XX (Foto: Archivo El País)
Las olas son las mismas, pero el entorno ha cambiado mucho (Foto: Ricardo Figueredo)
Las olas son las mismas, pero el entorno ha cambiado mucho (Foto: Ricardo Figueredo)

Son los mismos ojos, el mismo corte de cara, los mismos bigotes, pero entre Juan Bautista Gorlero y su nieto Marcelino pasaron más de cien años. Hoy, Marcelino (95) y sus hermanas, Hilda (100) y María de la Paz (97), toman el retrato del abuelo para la foto y se reconocen testigos de buena parte de la historia de una ciudad marcada por su apellido.

"¿Ustedes son algo de Gorlero, el de la calle de Punta del Este?", fue una de las preguntas que más escucharon en su vida. "Claro, si somos dueños de media Punta del Este", respondieron muchas veces en broma. En realidad, Juan Bautista no les dejó fortuna, sino el nombre, el ejemplo y el amor por aquellas tierras.

En 2015 se cumplió un siglo de la muerte del pionero Gorlero, primer intendente de Maldonado y responsable de obras que explican el crecimiento de Punta del Este. Y también justifican por qué la calle principal de ese pueblo no se llama Artigas o 18 de Julio como en tantos otros sitios. Su influencia va todavía más lejos y se verá otra vez este verano, cuando muchos visitantes volverán a gorlerear a la vuelta de la playa: el apellido ya se ha vuelto verbo popular.

Hubo un comienzo para todo. Y para Punta del Este el principio fue la soledad. Por los interminables arenales de la costa, lobos marinos y ballenas eran los únicos visitantes y el viento entonaba una sola música nocturna. Ese panorama encontró la expedición de Sebastián Gaboto en 1527. Mandaron a un marinero, Francisco Maldonado, para que explorara los alrededores. Nunca regresó, aunque visitantes posteriores aseguraron haberlo visto con vida. La zona comenzó a ser llamada "la tierra de Maldonado". En 1755, el gobernador de Montevideo José Joaquín de Viana hizo fundar el pueblo de San Fernando de Maldonado con el objetivo de frenar el avance portugués. Pero el entorno siguió siendo el mismo. Charles Darwin se asomó a la barandilla de su barco, el Beagle, fondeado en la bahía de Maldonado durante el invierno de 1833, y anotó en su diario: "¡Ni un árbol que le imprima una nota de animación, a pesar del paisaje pintoresco!". En la Punta del Este estaba todo por hacerse. Y un grupo de pioneros lo hizo.

Frente a Punta del Este chocan el océano Atlántico y el Río de la Plata. Y bajo las olas se esconden rocas y bancos de arena que acechan a los barcos. Allí, hacia 1829, terminó el viaje del navegante genovés Domenico Gorlero. Con su buque encallado, el náufrago se enamoró del lugar y se quedó para siempre. Viudo en su tierra, conoció a Manuela Núñez y se casó en 1841. Ella aportó la prosapia de su familia, vinculada a los patriotas en las luchas por la independencia. Tuvieron cinco hijos. Uno de ellos, Juan Bautista Florentino, nació el 24 de marzo de 1849.

Maldonado era un pago demasiado chico en las últimas décadas del siglo XIX, por lo cual Juan Bautista se fue a trabajar a Buenos Aires. Regresó al tiempo, con una mirada más amplia para planificar el futuro. También con lo que hoy llamaríamos contactos comerciales. Junto a otros socios fundó la Sociedad Bola de Nieve en Argentina y la trajo a Punta del Este. Se dedicó a vender terrenos. También creó una sociedad naviera, Salvatajes y Navegación del Este, para transporte de cargas y personas. Trajo a los primeros argentinos que conocieron el lugar y colaboró en la construcción del Hotel Biarritz, el primer gran establecimiento de la península.

Es difícil determinar quién bautizó Punta del Este a la estrecha península que cierra la bahía de Maldonado por el oriente, aunque no ejerció demasiado la imaginación. A comienzos del siglo XIX existía allí un rancherío de pescadores, que el naciente Estado uruguayo denominó Pueblo Ituzaingó en recuerdo del triunfo de los patriotas ante las fuerzas imperiales en 1827. Durante la Guerra Grande, las necesidades económicas del Gobierno de la Defensa montevideano llevaron a vender todo el paraje a los industriales Lafone, que querían aprovechar la carne de ballena y lobo marino. Recién al llegar el 900 y bajo dos nuevas concepciones, el turismo y el esparcimiento de playa, la península comenzó a atraer visitantes. En 1907 y por ley, se creó el pueblo de Punta del Este.

Cuando el Banco República abrió su sucursal en Maldonado, el 19 de octubre de 1897, Juan Bautista recibió al público como primer gerente. Un día le avisaron que venían los revolucionarios de 1904 en procura de armas y dinero; entonces tomó el tesoro del banco y junto a un empleado de confianza lo llevaron hasta la isla Gorriti para preservarlo. Entre la actividad pública y su empresa privada, Gorlero se involucró cada vez más en los asuntos de Maldonado. Sin participar activamente de las cuestiones político-partidarias, fue elegido presidente de la Junta Económico Administrativa. Una de sus medidas fue crear la Comisión Auxiliar de Punta del Este, el 10 de abril de 1908, bajo la presidencia de Antonio Mrak. El 18 de diciembre de 1908 se aprobó la ley que creaba las intendencias municipales, iniciativa del entonces presidente Claudio Williman. El 29 de enero siguiente, el mandatario, otro enamorado de la costa este del país, designó a Gorlero como primer intendente de Maldonado. Por esos días, además, Williman estuvo en Maldonado y continuó a Punta del Este: fue la primera visita de un presidente.

La existencia de una cañada bautizó a aquel paraje como La Aguada. En 1900, sin embargo, un periodista local lo rebautizó Las Delicias, porque se había convertido en el balneario preferido de los fernandinos, pese a que debían transitar unos ocho kilómetros sobre un sendero de arena. En 1895, finalmente, ese camino fue empedrado. Luego se lo llamó Avenida Porvenir (ahora es la avenida España). Mientras tanto, sobre la costa se construyó un muelle de hierro y un gran edificio, el molino de Cavallo. Con los años pasaría a manos del Estado, que lo reconvirtió en el Hotel Las Delicias (hoy es el hotel Serena). Desde esa playa se veía a lo lejos el crecimiento de Punta del Este. El reclamo de los vecinos pasó a ser una ruta que los condujera hasta allá. Hasta ese momento se llegaba con carros por la costa o en barco.

Como intendente, Gorlero llevó adelante obras que impulsaron decididamente al balneario. Una fue la forestación con pinos de la isla Gorriti, en colaboración con Antonio Lussich. Originalmente cubierta de palmeras, un gran incendio arrasó con toda la vegetación a comienzos del siglo XX. Más importante todavía fue la construcción de la rambla entre Las Delicias y Punta del Este, que permitió unir el balneario a Maldonado y por consiguiente a Montevideo. La obra se inauguró en 1911 y pronto comenzó a funcionar un servicio de ómnibus.

Gorlero ejerció su cargo hasta 1913. Luego se retiró a la vida privada. La guerra en Europa afectó sus negocios. Falleció el 27 de julio de 1915. De sus 12 hijos, ninguno se dedicó a la política, pero Juan Máximo, desde la empresa de salvatajes, tuvo también un destacado papel en la vida de Punta del Este. Con una sirena de su barco anunciaba su llegada y traía regalos para los niños pobres de la zona. Otro de los hijos, Marcelino, no tuvo la misma suerte. A los 40 años enfermó de neumonía y no existían los antibióticos que podían salvarlo. Tres meses después, afectada por el duelo, también su esposa enfermó y falleció. Nunca se supo si el boticario interpretó mal una receta o si se equivocó el médico. Sus hijos Hilda, María de la Paz y Marcelino quedaron huérfanos.

En 1918, el Banco Francés Supervielle & Cía remataba solares de Punta del Este en Montevideo y Buenos Aires. "Esta localidad balnearia, reputada ya como la mejor de la América del Sud y como una de las más notables del mundo por sus condiciones naturales, ha tomado una importancia que aumenta día por día. Cada veraneante que la conoce se convierte en un fanático de ella por sus condiciones excepcionales", sostenía la publicidad. Se anunciaba la construcción "de inmediato" de "un casino, un teatro popular, dos nuevos hoteles, campos de juego". El edil Alfonso Ortiz propuso que la calle número 4 de Punta del Este pasara a llamarse "Juan Gorlero". La iniciativa fue aprobada por unanimidad en la Junta Económico Administrativa de Maldonado. Años después, también Juan Máximo tuvo el homenaje de una calle en Punta del Este, "Comodoro Gorlero".

"Cuando murieron mis padres hubo muchos en la familia que se ofrecieron para criarnos, pero eso implicaba que nos separaran. La condición que pusimos fue seguir juntos. Y estuvimos juntos hasta que nos casamos. Siempre fuimos muy unidos", recuerda Marcelino Gorlero. No recibieron fortuna familiar, porque cuando murió su padre lo primero que se hizo fue pagar las deudas. Y no quedó nada. Se fueron a vivir con la viuda de Juan Bautista, Isabel Aguirre, en el Cordón montevideano. "Fuimos muy felices con ella, nos dio muy buena educación", comentan. En verano pasaban las vacaciones en Maldonado con la abuela materna. Llegaban en un ómnibus que hacía el largo viaje a través de Mosquitos (hoy Soca), Pan de Azúcar y Maldonado, con las valijas en el techo. Vieron crecer el pueblo, la llegada del turismo internacional, las primeras torres. Y transitaron con gusto por la avenida que lleva su apellido.

Capitales nacionales y argentinos.

"Fue él quien con sus atinados trabajos atrajo los grandes capitales nacionales y argentinos que han transformado (Punta del Este) en la floreciente población que hoy es y que a poco los poderes públicos se preocupan de ello, prometiendo convertirse en el primer balneario de América del Sur". Así exponía el edil Alfonso Ortiz su propuesta de 1918 para llamar Gorlero a la calle 4 del pueblo.

La Punta del Este de 1915: cuatro hoteles y una escuela rural.

Un paseo breve por la Punta del Este de 1915 permitía conocer todo el pueblo. Los chalets se esparcían entre terrenos baldíos y ni siquiera llegaban a ocupar toda la península: las construcciones llegaban hasta lo que hoy es la calle 31, más acá incluso de la Parada 1 de la Brava. Cinco cuadras después de la plaza empezaban lo que los pobladores llamaban "la playa agitada", por supuesto la Brava, demasiado peligrosa para aventurarse. La flamante carretera desde Maldonado corría junto a la playa y terminaba en el edificio de la Aduana. El resto de las calles empezaba y terminaba en la playa o en las rocas (la rambla de circunvalación llegaría recién en la década de 1970). El balneario principal, casi el único, era la playa Mansa, pero la del puerto, que con los años quedó sepultada bajo los muelles de cemento. Había cuatro hoteles y una escuela rural, a cargo de la directora Ludovica Borrallo. El alumbrado público funcionaba desde 1910. La energía eléctrica debió esperar hasta 1916. La Barra, en tanto, fue fundada en 1913, sobre terrenos de Salvador Pallas Gómez. Más lejos, Manantiales era un puñado de ranchos.

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