Escribe: Lina Glük
La Nación / GDA
Lo sabemos: las playas con arenas claras, el agua templada, las “barracas” que ofrecen caipirinha, queso “na brasa”, “peixe grelhado”... Las vacaciones en Brasil son sinómino de éxito, y más si, en condiciones cambiarias como la actual, los precios son amables con el golpeado bolsillo. Con casi ocho mil kilómetros de costa, las opciones se multiplican tanto que puede ser difícil elegir. La siguiente es una selección para disfrutar de lo mejor de Brasil, pero sin filas ni embotellamientos. Son vacaciones al fin.
Barra de Ibiraquera
La Barra de Ibiraquera, en el litoral sur de Santa Catarina continúa siendo uno de esos rincones que aún presentan cierto perfil de “secreto”, aunque ese halo de tranquilidad parece estar cambiando poco a poco. Todavía está lejísimo de los embotellamientos que se arman en la vecina Praia do Rosa en temporada alta, pero ya no es el sitio anónimo que era antes de que se construyera el puente sobre la laguna de Ibiraquera, hacia 1996. Aun así, conserva intacta su fisonomía natural extraordinaria: una playa ancha y larguísima, con dunas majestuosas por un extremo, rocas por el otro, y justo detrás, una gran laguna (la Lagoa de Ibiraquera) que abraza el conjunto y se alía con escarpados morros verdes que van tapizando el horizonte.
El mayor atractivo del lugar sigue siendo el punto donde la “lagoa” encuentra el mar -un fenómeno cambiante que depende de la intervención de la naturaleza y que imprime a cada visita una impronta distinta. Cuando la barra está abierta, el mar entra, trae peces y crustáceos; cuando está cerrada, la cálida calma es perfecta para nadar, hacer kayak, stand up paddle o hasta pescar.
Campeche
Si la parte norte de la isla fue la que convocó a miles de turistas en los años 80, el sector sur siempre se mantuvo fuera del radar de las multitudes. Unos pocos “curtían” la agreste Matadeiro, con poquísimos servicios o iban hasta Pantano do Sul a pegar un papelito, tal como marca la tradición, desde 1958, en el Bar do Arante. En el sector este de Florianópolis, Campeche es un gran universo por descubrir. Combina la elegancia de su zona comercial con lo agreste de la restinga (una cobertura vegetal que protege a los médanos del avance del mar). Mientras el centro de Florianópolis supera los 45.000 habitantes, Campeche apenas tiene 20.000.
Es meca de surfistas, aunque también convoca a las familias. Justo enfrente, la Ilha do Campeche, se reserva las mejores playas. Para llegar a esta Reserva Natural las lanchas más seguras salen por la mañana desde la playa de Armação (unos kilómetros más hacia el sur). La travesía de 15 minutos depara aguas turquesas y transparentes, arena blanca y el morro con pinturas rupestres a las que se puede acceder con guías especializados. Playa, sol, mar, morro, trilhas, algo historia y mariscos. Y un detalle más: el estatus de Reserva de la isla restringe la entrada a 700 personas por día. ¿Qué más se puede pedir?
Ubatuba
No es una playa sino cien, y más de 20 islas. Hacen falta varios días para conocerlas todas, porque aunque estén todas rodeadas de mata atlántica, que casi siempre se recuesta exuberante sobre la gran franja de arena, ninguna es nunca igual a la otra. Las hay con quioscos de comida y bebidas, o bien despojadas; con o sin cascada de agua dulce; más o menos construidas; céntricas o idílicas también. Por eso, es bueno saber que de la ciudad de Ubatuba al norte están las playas más lindas, y hacia el sur las más urbanizadas.
Algunas de las más recomendables son Praia do Félix, Prumirim, Itamambuca, Puruba y Picinguaba. Desde la orilla de la primera, a 17 km del centro, no se ve construcción alguna y las casas de alquiler permanecen escondidas entre el verde. Sí se detectan en la arena grandes chapeus do sol, como llaman cariñosamente a las amendoeiras, un árbol de hoja muy ancha que sirve para dar buena sombra cuando escasean las palmeras. Desde el canto derecho de la Praia do Prumirim se llega en taxi boat a la isla del mismo nombre, a la que algunos valientes llegan a nado si el mar no está bravo. Los barcos a motor anclan por su parte frente a su costa. Y cuando las playas de Ubatuba están desbordadas, Puruba y Picinguaba son buenos refugios lejos de las masas. Para llegar a Puruba, se atraviesa un río con agua a la cintura que separa las arenas del continente.
En Ubatuba más del 80% del municipio es verde y siempre lo será. Porque el Parque Estadual da Serra de Mar lo abarca casi todo. De la parte antigua del casco urbano queda poco, solo unas escasas cuadras preservadas. En el centro, Itaguá es la zona más bonita que atraviesa la orla en apenas siete cuadras empedradas que abarcan comercios y restaurantes. Y cuando en días de lluvia el paseo se acaba pronto, una preciosa alternativa de visita es la cercana y colonial Paraty, a solo una hora de auto hacia el norte.
Ponta do Corumbau
Porto Seguro es conocido por muchos como el sur del estado de Bahía, pero más al sur están Arraial d’Ajuda, Trancoso, y después de cruzar otro río, la aldea de Caraíva. Todavía más al sur aparece Ponta do Corumbau. Quien quiera acceder en vehículo debe hacerlo desde Cumuruxatiba, a unos 77 km al sur. Aquí hay solo un par de hoteles de lujo, bastante alejados del pequeño casco urbano, unas pocas posadas, y otros tantos restaurantes donde pasan el día en la playa quienes llegan en buggy o en barco, desde Cumuruxatiba o Caraíva. El acceso por tierra es bastante malo y eso mismo preserva a este alejado enclave que se detecta justo entre la desembocadura del río Corumbau y el mar. Ninguna vidriera. Ningún boliche.
Cuando la marea baja, la lengua de arena blanca que queda al descubierto atrae a cientos de gaviotines que llegan a picotear almejas o caracoles. Los restaurantes reciben a los viajeros y los invitan a usar la sombra de sus camastros a cambio de una consumición mínima: si hay pesca de budião y lo pide grelhado podrá disfrutar del sabor del mar en su mejor expresión. Siempre acompañado de arroz y feijão, claro.
Península de Maraú
La dificultad para llegar es directamente proporcional con la satisfacción que genera tener todo esa seguidilla de playas de arena blanca y palmeras para uno solo: Bombaça, Taipu de Fora, Algodões, Panelas e Cassange. El “agite” se concentra solo en Barra Grande y la punta norte, Ponta do Mutá. Para relajarse del todo, lo mejor es llegar hasta Camamú (desde Ilheus o Salvador), y tomar ahí la lancha para atravesar el río Acaraí. Una vez en la península de Maraú, uno puede moverse en buggy o en taxi. También se puede tomar una excursión en camioneta para visitar las piscinas naturales de Taipu de Fora.