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Opinión | Cine, yo, cine, yo, Cine, yo

“Las increíbles vacaciones de Mr. Hulot de Jacques Tati”

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Washington Abdala
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Tengo la cabeza editada con el cine. Quizás hasta más que la historia y la literatura. Llegué al delirio de ser socio de Cinemateca y del Cine Universitario a la vez. De joven llegué a ver en algunos veranos cientos de películas en cada uno. Estaba blanco en pleno febrero. Soy de una generación que conoce actores, directores, sonidistas, fotógrafos y mil detalles más. Cuando murió Ennio Morricone sentí que se iba un amigo. Si, es alienación con el cine, ya lo sé. Tengo a Federico Fellini en la cabeza, pero John Ford no es menos. En Cinemateca ponían de un tirón los ciclos de estos monstruos. Vi el neorrealismo italiano y lo amé. Que nadie me pegue, pero esas actrices eran hermosas. (Espero se pueda hacer este comentario). Obvio, la camada masculina era infernal. Es verdad, admiración por Marcello Mastroianni y debilidad por Alberto Sordi. Gustos. Vi cine ruso, cine japonés. Lo que venía lo consumía. Sergei Eisenstein Y Akira Kurosawa. Es más, creo que entendí cosas de algunas de esas culturas con el cine, leyendo más que visitando esos países y eso que le pongo buena voluntad. Ingmar Bergman, mi generación debía verlo. Los suecos. Reconozco que su letanía me costaba, pero el tiempo me ayudó a verlo mejor. En mi juventud se presumía de verlo y entenderlo. ¿Qué sería entenderlo? ¡Mire que uno era oveja! ¡Lo que cuesta entender esa gilada! ¡Lo que cuesta no repetir la estupidez de moda!

En fija, el lector uruguayo -que todo lo sabe y ama corregir- estará diciendo: le falta tal director y tal otro. Hagan fila y ubiquen lo que deseen: el cine es un arte subjetivo que todo lo soporta. Y yo soy nadie mirando cine, así que coloquen sus fichas. Sean felices.

Amé Mel Brooks. ¿Está mal? Es probable que todo este loquero cinéfilo de mi mente sea culpa de mi tío Mario con el que vi todo Charles Chaplin de chico así que mi homenaje hacia él. El joven Frankenstein me pareció una obra de arte, hoy no sé si la permitirían… ni explico las razones. El que la vio lo deducirá, y quien no la vio, bue, haga lo que se le cante. Por cierto, El Padrino es subyugante, quien no la vio (todas), debería evitar piñas de la vida al verla, se evitan muchos problemas al entenderla. En Instagram me pasó hace una semana que saltó una foto de Midnight Cowboy (Perdidos en la noche), con John Voight (el papá de Angelina Jolie) y Dustin Hoffman. Por alguna razón esa película me taladró el cerebro. Es más, muchas películas las recupero para verlas con mis hijos, pero esa no la quiero ni rozar, está guardada un archivo mental y no puedo darme el lujo de modificarlo. ¿Qué necesidad?

Me gustan mucho las películas con asuntos entre filosóficos y espaciales. No había visto Interestelar y uno de mis hijos me mandó a verla. Fuerte, buena, moviliza. Pero te tiene que gustar el género. De lo contrario no lo intente. Hoy, miro lo de Elon Musk y no lo puedo creer. Es que el futuro está por la vereda.

Les voy a contar la película que miro para sacarme la depresión, es mejor que un whisky: Las vacaciones de Mr. Hulot de Jacques Tati. No puedo decir las veces que la vi porque me da vergüenza. Simplemente la miro como quien pone música. No puedo creer que todo eso existió en un verano. Quizás me habría gustado vivirlo. Para mí que el cine está languideciendo, voy a las salas y veo menos gente. No tengo buen pronóstico. Me parece nomás. Ojalá me equivoque. Yo seguiré allí, comiendo pop y volando hacia donde sea.

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