Paraíso en los confines

| Con inviernos gélidos y veranos con hasta 17 horas de luz, Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, recibe unos 270.000 turistas cada año.

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USHUAIA | VICTORIA MOLNAR

Creada en 1990, Tierra del Fuego es la provincia más joven de Argentina. Su capital, Ushuaia, conocida como la ciudad del Fin del Mundo, oficia de entrada a un paraíso al que arriban por aire, tierra y mar -tres de cada diez llega a bordo de un crucero- y con fines turísticos unas 270.000 personas por año.

El visitante que se acerque a estos confines encontrará una maravilla natural única, que une el paisaje de la estepa magallánica con el dominio ventoso marítimo del Atlántico Sur y el Canal Beagle; los picos seminevados producto de la transformación de los Andes en la cordillera fueguina; grandes lagos rodeados de imponentes bosques y ciudades tranquilas, plagadas de historia y sabores típicos en donde destacan la centolla y el cordero fueguino a la cruz.

Se trata de lugares mágicos que, a pesar del frío, se pueden visitar durante todo el año, lo cual le permitió lograr una proyección turística casi imposible de avizorar cuando en 1520 Fernando de Magallanes nombró al archipiélago al divisar los fuegos que los originarios yamanas y onas encendían ante unas condiciones climáticas hostiles. Según el Instituto Fueguino de Turismo (Infuetur), 1.385 uruguayos visitaron el Fin del Mundo en 2011, cifra que esperan se supere este año.

EL FARO. Queda avisado el lector: si en la agencia de viajes le ofrecen entre los paseos comunes un viaje al Faro del Fin del Mundo, sepa que se tratará del Faro Les Eclaireus, ubicado en el Canal Beagle, que con su haz alimentado por un panel de energía solar es sin duda alguna un emblema de la ciudad más austral del mundo, pero no el que se encuentra más al Sur. Durante el viaje en catamarán para llegar hasta este faro junto al paisaje de montañas nevadas y mar se pueden avistar especies marinas como lobos marinos y cormoranes (durante todo el año) y una colonia de pingüinos magallánicos que se asientan en una isla cercana entre septiembre y abril.

A cientos de kilómetros de allí, en la Isla de los Estados de Tierra del Fuego, se encuentra el afamado faro que, novela homónima de Julio Verne mediante, motiva la inspiración y misterio de viajeros de todo el mundo. El Faro del Fin del Mundo se llama formalmente Faro de San Juan de Salvamento y estuvo abandonado cerca de un siglo, quedó en ruinas y fue reconstruido. Hoy casi ninguna embarcación, salvo expreso pedido, llega hasta ese área que se encuentra protegida como reserva ecológica, pero no por eso es imposible tomar contacto con este patrimonio cultural fueguino ya que lo que quedó de sus restos originales fueron llevados al Museo Marítimo de Ushuaia donde desde 1997 se encuentra una réplica a escala real.

HISTORIA. Este frío paraíso supo echar profundas raíces en la memoria de Charles Darwin. El Museo Marítimo se encuentra en las instalaciones de lo que fue el expenal de Ushuaia. Considerado por su lejanía como de máxima seguridad, llegó a alojar más de 560 reclusos y contuvo en sus muros a delincuentes de alta peligrosidad, bandidos comunes reincidentes y hasta presos políticos. Entre ellos, se puede visitar la celda de Cayetano Santos Godino, conocido como "el Petiso Orejudo", un joven que se convirtió en el primer asesino serial argentino y que asedió a los niños de los barrios porteños de Almagro y Parque Patricios a principios del siglo XX.

A su vez, por allí pasó un tal Charles Romuald Gardes y aunque aún no está probado que se tratara del mismísimo Carlos Gardel, en uno de los calabozos se recuerda al genial cantor de tangos mediante un gran mural. El presidio funcionó entre 1906 y 1947, cuando arguyendo razones humanitarias fue clausurado por el entonces director de cárceles de Argentina Roberto Pettinato -padre del afamado músico y conductor de TV-, tras una orden de Juan Domingo Perón. Su actividad fue uno de los motores para la radicación de población en esos confines argentinos y sus presos ayudaron a la construcción de los primeros edificios públicos fueguinos, para lo que se valieron de un pequeño tren que utilizaban traer leña desde las afueras de la ciudad.

POSTALES. En Ushuaia se puede obtener una postal bien uruguaya: en la rotonda que cruzan las calles Magallanes, Onas y Juan Sebastián Elcano, se encuentra la plazoleta José Gervasio Artigas, que posee el busto del prócer oriental más austral del continente americano. Fue inaugurada a principios de febrero de 1999 durante la habitual recalada de embarcaciones que la Armada realiza durante la temporada estival en sus viajes desde o hacia la base que Uruguay posee en la Antártida. Un rinconcito oriental en la capital del Fin del Mundo donde los recuerdos fotográficos están a la orden con carteles que indican las distancias con Buenos Aires (3.040 kilómetros) y La Quiaca (a 5.171 kilómetros).

Además, en Tierra del Fuego se encuentra el final de la ruta Panamericana, que en realidad es una conexión de rutas nacionales que recorre todo el continente americano desde Alaska. En Bahía Lapataia se puede encontrar el cartel que indica ese fin y, al mismo tiempo, anuncia una distancia de 17.848 kilómetros con el punto de inicio. A pocos metros hay montañas nevadas, mar y pequeños acantilados que se abren de forma asombrosa.

NATURALEZA Y NIEVE. Camino a Bahía Lapataia se puede realizar parte del recorrido que los presos del Penal de Ushuaia hacían en busca de madera abordando el llamado Tren del Fin del Mundo, un paseo de cuento en el cual, dependiendo de la época del año, el vapor de la locomotora se mezcla con un paisaje nevado. Llega hasta el inicio del Parque Nacional Tierra del Fuego, cuyas sendas rodeadas de imponentes bosques son especiales para hacer caminatas y abre la necesidad de conocer otros paisajes fueguinos, como son los paseos a caballo en las estepas que rodean viejas estancias locales cercanas a la costa. Además, con nueve centros invernales, Tierra del Fuego tiene el atractivo de poseer la temporada de nieve más extensa de Sudamérica: ¡cuatro meses continuos! Se destaca el Cerro Castor, donde los expertos señalan se encuentra una de las mejores calidades de nieve del mundo y posee pistas para todos los niveles de exigencia. Otro recorrido imponente es el glaciar El Martiel. Sus hielos eternos, que se pueden alcanzar, aerosilla y caminata mediante, impregnan al excursionista en una de las cimas del Fin del Mundo. Antes de emprender el regreso se recomienda untar una tostada con dulce de Calafate, realizado con las bayas azul oscuro de un arbusto que abunda en la zona ya que, cuenta la leyenda, garantiza al viajante volver "por más" a esas tierras soñadas.

PUERTA A LA ANTÁRTIDA

Si de navegar por los mares del Sur se trata, desde Ushuaia en temporada estival se puede emprender un viaje turístico premium, digno de verdaderos amantes de la aventura: conocer la Antártida. El 95% de las excursiones que visitan el Continente Blanco salen desde la capital fueguina, que a unos mil kilómetros de distancia es la ciudad más cercana, lo que le vale el lema de "Puerta de entrada a la Antártida". El viaje puede extenderse entre 10 días y un mes con costos que van desde los US$ 3.000 -partiendo desde Tierra del Fuego- hasta los US$ 18.000, desde Europa u otros puntos del globo

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