Opinión | Nos odian, lo sabemos

"Los odiadores siguen pensando en clave de 'lucha de clases' como en el siglo pasado. Esas gentes reverberan en el fuego del rencor. El mundo, en realidad, mató esa idea, pero las barras ideológicas la reviven".

Washington Abdala
Foto: Archivo

Hay que saberlo: ser liberal es causal suficiente para que nos vomiten todo el odio del mundo por ser “la derecha” más malévola del universo. Los odiadores siguen pensando en clave de “lucha de clases” como en el siglo pasado. Esas gentes reverberan en el fuego del rencor. El mundo, en realidad, mató esa idea, pero las barras ideológicas la reviven para bramar sobre nuestras existencias y alimentar la ira de los mortales. La teoría del enemigo se asume perfecta en todo su esplendor. (Si no fuera porque ellos lo usan como un desprecio, lo de “derecha”, da igual).

Suena doloroso y esa es la autopercepción que tenemos quienes estamos en este lado de la vereda. Y es nuestro perfil humanista el que repele los populismos siempre (de izquierda y derecha). Acá, con franqueza, en nuestra zona de nulo confort, vivimos desterrados sin derecho a navegar en la cultura, en el carnaval, en la academia, en el arte, en lo popular, porque todo eso es gramscianamente zona colonizada por la izquierda. Nada que no lo sepa todo el mundo. Son casi toda zona ideológica del supuesto progresismo. Y nos hemos pasado la vida así, deambulando en territorios donde la lógica corporativa les funciona y nosotros somos intrusos. Ni que hablar del mundo oenegé y el internacional donde lo ideológico es wokismo vívido.

Y lo que pasa ahora es que algunos de nosotros -mi caso- estamos hartos de tenerle que decirle señor al perro. Por eso ahora ladramos a cuanto dogmático se para en alguna esquina creyendo que con su subsidio ideológico le permite dictar sus poesías cubanas. Pues no, resulta que “la derecha” -sin odiar necesariamente al enemigo- se planta, y decimos lo que nos sale del alma: sabemos que nos quieren guillotinar y elevamos la voz. ¿O deberíamos ser idiotas en estado de alegría ante las patoteos varios a los que nos someten?

Seamos francos, somos punto, no somos banca. La banca es la que maneja el negocio; nosotros venimos corriendo de atrás, así que a no enojarse por los ladridos que producimos porque el poder no lo tenemos nosotros. Lo tiene la banca, lo tiene la izquierda, lo tiene esta “intelligentsia” (algo berreta, es verdad) y por eso tienen que aguantar cuando saltamos, porque los que administran los dinerillos -de todos- son ellos. Menos copete y más moral.

Nosotros ladramos y lo bien que hacemos: agradezcan, pues nuestros ladridos son legitimadores. Si no dijéramos lo malos que son, lo inoperantes, lo perdidos que están y lo burdos que han resultado tendrían que implorarnos que los maldijéramos, porque todo eso -así como lo espetamos- es darles vida. Y como somos tan estomacales, gritamos eso y algunas cosas más. Claro, lo jodido es que eso mismo (que les reprochamos nosotros) se lo dicen muchos amantes de ustedes a ustedes. Allí se pone fea la cosa, no alcanza con el careteo, el rostro piola y los sanateos varios. La gente no es boba, nunca lo fue en la aldea y sabe todo de todos. Sabe de todo porque esto es chico, sabe de todo porque todos hablan. Cuando hay un gil en la familia, cuando el pater familia anda de parranda, cuando a alguno le gusta la mosca y alucina por ese billete verde too much, cuando alguno le mete al amarillo duro y parejo, cuando a un ignorante lo ponen de jerarca, cuando pasan cosas… todos sabemos todo. ¿O no es así? Por eso: serlo y parecerlo. O no se dedique a esos menesteres, porque allí ya no se banca al cretino… porque la gente no quiere que la embuchen más. Ya no más. Cambio de temperamento en puerta.

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