La gente no lo termina de entender: uno es lo que es, no lo que el otro advierte de uno. Uno es lo que su “ser” dicta, no somos el “tener”. (Erich Fromm básico, no copias burdas). Uno es lo que siente de sí mismo, no lo que otros nos transfieren desde sus percepciones. Es tan simple que no admite dudas. Obvio, uno se puede sentir fenómeno con el mundo y ser un crápula, o ser una bella persona y andar bajoneado. Sin embargo, nuestros trabajos, nuestros procederes y nuestra cotidianidad están cargados de asuntos que nos definen -demasiado- como personas porque así se lo permitimos. Y hay una clave que está en el motor mental de la gente: ¿soy lo que decidí ser o soy lo que las circunstancias me llevaron a ser lo que soy? Esa interrogante no es sencilla de evacuar.
Cuando vemos gente que vive abducida en sus patologías, en miserias existenciales eternas, en la búsqueda del poder vano, en la conspiración cloacal, se advierte que son personas que deberían estar medicadas o en terapia. Ni se les pasa por la cabeza el daño que se han hecho a sí mismas y el daño que le hacen a la comunidad con sus rayes nunca asumidos. Y está lleno de gente que delira y las asumimos como “normales” porque la posmodernidad está tan derrapada que todo es permitido.
Hay que hablar de ciertos asuntos con quienes corresponde hablar y no hay que avergonzarse de sincerar dolores. En las buenas, sobra gente que nos rodea y aplaude; cuando las cosas se complican, no quedan ni los loros, o los que quedan convendría que no se quedaran. Simple de escribir y jorobado de entender en el cotidiano vivir.
Voy a un tema grave. De siempre las cifras del “suicidio” en nuestro país son alarmantes. Es un problema que siempre me impactó. En alguna época de la vida trabajé con especialistas para buscar disminuir en algo la intensidad de este menester. Avanzamos algo, pero nunca lo suficiente. Y los debates terminaban siempre en procurar prevenir, advertir, tener las antenas abiertas y la cabeza atenta. A veces, se pueden leer las señales. No sé si siempre, de veras, no lo sé. Y el suicidio en jóvenes es algo que mortifica en extremo. Cuando se miran cifras y se estudia el fenómeno en el territorio da para entender y asusta el problema. A mí me asusta.
El tema de la salud mental siempre anda por la vuelta, por suerte ahora se lo encara con más propiedad. Es positivo que anide su discusión dentro del sistema político. Es bueno que en nuestra sociedad se dominen estas áreas desafiantes. El suicidio no es un asunto sencillo de asumir porque por su vuelta navega el prejuicio, la ignorancia, el miedo y la simplificación uruguaya que todo lo estereotipa de formas no siempre consolidadas. Creo que la generación de mis hijos mira el mundo con más frontalidad, menos bobaliconería y algo más de sinceridad. Serán ellos los que deberán timonear este barco. Intuyo que poseen más instrumentos que los que tuvimos los más grandes, llenos de temores y vergüenzas ante tanta estupidez vana. Soy de los que creen que los que llegan son -siempre- un poco mejor que los que nos vamos saliendo del juego. Es lógico que sea así porque el saber acumulado es mayor. Solo los necios se creen que las saben todas y que su tiempo fue superior. Unos dogmáticos del primero hasta el último y unos necios que les cuesta entender el cambio que les revienta en las caras. Vamos todos juntos por ayudarnos más. Ese es el ángulo, cualquier otro la tira afuera del estadio.