COLUMNA CABEZA DE TURCO
No debe haber cosa más linda que la amistad. Por Washington Abdala
Los amigos son la cosa más maravillosa del mundo. Son pocos o son muchos, según el alma de cada uno. Habremos amigos más introvertidos y los hay más abiertos. Hay amigos que uno ve poco, pero sabe que siempre están, otros que pasan por la vida y dejan marcas. Y si uno los vuelve a encontrar en una esquina, la conversación vuelve a ser la de ayer, y “ayer” pueden ser décadas. Hay otros amigos con los que uno se enlaza, esos que andan por la vida de uno y uno en la de ellos. Y allí, la cosa se cambia, más que amigos, son familiares. Yo soy medio orejano, para qué mentir. Creo ser buen amigo de mis amigos pero requiero lo que doy: lealtad y afecto.
Sí, hay amigos que uno perdió en el camino por dogmatismos. No me duele saber que tuve amigos en alguna época, que ya no lo son, que los veo por allí y que no sabría tomar un café y hablar de nada que me importara ahora con ellos. (A ellos les sucede igual, supongo). Los mundos se dividen, los valores cambian y lo que fuimos, ya no lo somos. Somos lo que el presente nos dicta. Sin drama, así es la vida y nadie tiene la culpa. O todos la tenemos. Mutamos.
Sin embargo, el amor cambia parte de este asunto. Yo guardo conmigo algunos amigos de la escuela, del barrio, de la universidad, del deporte, de la política, montones de amigos con los que pasé aventuras, con los que aún sigo delirando. Porque no vaya a creer el lector que los “grandes” estamos para ser dejados de lado: vamos a seguir molestando al planeta todo lo que nos permita la fuerza vital. Porque para nosotros -no sé como será para los demás- el tiempo no transcurre, la experiencia nos sirve para escapar del fuego que quema, pero no perdimos un milímetro de ganas de vivir como si tuviéramos 18 años. Ahora que aumentó la expectativa de vida, que nos tiren la perrada.
No debe haber cosa más linda que la amistad cuando explota en risas y carcajadas cómplices. No se necesita mucho para eso, solo identidad, recorridos próximos, complicidad y valores más o menos similares. Y si hay química, eso detona. A mí me gusta la ironía, la mordacidad, la picardía, la mirada analítica y cuando me encuentro con amigos que rescatan esos asuntos, o cuando hablo con ellos por teléfono horas, siento que todo sigue igual, que soy el mismo “pibe” de toda la vida. Los amigos nos mantienen intemporales, no hay que explicar lo sutil, lo sobreentienden, están cuando tienen que estar y se repliegan cuando corresponde. Tampoco debe ser una militancia asfixiante la amistad. A mçi me cansa eso. Soy de amigos pero no de “amuchamiento”. (Y me cansa la amistad psicopática del WhatsApp).
Mis amigos en los distintos escenarios son un cable a tierra, un enganche hacia más oxígeno y más tranquilidad ante las adversidades que la tragedia siempre instala como mojones a sortear. Y soy “amigo” de autores de libros, conozco la cabeza de Murakami, Auster y Pérez-Reverte mejor que la mía. Deberían ser mis amigos. Qué pena que se pierdan mi amistad (humor).
No seríamos nada sin amigos en quienes confiar sueños, problemas o simplemente el propio existir. Un buen amigo sabe decir lo necesario, aunque sea duro. Y si duele, y lo dice, ese es un amigo. De grande aprendí a expresar mejor las cosas. Me ha costado tanto, pero aprendí, o creo que aprendí, o sigo aprendiendo para decirlo mejor.
No me voy a quejar nunca de mis amigos, han sido, son y serán mucho para mí. En los peores momentos que he pasado han estado allí. No necesito sus presencias físicas, los necesito cerca de mi mente. Sobra si sé que me quieren.
Nacimos para ser gregarios, pero sobre todo para nutrirnos los unos de los otros. La amistad, no tiene la moral social, perdona lo que en la vida civil no haríamos. No se juzga con el mismo rigor al extraño que al amigo, no se lo hace, claro, si no pasa ciertos límites (morales de cada uno). Los amigos no se eligen, los pone la vida en el camino. Y se puede hacer amigos hasta el último día. Es solo cuestión de creer que los amigos son necesarios para ser mejor gente. Simple, ser mejor gente. Eso.
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