Los jóvenes de hoy son más violentos que los de otrora o solo se trata de la lectura de los medios? ¿Los adolescentes tienen una conducta agresiva per se? ¿Cómo se ven ellos mismos? ¿Cuál es la clave para lidiar con actitudes violentas en clase? Estas son algunas de las cuestiones que trata el curso corto Violencia juvenil en las instituciones educativas: entre el silencio y los titulares de prensa, que en estos días está brindando el psicólogo Luis Correa en la sede de Audepp (Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica).
"Surgió por la inquietud de pensar sobre algunos temas complejos más allá de la superficie y de la opinión que se emite por sensibilidad. Si no se va más allá de la impresión y no se avanza en una reflexión sobre bases científicas, entonces es difícil pensar alternativas, entender las causas y desarrollar intervenciones eficaces", explica Correa sobre lo que motivó esta clase. Y agrega: "Queremos ayudar a entender las situaciones de violencia y estimular a los responsables de los centros, directores, psicólogos y trabajadores sociales, a desarrollar con los docentes estrategias de detección, abordaje y prevención".
soluciones. Los fenómenos de violencia suelen estar muy enraizados en características del entorno socioeconómico, dice Correa. Por eso, las soluciones tienen que ser "a medida". No sirven las intervenciones de especialistas externos, ni la aplicación de "recetas" generales. Cuando en una institución, o en su entorno inmediato, hay una situación de violencia es necesario por lo menos seguir tres pasos, sostiene el experto. "Lo primero es hacerse cargo, dar señales de que los adultos (directores, docentes, etc.) se ponen delante del problema y que no están dispuestos a mirar para otro lado. En segundo lugar hay que comprender por qué ocurrió el suceso violento (es importante que este paso sea posterior o simultáneo con el anterior ya que a veces en el afán por entender no queda claro que la violencia no es admisible, aunque sea explicable). Es necesario discernir los fenómenos colectivos de los problemas individuales; no es lo mismo un alumno impulsivo que grupos enfrentados por diferentes razones. También es fundamental analizar la proyección del asunto en el barrio, las familias, e involucrar si es posible a estos "actores detrás de escena" si los hay. Es muy difícil que si un padre enseña que para hacerse respetar debe pelearse sin miedo, esto cambie por un bonito discurso antiviolencia que se enuncie desde la institución. En tercer lugar hay que proponer una intervención educativa que permita vehiculizar el malestar emergente en la situación de violencia", enumera.
mala prensa. El manejo que los medios realizan sobre delincuencia juvenil o adolescencia en general también está en el tapete. Para Correa, "la insistencia en la responsabilidad de menores en delitos incide en la subjetividad de la sociedad uruguaya y determina su opinión sobre el tema. Cualitativamente el problema es importante y está claro que no se han dado las respuestas más adecuadas. Sin embargo la relevancia cuantitativa del fenómeno parecería estar lejos de justificar el estado de alarma que suscita".
-¿El comportamiento adolescente tiene siempre un ingrediente violento o impulsivo?
-Efectivamente la situación existencial del adolescente predispone a una impulsividad más acentuada que en otras etapas de la vida. La necesidad de afirmarse en una incipiente condición adulta lleva a tomar conductas de desafío. Ese "desasosiego identitario" necesita confrontarse con el mundo adulto. Confrontar no es enfrentar, sino reconocer en la diferencia. Para poder confrontar es necesario tener reglas de juego claras: darse tiempo, respetar etapas, exigir responsabilidades con cada nueva libertad y aceptar el error como parte del aprendizaje. Es curioso lo inflexibles que somos a veces con los adolescentes y lo indulgentes que somos con nosotros mismos.
Ellos tienen sus motivos
-¿Los adolescentes de hoy son más agresivos que los de otrora?
-No necesariamente, sino que hay una presencia adulta más débil y un discurso sobre la juventud bastante discriminante que le atribuye con facilidad esa condición. Es habitual que el adulto idealice la propia juventud y tenga dificultades para aceptar los cambios que trae cada nueva generación al escenario social. Por ejemplo, muchos adultos que hoy se alarman por las peleas entre jóvenes a la salida de algunas discotecas participaron hace 40 años de movimientos sociales que suponían ejercer y sobre todo exponerse a situaciones muy violentas. Lo que desconcierta quizás es la falta de motivaciones trascendentes que a su juicio tienen estas "violencias posmodernas" que alguien definió como "inmotivadas". Lo que nos proponemos en el curso es mostrar que no lo son, sino que tienen su propia lógica.
-¿Cuál es la visión de los adolescentes sobre ellos mismos?
-Sin dudas no es tan dramática como la que transmitimos los adultos. Hemos realizado una pequeña encuesta sobre esto (en clases media y media alta) y si bien ellos manifiestan que el problema de la violencia es importante, no lo consideran ni su principal tema, ni sienten que les ataña personalmente. Es curioso lo librados a sus propias fuerzas que se sienten. No experimentan protección ni de la policía en la calle, ni de los adultos en las discotecas.