Ñoquis, musical y zapateo de Nacho Cardozo

Con orden es posible llegar al medio siglo de vida, flaco y entero físicamente. Basta con citar el caso de Ignacio Cardozo que, a punto de cumplir los 50, tiene la receta para ser director teatral, actor, coreógrafo, bailarín y sentirse en la plenitud de su carrera artística.

Actualmente, divide su agenda entre clases de danza, entrenamiento, la producción de Sugar —el musical que apenas lleva una semana en cartel— y, si bien el tiempo no le sobra, logró organizar su horarios para colaborar con una receta.

En cuanto a su relación con la comida, evita las dietas, pero es estructurado a la hora del almuerzo o cena. "Un día pollo, un día carne, mucha fruta y verdura", explica Cardozo. Eso no quita que de vez en cuando se dé un gusto y ponga manos a la obra en la cocina.

Cardozo reconoce su pasión por las pastas y revela que su especialidad son los ñoquis preparados de una forma muy particular, como lo revela a continuación.

Fundamental, acota el famoso de esta edición, hay que tener ñoquis de "papa-papa" caseros o bien, comprados en la fábrica de pastas de cabecera. Además, se necesita crema doble, sal, pimienta y leche para preparar una salsa.

RECETA. La elaboración del menú consiste en armar una capa de queso rallado sobre una fuente de vidrio y agregar encima la mitad de la salsa. Sobre ese colchón deja reposar los ñoquis cocidos que después reciben el resto de la salsa y otra capa de queso rallado. Falta un golpe de calor (Cardozo no revela el tiempo porque depende del horno) y listo, la mesa está servida para deleitar a familiares y amigos.

Está descontado que si el artista tuviera que preparar un postre seguramente Sugar no le va a faltar. Cardozo vive pendiente de los pormenores de esta obra, mas allá que hayan pasado los nervios del debut. "Siempre hay cosas que arreglar y corregir", se excusa y presagia que esta pieza superará el éxito del musical La jaula de las locas, presentado el año pasado.

El director considera que Sugar tiene más ingredientes que la obra que ganó el Florencio 2004. Según su criterio, este musical no tiene detalles librados al azar. "Los tres protagonistas cantan fantástico y los coprotagonistas también. La escenografía se adecua muy bien a la época en que está situada la obra que es de los años 20. La coreografía está cuidada, sobre todo una escena de zapateo americano que tiene mucha fuerza. Por momentos la obra llega a tener 23 actores arriba del escenario, con un vestuario que respeta a rajatabla la época y un pizca fundamental de humor", dice orgulloso.

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