Papillón, un rebelde con causa

Tres meses antes de su muerte, Henry Charriere, el célebre hampón devenido en escritor, fue entrevistado por un uruguayo, a quien le narró su vida entre carceleros y muerte

Roberto Bennett

En julio se cumplieron 33 años de la desaparición del célebre escritor, ex miembro del hampa parisina (condenado a cadena perpetua por un asesinato que declaraba no haber cometido), presidiario fugado, asaltante de bancos y aventurero francés, Henri Charrière, conocido por su sobrenombre de "Papillón". Personaje fascinante que entrevisté en Palma de Mallorca a finales del mes de abril de 1973, cuando concedió la que sería una de sus últimas entrevistas.

Henri Charrière era entonces un célebre autor de libros de aventura, autobiográficos, que cosecharon enorme éxito de ventas a partir de los años 70. Incluso Hollywood realizó dos películas basadas en su vida: Papillón y Banco. La primera fue estrenada después de su muerte, con Steve Mc Queen y Dustin Hoffman.

La charla con Charrière se realizó en una librería de la isla, que justamente visitaba para promocionar su segunda publicación. Luego, como Papillón sentía un enorme cariño por Sudamérica, comenzó a interrogarme sobre los trágicos acontecimientos políticos que estaban afectando a la región ese año y me invitó a cenar en un muy pintoresco bodegón mallorquín llamado Sa Premsa. Charlamos, comimos arroz brut, bebimos vino tinto y fumamos puros cubanos Montecristo, que él consumía con placer y adicción. Vestía un rompevientos celeste, chaqueta gruesa de pana y un gorro de piel tipo ruso, que sólo se quitó para cenar.

-¿Qué le motivó escribir Banco, su segunda novela?

-Banco fue escrita como respuesta a 10 mil cartas recibidas de lectores que preguntaban: ¿Qué hiciste en los 26 años que transcurrieron desde tu última liberación hasta la publicación de Papillón? ¿Qué fue de tus amigos, los indios venezolanos? ¿Has sabido algo de tus hijos?, etc. Les debía este libro.

-¿Ese fue el único motivo?

-Bueno, también por mi deseo de venganza. Banco refleja mi vida en continuo riesgo, durante esos días que vivía en permanente búsqueda de dinero. No para vivir como un burgués, porque ya ves que no lo soy. Quería dinero para volver a Francia a matar a los hombres responsables de esa farsa, que fue mi juicio. ¡Además, para poner una bombita en el edificio de la Jefatura de Policía de París! A mi me juzgaron y condenaron por el asesinato de un soplón de Montmartre, que te aseguro no cometí. Pero luego, conocí a una española que cambió mi vida. Ella es mi esposa y por ella dejé de buscar venganza, aunque no he perdonado.

-¿Qué le proporcionó Papillón, su primer éxito?

-Primeramente, poder pagar las cuentas del teléfono y la luz. Luego me liberó de las presiones y me ha permitido viajar y conocer gente. Personas que leyeron mi libro y lo disfrutaron o lo criticaron, pero en el intercambio de ideas uno aprende, ¿No te parece? Sabes, a veces prefiero el comentario de una persona humilde y sencilla, al de un crítico literario. Porque no importa que esa persona sea barrendero o paisano, su comentario va a ser sincero. En cambio los críticos están influenciados por lo que creen es la literatura de moda. Y te diré más, como declaré en la Escuela de Letras de la Sorbonne, para mi la literatura actual es una masturbación literaria. El modernismo ha matado al modo de vivir tradicional y bíblico del hombre. La industrialización ha convertido al hombre en un engranaje de una gran máquina que se comió a la familia.

-¿Le brindó algo más el éxito de Papillón?

-Me dio la posibilidad de seguir siendo aventurero. De caminar libre, a mi manera, buscando el contacto humano. Mi libro ha sido traducido a 27 idiomas y eso significa que he sabido comunicarme con mucha gente.

-Sin embargo, su libro también ha sido criticado.

-Se critica porque ataca a las tres instituciones en las que descansan muchas naciones: Justicia, Policía y Sistema Penitenciario. Fíjate, después de tantos años, llego de vuelta a Francia y digo: La justicia está podrida, la policía es corrupta y las cárceles son una vergüenza. ¡Y esto se lo digo al país que promovió la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad y los Derechos del Hombre!

-¿Y cómo reaccionaron sus compatriotas?

-Te diré que aceptaron el reto. Enseguida todos los medios estuvieron a mi alcance y de la noche a la mañana me convirtieron en vedette. ¡Qué difícil es eso! La alta sociedad de París me abrió sus puertas y me dejé mimar. Pero no por mucho tiempo. Hay que tener cuidado porque esa sociedad te absorbe. Lógicamente que es bonito ver a esas damas elegantes, con sus hermosos pechos que se traslucen por esos trajes casi transparentes que visten de noche, pero esa vida te anula tu personalidad. Por eso me retiré a mi casa en la Costa del Sol.

-¿Cuál es su situación legal actual en Francia?

-Escapé finalmente de la cárcel en 1941 y volví a Francia 26 años más tarde. Por lo tanto, nada podían hacerme porque el delito había prescrito O sea que no me hicieron ningún favor dejándome en paz. Sólo cumplieron la ley. El único favor que debo reconocer es el permiso especial que me otorgó el presidente Pompidou para poder permanecer en París.

-¿La denuncia que realizó al escribir su libro, ha provocado algún cambio?

-Es difícil decirlo. La putrefacción en la policía se renueva constantemente. Sale uno podrido y entra otro peor. Pero creo que en la justicia sí ha habido un cambio. He recibido cartas de magistrados que dicen que desde la aparición de mi libro tienen otro espíritu cuando entran en la Sala de Justicia.

-Hábleme sobre la película que se está filmando, basada en su libro.

-Están en Jamaica ahora mismo. Los protagonistas son Steve McQueen y Dustin Hoffman y les dirige Schaffner, el de Patton. Vendí el argumento en medio millón de dólares. Además recibiré 10% del producto bruto de lo que recaude. Y tengo derecho a la supervisión, pero como sé que las estrellas son gente muy especial, llegué a un acuerdo: ellos filman durante ocho días y luego me mandan lo que han hecho, yo lo veo, hago mis críticas y trabajan sobre eso.

Así transcurrieron tres horas de charla, donde Papillón contó infinidad de anécdotas, habló de sus viajes por casi una treintena de países, de su amistad con Claudia Cardinale. Cuando nos despedimos, Charrière anunció que se iba a Madrid, porque debía operarse de la garganta. Una imprudencia absurda durante su convalecencia y un cáncer, acabaron con su vida tres meses más tarde, el 30 de julio de 1973.

-¿Algún recuerdo vuelve siempre a su memoria?

-El sadismo de los carceleros es algo que no olvidaré jamás. Sabes, el hombre no es malo con premeditación. La mayoría de los carceleros le tienen miedo a la vida y se refugian en un trabajo en el cual el Estado les dará casa, ropa, comida y cierto poder. Pero después de pasarse un tercio de sus vidas en una cárcel, se sienten insatisfechos e infelices y abusan de los seres humanos .

-¿Recuerda a algún carcelero con especial rencor?

-En un montón de manzanas podridas es difícil encontrar una más podrida que otra, aunque había un corso que me gustaría ver convertido en gusano.

-A pesar de esos años, ¿ hoy se considera afortunado?

-Luego de un día tranquilo junto a mi esposa, comentamos lo felices que somos. ¡Pero yo siempre le recuerdo lo cara que he pagado esta felicidad! Imagínate 50 meses encerrado en "solitaria". Sin oír un ruido. Sin hablar y sin que te hablen. La mayoría de las personas en esas condiciones se suicidan o enloquecen.

-¿El penal venezolano era brutal como el francés?

-El Dorado era un poco menos duro que el silencioso calabozo francés, porque allí había contacto humano. Es humillante el palazo que te propina un guardia pero también le puedes insultar. Andábamos en grupos de 6 o 7 y si a uno le pasaba algo, los otros respondían.

-¿Siente rencor hacia Venezuela, luego de su fuga de la Isla del Diablo?

-No, porque ese maravilloso país me dio la libertad y allí hice amigos entrañables.

De hampón a escritor

Henri Charriere fue condenado a cadena perpetua por la Justicia francesa, y confinado en un penal de Guyana, del que se escapó unos años después. Huyó a Venezuela donde también fue encarcelado en diferentes prisiones. En sus libros, y en entrevistas realizadas, siempre manifestó que fue acusado por un crimen que no cometió, aunque no deslindó su participación en el hampa parisina.

-Hay una pregunta que se hace mucha gente cuando leen lo que usted escribe: ¿Cuánto hay de verdad y cuánto es simplemente sensacionalismo imaginado?

-Todo es verdad. Lo que he escrito es cierto aunque he dejado fuera muchas verdades, precisamente para no pecar de sensacionalista. Te podría contar mil historias de la crueldad y la tragedia humana en las cárceles. Hablarte de los pederastas, de la corrupción, del terror y del dolor de jóvenes infelices que son forzados a ejercer la prostitución en sus celdas. No he contado toda la verdad…

-¿Le molestó la policía venezolana luego de liberarlo?

-Sólo cuando mataban algún francés. Entonces venían a interrogarme al salón de fiestas que tenía por aquel entonces. Te aclaro que no era un salón decente pero yo debía hacer dinero. Si no hubiera sido por mi respeto hacia las mujeres, habría instalado un prostíbulo pero nunca me gustó explotar a las damas, así que decidí explotar a los cabrones que las explotan a ellas. Por eso instalé una casa de juego.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar