Opinión | Me voy a la isla Martín García

"Es un lío que el analfabetismo, el mal hablar, la impostura retórica y la prepotencia moral nos gobiernen. No se termina jamás bien en un escenario donde esas personitas -en el poder- creen que pueden con la vida de la república".

Washington Abdala

La enorme irresponsabilidad con que la política del país se aborda por los actuales gobernantes causa estupor. Se nos presentan como irresponsables manejando una bomba atómica que puede volar en pedazos (ya que volvimos a estar en un mundo bélico vale la imagen). El Uruguay es un país con cierto cinismo implícito. Esto que escribo -con humor en general- no se les dice a los gobernantes en sus séquitos proselitistas. Se los trata con deferencia, con sumisión y hasta con enorme consideración. Claro, como siempre: algunos empresarios vinculados al Estado en tantas cosas, o las organizaciones que requieren el calor estatal para que no las atormenten; en fin, nada que un viejo batllista (remasterizado) no conozca al dedillo y por lo que todos ellos recitan “señor presidente” y hasta inclinan el cuerpo hacia adelante en señal de respeto reverencial.

En clases de ciencia política me ocupo de abordar a Nicolás Maquiavelo y a los neomaquiavelistas. Maquiavelo inventó lo grueso y la barra de acólitos lo siguió en su sinceramiento filosófico. Todo lo que dicen políticos varios de la aldea está en Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca. Y ahora está lleno de figuras menores que solo hurtan conceptos que -como nadie lee un pepino- parecen novedosos. ¡Ladronzuelos!

El rostro de la sociedad es el rostro de su élite. Por allí piensan los neomaquiavelistas. Si esa visión es la correcta -y no debería no serlo, porque en el mundo eso es así-, acá estamos en la lona, muchachos: la élite que nos gobierna es flaca, fané y descangallada, como decía el tango. Y lo peor: copada en su ignorancia. Una cajita infeliz de la casa de hamburguesas. (¿Hacer otro anexo legislativo? ¿Nombre: Nefertiti?)

Es un lío que el analfabetismo, el mal hablar, la impostura retórica y la prepotencia moral nos gobiernen. No se termina jamás bien en un escenario donde esas personitas -en el poder- creen que pueden con la vida de la república. Que quede claro: no estoy afirmando que vaya a pasar nada extremo (lo extremo ya pasó en los 70, con los papis de estos chiquilines incendiando el país). No; solo digo que van derecho a fundir a la nación y a seguir empobreciendo a todos, mientras ellos, parapetados en el Estado -con sus chicos adorados-, siguen creyendo que vienen a beatificarnos. (¡Cómo rajaste de Economía, Marito picarón!)

Creo que no se advierte tanta temeridad. Mientras todo parece cotidiano y normal, el país sigue con gente desfalleciente por las calles, cada día peor; los homicidios no bajan; el suicidio sigue siendo una estrella nefasta que nadie se anima a encarar, por cobardía o vaya a saber qué cosa; y el “viva la pepa” está instalado, porque ya sabemos que la justicia no es el último recurso de casi nada. ¡No me digan que esto es visión opositora: lo advierte hasta el más fan del mundo progre!

Señoras y señores que viajan en este colectivo: estamos jodidos. Y, además de jodidos, cercados por politólogos odaliscas que venden humo del gobierno, montones de periodistas que son comunicadores en sintonía militante (soy elegante) y barras varias que, foquerilmente, aplauden el desastre porque están rosqueadas.

Repito: el FA son genios para la conquista del poder y turros para ejercerlo. No sé, creo que me voy a ir a vivir a la isla Martín García un tiempo. Que les vaya lindo. Nos vemos. Comeré pan dulce del turco Menem. Amén. (O vuelvo la semana que viene porque me extrañan y no los quiero abandonar; sé que la barra foqueril me ama).

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