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La piel y la salud mental

Existe una gran vinculación entre las enfermedades de la piel y la esfera emocional. Un gran número de dermatitis influyen y a su vez son influidas por el estado psicológico de cada persona.

Es así que muchas patologías cutáneas repercuten en la vida social de quienes las padecen, y en ocasiones de forma muy importante.

Por ejemplo, el acné puede ser visto como algo sin demasiada importancia o hasta normal en la adolescencia, pero debe entenderse que para un joven en esa etapa de la vida puede ser algo muy estigmatizante, llegando a determinar cambios en su conducta que lleven a un gran aislamiento social o hasta incluso desencadenar episodios de depresión. Algo similar ocurre con otras patologías dermatológicas como la psoriasis o el vitíligo.

Es que la relación entre la psiquiatría y la dermatología es muy estrecha. Así como las enfermedades de la piel repercuten en la esfera psíquica, también ocurre a la inversa, es decir, los trastornos mentales se reflejan a nivel cutáneo.

Es el caso de la caída de pelo que, si bien puede ser producida por múltiples causas, en un gran número de casos es desencadenada por un suceso estresante, como una separación, el fallecimiento de un ser querido, un cambio de trabajo, una mudanza, o también algo emocionalmente positivo como el nacimiento de un hijo.

Por otro lado, existe un grupo variado de enfermedades, conocidas como psicodermatosis, entre las que se destaca la dermatitis facticia, que se caracteriza por el hecho de presentar a nivel cutáneo de múltiples lesiones que pueden confundirse con las de alguna enfermedad dermatológica, pero que en realidad son provocadas por el propio paciente.

Esto puede ser realizado en forma consciente o inconsciente. Generalmente, estas heridas autoinfligidas tienen el objetivo último de llamar la atención de aquellos que están en su entorno, y si bien puede ser muy difícil detectar que su origen es derivado de una patología mental, una de las características que despierta la sospecha del dermatólogo es que existe un claro sector de la espalda que no posee ninguna lesión, coincidiendo con la zona que no llega a ser alcanzada por la mano del paciente.

También existen las excoriaciones neuróticas, que se observan en individuos que, con la convicción de que sienten insectos que le recorren su piel o que se alojan debajo de ella, se rascan con tanta intensidad e insistencia que terminan por producirse heridas.

En todos los casos, lo más importante es llegar a un buen diagnóstico para luego trabajar en equipo entre especialistas de la piel y de salud mental para obtener los mejores resultados.

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