El Uruguay es un país que no admira a Messi; lo bardea. Punto. Suárez lo admiraba a Messi porque era su Sancho Panza, pero los uruguayos no. Es así, feo, menor, mezquino, pero es como lo siente gran parte de la gente en la Banda Oriental. Es más, el fútbol desnuda que los argentinos nos quieren más a los uruguayos de lo que nosotros los queremos a ellos. Sí, es así, muy terraja. (Y nosotros nos sentimos que -en fútbol- estamos a la altura de la Argentina, porque agarramos el bibliorato y el cajoncito de los recuerdos.)
Messi, para el mundo foqueril es, además, facho, sumiso ante el capitalismo y corto en su retórica. Inclusive, si le llega a ir mal a la Argentina en el Mundial, Messi va a ser lapidado en las plazas públicas porteñas (porque ellos son exitistas y extremistas) y eso acá lo están esperando para gozarla. ¿Suena horrible? Es así.
Volvamos a Uruguay: ¿No puede algún día una empresa de opinión pública hacer una investigación al respecto para medir la mala onda que hay con los ídolos argentinos del fútbol? No cuesta nada y dan pie a debates, programas de radio y chimentos varios. No sé, es una idea nomás que desnuda algo de nuestra idiosincrasia. Es gratis la ideíta.
Los uruguayos no se lo bancan al petiso. Hay algo de su forma de vida perfecta, de su modus vivendi existencial maiamesco, de su adorada esposa con relojes mágicos, sus niños Ingalls, no sé... hay algo que al uruguayo medio le rompe los piolines. Creo que es envidia o algo muy parecido emparentado a esa ruindad. Raro, porque a Luis Suárez con la misma vida lo salvan y a Messi, que es casi perfecto en educación, expresiones, modales y buenas costumbres, lo entierran vivo.
Esto -que a Messi no lo quieren los uruguayos- los periodistas deportivos locales no lo entienden, porque ellos sienten que forman parte de ese mundo y no advierten esas miserias humanas. Me resulta, hasta tierno, que los periodistas deportivos criollos lo miren con cariño al capitán argentino y que se alucinen con el Mundial y se olvidan de que acá en la aldea hay mala onda con el porteño siempre, hay piojez mental y se mira torvo al talento vecino, que nos paramos además en esa superioridad de cuadro chico que te parte una gamba y cree que hizo una obra de bien para la humanidad, y sumále la tragedia de ser ignotos en el planeta en estas épocas competitivas del futbol; en fin, todo eso se hace desde el bondi, escroleando imbecilidades en el móvil, y así se goza una derrota de Argentina casi como una victoria uruguaya.
Yo no soy así -aviso uruguayos adorados-, yo amo a la Argentina y, si juega con Brasil, quiero que ganen los porteños. Los uruguayos, si no ganan ellos (nosotros), quieren que el vecino venga al lodo con nosotros. ¡Piojez total! ¡Y eso que vivimos mirando tele argentina a toda hora! ¡O streaming argentinos!
Tengo claro que voy a comer por esta nota. Hagan encuestas radiales y verán como en ningún lado hay una mayoría aplastante que diga: amamos a Messi. Esa es la triste verdad. No lo hay porque no existe ese sentimiento. Nacimos así, no somos Kipling en su poema afamado. Somos esa mezcla de gaucho matrero, mateador eterno, gordo en reposera esperando la nada en la ruta y piola de tablado que siempre se las sabe todas. Ese reduccionismo terraja es en lo que nos hemos convertido. No se puede esperar que sea Gardel ese personaje. No lo es, es más, a Gardel le daría repugnancia, pero se murió justito Carlitos; unos años más y lo pasamos a cobre.