Opinión | ¡A los botes! ¡A los botes!

"La política no es un clú de amigos progre que sueña con hacer cosas. Sorry, chicos. No. Es algo más complejo: requiere leer algún libro, tener experiencia en áreas y saber de qué van las cosas".

Washington Abdala
Foto: Archivo

En un principio creí que eran ignorantes y como los ignorantes no sacan a nadie de ese lugar sin conocimientos... en fin, asumí que era lo que había y que tocaba paciencia, porque el pueblo manda: vox populi, vox Dei. Ahora me desayuno que no siempre manifiestan sinceridad en lo que quieren: todo lo de las AFAP ha sido un asunto inmoral y una engañifa en la que espero el Parlamento -en Diputados donde no tienen mayoría el gobierno- sepulte el mamarracho. O sea, son ignorantes y además actúan de mala fe al creer que la gente es tan ignorante como ellos.

Es un despropósito este gobierno progresista, que ya está en el podio del peor de la redemocratización post 1985. Que digan lo que quieran los politólogos amigos y los periodistas onderos. Un presidente que es lo que es. Sin definirlo, ¿para qué? Un ministro de Economía que era un lobo con piel de cordero, o un ser que, con tal de ponerse el traje de ministro, se rinde sumiso ante los bárbaros del conglomerado, gastando los pocos recursos que le quedan al país. Un canciller ignoto que vive en Narnia y que es Fidel Pintos en su versión remasterizada. Un ministro del Interior en formato Eliot Ness -por sus maravillosos chalecos- que ha logrado que, al atardecer, vivamos en un “toque de queda fáctico” por el miedo con que se vive. Un ministro del Mides que habla en woke mientras los zombis siguen poblando las ciudades, causando pena y pánico. Y un secretario de la Presidencia que es el rey de la sanata, lo que ni Juan Carlos Calabró se animó a tanto. Un conjunto de improvisados, sin narrativa y sin solvencia. Una barra terraja que, si hubiera salido en carnaval, no clasificaba a la segunda ronda. ¡Estamos en la ruina, ciudadanos! Y hay que aguantarlos más de tres años y medio. ¡Ah! Y me olvidaba del esbelto intendente capitalino, que, con ese tono flautín, anuncia la variopinta inutilidad del día. (El elenco parlamentario lo dejamos para otra ocasión).

¡Estamos en el horno! Algo muy malo hicimos para que nos toque este concierto de improvisados, que fueron Mandrake para ganar elecciones y esperpénticos para gobernar. ¿Qué hacemos? Encomendarse a Dios, los creyentes. Los infieles, como yo, apostar al conocimiento para seguir demostrando la barbarie que produce esta gente. Los pibes, que se aviven y que rajen si tienen una oportunidad, porque esto no va a mejorar. Y los muy valientes o alienados, que nos ayuden a los que buscamos construir conciencia para que se sepa, de una vez por todas, que estamos regalados, que hay que trabajar para generar la oportunidad de sacar del gobierno a esta gente por la vía eleccionaria y salvar la nación del descalabro.

Uruguay no se merece esta barra delirante, que no tiene la menor idea de lo que es el poder. Nunca pensé que escribiría esto: ¡cómo se te extraña, Tabaré, viejo y peludo! Y mire que tuvimos conflicto con ese mozo en todos los terrenos, pero había alguien que decidía. Hoy estamos ante un gobierno pusilánime, banal, contradictorio, sin solidez intelectual, con gente que produce la sensación de que estamos con Luis Sandrini, Pepe Biondi y Darío Barassi. Una barra de actores que causan hilaridad, si no fuera porque nos hunden la patria.

La política no es un clú de amigos progre que sueña con hacer cosas. Sorry, chicos. No. Es algo más complejo: requiere leer algún libro, tener experiencia en áreas y saber de qué van las cosas. Estamos en el infierno. Dante elegiría varios círculos allí. Resistir es la consigna. ¡A los botes! ¡Mujeres, niños y perros, primero!

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