BÚSQUEDA PERPETUA

A un paso de ser perfectos

Para algunos es un estándar muy alto al que llegar, en ciertas disciplinas se vuelve casi imprescindible

Paula Penachio, primera bailarina del Sodre, a un paso de la perfección.

De acuerdo con una investigación reciente, los milennials son cada vez más perfeccionistas. El estudio publicado por el Psychological Bulletin en Estados Unidos se basa en una encuesta realizada entre 41.641 estudiantes universitarios estadounidenses, canadienses y británicos. Según el estudio entre 1989 y 2016 el "autoperfeccionismo" entre los jóvenes aumentó en un 10%, en tanto que el perfeccionismo social lo hizo en un 33%. Pero, ¿qué es la perfección?

"Una cosa, una esencia es perfecta, cuando en su género propio no le falta ninguna de las partes que constituyen naturalmente su fuerza y su grandeza. Se da también el nombre de perfectas a las cosas que tienden a su buen fin". La definición pertenece a Aristóteles y puede encontrarse en su Metafísica (libro quinto, capítulo XVI) . Acudir a un pensador antiguo permite saber que la búsqueda de la perfección no es algo nuevo, ni exclusivo de las recientes generaciones.

En muchos casos el perfeccionismo es un norte magnético imprescindible para desarrollar determinado tipo de obras. Investigadores científicos, arquitectos, diseñadores, artistas de distintas disciplinas buscan un grado de excelencia siempre por delante de sus proyectos. En otros la búsqueda de la perfección se convierte en una enfermedad que termina sumergiendo a quien la padece en un infierno íntimo. La frontera entre unos y otros casos es tenue, tan difusa que cruzarla solo requiere un descuido.

modelismo

Mundo en miniatura.

Gustavo Zunín Rodríguez (41) pasa largas horas en su mesa de trabajo. Arma maquetas de barcos antiguos con minucioso fervor desde hace años. Algunas de estas "joyas" permanecen en su casa con la prohibición expresa de su esposa de ser vendidas.

"Mi afición por las maquetas empezó mientras estudiaba Administración de Empresas. Un día entro a la casa de una compañera de facultad y veo que tiene un hermoso barco, entonces le pregunté por él. "Lo hizo mi marido", me dijo. Y de inmediato yo me dije: yo también puedo hacerlo, y así fue que empecé", cuenta Zunín.

A diferencia de muchos otros que tienen su misma afición, a Gustavo le gusta empezar desde cero armando las piezas que luego irá montando.

"Me he ido perfeccionando con los años, a mí me gusta trabajar en base a planos y hago las piezas desde cero. Esto no solo lleva horas de trabajo, sino también horas de análisis, por ejemplo para el Agamenón calculé que utilicé 780 horas anuales de trabajo, unos dos años. Pero debió llevarme otro tanto de análisis", explica.

La búsqueda de la perfección no tiene fin. Llega al punto de pasar de disfrutar películas a detenerlas para observar cada detalle de una embarcación antigua. Zunín analiza cada detalle, lo coteja contra los planos que consigue y estudia minuciosamente antes de emprender el trabajo.

"Incluso hago cosas que van por dentro de las naves que no se ven, solo yo sé que están ahí y están hechas a escala tal como deben ser", dice con una sonrisa.

Zunín es técnico en administración, profesión de la que trabaja. Es padre de tres hijas que ven con curiosidad el pasatiempo de su progenitor. Su predilección por las antiguas embarcaciones lo llevó a convertirse en un apasionado de la historia. "Me gustan las embarcaciones antiguas, las modernas me parecen tan solo máquinas que flotan. Me gustan la madera y el viento, por eso la mejor época para mí es la que va desde el año 1750 a 1850, que comprende por ejemplo una de las mayores batallas navales de la historia, como fue la de Trafalgar", explica.

Cada palo mayor, cada vela, cada uno de los cañones, cada pieza de ese mundo en miniatura requiere de horas de dedicación. Pero el resultado nunca deja satisfecho al maquetista. "Llega un momento en que tenés que tomar una decisión y decir hasta acá llegué, porque si no, seguís. Aunque todo el mundo te diga que está perfecto, siempre le encuentro un detalle, algo que no está como debería", dice.

música

El tono perfecto.

Para un músico los niveles de excelencia son extremadamente altos. Más aún para un cantante lírico que debe seguir partituras muy precisas en cuanto a lo que deberá hacer quien las interprete.

"Lo que pasa con el cantante lírico es que se trata de un intérprete, a diferencia de un cantautor que compone lo que hace como quiere, yo interpreto una partitura en la que hay cosas predeterminadas", dice Andrés Barbery (32), un cantante lírico que integra el coro del Sodre y tiene el registro de tenor.

"En el canto lírico hay que alcanzar un estándar de calidad, y a partir de ahí continuar trabajando para mejorarlo cada vez, podría decirse que esa es nuestra búsqueda de la perfección", explica.

A diferencia de la mayoría de los músicos el instrumento que utiliza el cantante es su propio cuerpo. Ello implica una serie de cuidados adicionales de los que debe estar pendiente.

"Nuestra forma de vida tiene que ver mucho con la del atleta, tenés que ver cuándo descansás, cuándo tenés que cuidarte más. Estando de vacaciones me tomo libertades que no puedo tomarme cuando estoy en actividad", dice Barbery. Esto lo obliga a estar en un estado de alerta permanente. "Por ejemplo, si tengo frío no me importa, pero si estoy trabajando tengo que estar atento a cada cambio de temperatura, a los cambios que se puedan dar durante la noche mientras duermo porque todo eso puede afectar mi voz", dice el músico.

Como resultado de ello tanto Barbery como cualquiera de sus colegas terminan estando tan conscientes de su cuerpo que al menor atisbo de malestar ya sabe, por ejemplo, si se van a engripar o tan solo se trata de un resfrío pasajero.

Barbery tiene varias horas de ensayo, pero al cabo de ellas no rehúye de la música. Todo lo contrario. En su casa suele disfrutar de la guitarra con la que llegó a componer y grabar un disco, aunque no se considera un guitarrista ni quiere que se lo reconozca como tal.

"La guitarra es más como una válvula de escape, y además me permite ver que no solo existe el canto lírico", señala.

Tiene razones más personales para encarar de ese modo su relación con el instrumento. "Hay quienes solo han practicado el canto en su vida y cuando por alguna razón su voz se ve afectada ya no saben qué hacer, y yo no quiero que me pase eso", dice Barbery.

De todos modos, el camino que se ha trazado como cantante lírico también lo marca cuando se dedica a componer. Y allí aparece de vuelta la búsqueda constante de la perfección, cuando graba un tema siempre cree que lo puede hacer mejor. Lo escucha y lo vuelve a interpretar una y otra vez. "El perfeccionamiento va más por un cambio en la idiosincrasia que en un cambio de hábitos, por ejemplo, de manera que el cambio que vaya a hacer lo incorpore a mí de manera más profunda, a mi idiosincrasia, que no tenga siquiera que pensarlo cuando voy a hacerlo".

Y con ello coincide con Aristóteles, en cuanto a que "la excelencia no es un acto, sino un hábito".

ballet

En puntas de pie.

Para una bailarina de ballet la búsqueda de la perfección cesa junto a su vida sobre un escenario. Algo de ello queda magistralmente retratado en la película Cisne negro, de Darren Aronofsky. Pero más allá de la ficción para quienes se dedican profesionalmente al ballet esta búsqueda es de lo más real y cotidiano.

Paula Penachio (31) es brasileña y consiguió convertirse en primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre en tiempo récord. Trasplantó su vida a Uruguay desde hace dos años y disfruta de lo más encumbrado de su carrera apenas por detrás de una figura de la talla de María Noel Riccetto.

Paula asegura que no tiene físico de bailarina, algo que la ha atormentado durante mucho tiempo y que le supuso muchos sacrificios para alcanzar el estándar deseado. Lo cierto es que en ballet la vara está muy alta en todos los sentidos.

Cada mañana a las 8.30 Paula y sus compañeras comienzan con los ejercicios. A las 9 ya están haciendo calentamiento y se aprestan a practicar los pasos.

"En cada paso ya estamos pensando cómo colocarnos, el alineamiento del cuerpo, entonces eso ya es buscar la perfección. Desde el principio de la clase hay que estar en la posición correcta, el ojo mirando al lugar estipulado, todo el tiempo estamos buscando lo perfecto con espejos todo alrededor", cuenta Paula.

Para alguien que practica ballet desde los siete años la búsqueda de la excelencia ha sido toda su vida. "Yo ya crecí con eso, ya parte de mi vida fue estar buscando la perfección y eso sirve también para cualquier otra cosa que vamos a hacer", explica la bailarina.

También su relación con la música es prácticamente innata. "Mi madre, cuando yo estaba en su barriga, ya escuchaba música clásica, decía que iba a ser bailarina, de manera que yo escuchaba mucho de chica. Mis padres también escuchaban mucha música brasileña. Entonces ya crecí con mucho ritmo y muy aguzado el oído", afirma.

Paula sabe que la búsqueda de la perfección en su disciplina no terminará nunca. "Yo siento casi la perfección cuando bailo y tengo el retorno de la platea, cuando la gente está como extasiada yo también me siento extasiada. Es cuando me realizo".

Dice que es un momento mágico. En el escenario, cuando está por terminar la función y de pronto puede fijar la vista en el auditorio, una mancha negra casi uniforme, puede sentir el puente invisible. Un camino de ida y vuelta que conoce muy bien cada artista que ha pisado un escenario. "Es gracioso porque no se ve mucho la gente. Yo me siento en la historia, me voy contando todo y cuando termino recién ahí es cuando siento el grito de ¡bravo!. Aplauden fuerte y ahí suspiro", comenta.

Es magia. Y recuerda que también lo fue el momento en que quedó seleccionada para integrar el Ballet Nacional del Sodre. Esto ocurrió en 2015, Paula estaba en Chile cuando se enteró de la vacante en Montevideo y resolvió presentarse. Hizo una prueba delante de Julio Bocca y de inmediato fue escogida para el puesto. Poco tiempo después fue nombrada primera bailarina, lugar que ocupa junto a la Riccetto y otra bailarina más.

Perfeccionistas por vocación y por requerimientos de su profesión, para muchos esta búsqueda tiene un sentido bien concreto en la vida.

Ciencias

"Un camino de toda la vida".

"No me parece que perfección sea la palabra adecuada", discrepa el científico Juan Cristina, rector de la Facultad de Ciencias y decano interino de la Universidad. Contrariamente cree que "la excelencia, en ciencias, está garantizada por un juicio entre pares". Y agrega que para "el científico la búsqueda de la excelencia le lleva toda la vida". Por lo demás cree que la predilección por determinados problemas es lo que guía a un científico en su carrera.

expertos

Claves de una era más competitiva.

En la literatura psicológica clásica al hablar de ‘perfeccionismo’ se alude a un conjunto de normas, reglas, criterios y estándares extremadamente elevados de desempeño y ejecución, que van acompañadas por autoevaluaciones sumamente críticas y asociadas al temor al fracaso”, explica el psicólogo Juan Fernández Romar, director del Instituto de Psicología Social. Fernández Romar distingue, además, entre los perfeccionistas normales, aquellos con altos estándares para sí mismos, de los “perfeccionistas neuróticos...personas que se imponen normas tan elevadas que nunca las alcanzan y que sienten que no logran hacer las cosas completa o suficientemente bien”. Para estos últimos cualquier fallo es intolerable y suelen ser extremadamente críticos consigo mismos. “Son personas que sufren por no alcanzar el estándar que se han propuesto pero que también hacen sufrir a otros familiares o subalternos por igual razón”, explica el experto. En términos generales el psicólogo especializado advierte una extensión del perfeccionismo a toda escala. “Lo que sí sabemos es que tanto el complejo tecnológico y científico como los mercados artísticos y deportivos contemporáneos son más grandes ahora que en el pasado y por lo tanto son ambientes más competitivos, selectivos y de alta especialización. En cualquiera de esos ámbitos se suele demandar personas muy autoexigentes y severas en el juicio crítico con lo que hacen”, señala el experto.

exportes

La muy difusa frontera con el trastorno obsesivo compulsivo.

¿Cuándo la obsesión por la perfección pasa a ser un desorden mental, o un problema clínico? La frontera puede ser muy difusa, por lo pronto lo es para el propio perfeccionista que lo padece de un modo patológico. El psiquiatra Guillermo Castro opina que esto difiere en cada individuo. "Depende mucho del temperamento de la persona, incluso de las actividades a las que se dedique. Por ejemplo, un actor es difícil que se vuelva un obsesivo porque usa su temperamento para interpretar", reflexiona el especialista. "Por otra parte, gracias a que existe la búsqueda de la perfección existe la gente que investiga, la gente que procura terminar bien un trabajo, o simplemente la gente que busca hacer las cosas de la manera correcta", matiza Castro. Pero si bien la búsqueda de la perfección es deseable en muchas disciplinas, como se vio, las cosas adquieren otro tinte cuando se pasa al terreno de la patología. "Todo esto cambia cuando la búsqueda de la perfección le produce a la persona un enorme sufrimiento. Cuando la persona no puede disfrutar de su actividad ya comenzamos a estar frente a un trastorno de ansiedad, que es lo más común. En el extremo se encuentran los trastornos obsesivo-compulsivos (TOC) que constituyen ya una patología o desorden de personalidad", señala el psiquiatra. Aunque, según Castro, no son casos muy frecuentes de ver, describió algunos rasgos del desorden para reconocerlos en una persona. El sujeto se encuentra a menudo irritable; no puede dormir por las noches; se levanta preocupado por la tarea que tiene por delante; la búsqueda de la perfección le ocasiona sufrimiento. Castro señala que cuando estos rasgos se van afianzando en un comportamiento es muy probable que el sujeto que los padece esté comenzando a experimentar un trastorno compulsivo.

LA PERFECCIÓN.

Belleza según los griegos. Para los griegos antiguos, un cuerpo hermoso era considerado la evidencia de una mente hermosa. Incluso, tenían una palabra para esto: kaloskagathos, que significaba ser agradable a la vista y, por ende, ser una buena persona. Por años, la escultura clásica griega era considerada como una fantasía perfeccionista, un ideal imposible. Sin embargo, ahora creemos que muchas de las exquisitas estatuas de los siglos V al III antes de Cristo eran hechas a partir de una persona real cubierta con yeso. Y el molde creado era usado para producir la escultura, según señala un artículo de BBC Mundo. La historia era muy distinta en el caso de la hembra de la especie. Hesíodo —un poeta del siglo VIII/VII antes de Cristo, cuya obra era lo más cercano que los griegos tenían a una biblia— describe a la primera mujer creada simplemente como kalon kakon, "la cosa hermosa-malévola". Era malévola porque era hermosa y hermosa porque era malévola. De modo que ser un hombre guapo era algo bueno. Pero, por definición, ser una mujer atractiva era un problema.

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