Opinión | ¿Cuál es la mejor imagen?

"La política empieza a efectivizar sus monerías. De un lado y del otro nos apilamos para gritar desde las dos tribunas. ¡Vamo nosotro, bo! A la gente le importa un pito todo esto: solo pide resultados, no quiere que la maten o quedarse sin laburo".

Washington Abdala

Bue, terminamos la Semana Santa o de Turismo, como la deseen llamar. Ya pasó. La gente ya no tiene motivos para rascarse, entonces ahora empiezan a buscar feriados en el almanaque para pegar fines de semanas largos; y comienza la humedad que es tan hermosa en este país (¡cómo nos desamparó Dios, joder!).

La política empieza a efectivizar sus monerías. De un lado y del otro nos apilamos para gritar desde las dos tribunas. ¡Vamo nosotro, bo! A la gente le importa un pito todo esto: solo pide resultados, no quiere que la maten o quedarse sin laburo. La política se autopercibe un mundo de señores feudales. Hasta la izquierda amó esto de que te digan: señó, pó favó, pashe usté (¡se los tragó el personaje! ¡Nabos!).

El fútbol, otro embole. Bielsa logró la magia de desmotivar a todos. Por supuesto, cuando la publicidad de cachivaches empiece a rodar y nos enloquezcan, nos vamos a enroscar con la selección en el Mundial (ahí no te vas a quejar, Bielsita, todo bien, pero cuando viene la mosca del mercado, mutis, pichón). No importa, todo sea por Valverde (y Muslera, que es como un espíritu del pasado que vuelve; bien uruguayo eso. ¡Volvé, Lui!).

Los carritos de tortas fritas arrancan con toda la potencia. La garrapiñada muere porque la matan los prolijos que venden en tiendas de frutos secos todo más caro. (Pa mí quedó aquello de que te contagiaban de algo al soplar la bolsita y a la gente le da asco). Las hamburguesas son el nuevo chivito. Ganó la bicha esa; solo quedan pocos lugares haciendo la resistencia, pero el capitalismo es así, todo lo puede. Se salva el mate -y por un tiempo-, pero donde se masifique pasa como la marca de termos gringa: lo agarra Elon y lo manda a Marte.

Sí, estoy nostálgico. No quedan bares donde encontrar parroquianos en Montevideo. El otro día encontré uno en la calle Constituyente, donde terminamos platicando con algunas gentes y sentí que estaba en el Sorocabana. Deliré; después advertí que fue casi un sueño. Gracias, Tito.

Se termina -por este año- los uruguayos que ponen la playera y que se sientan en la carretera a ver pasar autos, esperando una tragedia y chusmeando la vida del otro. Me encantó cuando Eleuterio, en medio del conflicto con la Argentina, usó esta imagen de las sillas playeras como soldados enjundiosos que estarían al frente de la batalla. Amé aquella foto surrealista para desarmar todo el delirio. Entre paréntesis, sé que suena a veterano: ¡Pero qué diferencia, mamita, entre Eleuterio y los de hoy! Uno podría calentarse con aquella barra, pero tenía lectura, estudio, picardía, maldad, egolatrismo y afán de cambiar el mundo; estos de hoy son solo comedores de panchos sin mostaza, con sacos berretas y botones de cierre asesinos. Algo hicimos muy mal en este país.

Para mí que esa imagen de la playera del Chuy -con gente haciendo cebo- es más valiosa que el escudo nacional como identidad patria. Propongo conseguir el logotipo y armar una campaña nacional, con reforma de la Constitución incluida, por esta noble causa; total, si la vamos a pudrir, hay que darle con todo. ¡No dejemos que otros nos roben semejante bandera identitaria! ¡Viva la patria combativa desde las playeras! (Traigan galletitas, che, para la tarde: Solar de Anselmi, increíbles con queso).

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