No es mentira que representamos mundos distintos. No lo es. Somos el agua y el aceite. Es la izquierda contra los que rajen. Es que la izquierda se apropió del buenismo y de las minorías. ¡Dale que va Pocho! Y “Los que rajen” somos una murga que nadie entiende bien, pero que supone que algún día habrá conciencia que hay que asociarse para empujar por detrás de la idea de libertad, que -justamente- la izquierda no cree demasiado.
La izquierda huele a choripán. Los que rajen huelen a clase media. La izquierda ama al Estado. “Los que rajen” también. (Error). A los más humildes les hacen sanatas como las del ministro del Mides que habla por ellos desde afuera de ellos. Se le nota tanto…
El Uruguay tiene a una izquierda demodé, con gente que “odia” fervientemente -no lo reconocen explícitamente- a la derecha, pero que posan de tolerantes. Me gusta más mi primo -el sindicalista- que por lo menos escupe sinceridad en sus broncas comunistas. ¡Pa lante turquito! Usté es shinshero! Como decía el chamán.
La derecha o “Los que rajen”, son un penal, somos un penal. Voces discordantes, poca onda. Somos amantes de noches de motel berreta. En fin, sin reforma y sin lema único, prepárense muchachos porque Uruguay va a ser el único país con una izquierda dominante. O se lo toman en serio o hay varicela pa todos.
Y ojo, esto no es un tema que se arregla con liderazgos. Los liderazgos son lo más potentes que hay, están, pero con una murga disociada sin articulación orgánica, sin affectio societatis, sin mirada profesional, listo, sale turbulencia a bordo.
Me quiero detener en el presidente bailarín. Era flojo. Lo sabíamos. (No me meto con su señora, nada). Pepe dejó el regalito. Resulta que no lee ni un Patoruzito. Es un pícaro talenteador de charla eterna. Pero no alcanza con hacerse amigo del embajador gringo y comer con felicidad con él entendiendo que la barra es un penal y luego seguir repitiendo progresismo Sanchista berreta. ¡Hay -además- que agarrar los tomos! Hay que citar especialistas en Salinas, preguntarles, y luego tomarles la lección a los ministros. ¡Los ministros hacen el cuento presidente! Cada uno es Antón Pirulero. ¡No se le cree siempre a un ministro! Alcahuetean pero están en sus movidas. ¡No se puede seguir sin estudiar algo de economía! Pídale a los de Cinve que le chusmeen que está haciendo Oddone… ¡Ay mi Dios! ¡Qué falta de boliche!
A Negro, al ministro del Interior le anuncian los motines. ¿Sabe cómo pasa eso Carlos? Se lo explico: de adentro de su ministerio -y del gobierno- hay gente de confianza que habla por abajo y cuentan todo. Esos periodistas quieren fungir de Delfos y Nostradamus. Resultado: su propia gente está alimentando el quilombo. ¡Siempre en este país de cárceles horribles los motines están a flor de piel! Puede ser que con infiltración brazuka se pudra más.
A veces creo que viven en una nube de pedos y no tienen la más remota idea de donde están parados. Eran mucho peor de lo que imaginamos. Pura pose, puro marketing y elencos viejos, con ideas viejas. Un embole peligroso para el país.(Y es mental el asunto…) Entre un gobierno vacilante y una oposición autodestructiva, nada demasiado bueno sobreviene. Y aún no empezó el segundo año. Venimos de una administración que tenía una entrega sudorosa, volaban los ministros al run run que los complicaba. Ese estilo ya no existe. Ahora es la barra que banca el caos que ellos producen o las nadas que hacen. No es lo que los uruguayos quieren. De veras no lo es.