Magdalena Herrera
Tiene 53 años pero aparenta diez menos. Hay que decirlo, aunque no le guste nada a la escritora uruguaya, radicada en España, Carmen Posadas. Hasta El buen sirviente (2003), las críticas siempre incluían algo de su aspecto físico, que realmente no tiene nada que ver cuando se está juzgando un libro, reflexionó Posadas. "A partir de esa novela, la cosa cambió completamente, con críticas verdaderamente literarias y buenas. Quedaron atrás los prejuicios y empezó a jugar mi obra. Yo no tengo ningún afán de protagonismo para mí, pero sí para mis libros", señaló la autora, en una breve visita a Montevideo, realizada para presentar su última novela, Juego de niños, de editorial Planeta.
Justamente, ya en El buen sirviente sobrevolaba en forma más ligera el tema de la maldad, que en Juego de niños, Posadas profundiza en varios planos. "He leído e investigado mucho sobre el mal y el porqué la gente es mala. No me interesa la maldad de los locos y de los psicópatas, sino la de los cuerdos. Me di cuenta que tenía que hablar de los niños, que son el ser humano en estado puro, con todo lo mejor y todo lo peor. Y como había escrito mucho para niños, era como un juego, llevar el lado oscuro de la infancia después de haber hablado del lado amable".
—¿Por qué sintió la necesidad de profundizar en la maldad? ¿Tuvo mucha gente mala alrededor suyo en la vida? En alguna entrevista dijo que hasta los 30 años solo conoció hombres canallas.
—Bueno, la maldad es uno de los grandes temas como el amor, la muerte, la mentira. Y sí, he tenido épocas complicadas de la vida. Siempre digo que no volvería a tener 20 años por nada en el mundo. Porque es como que te lanzaran en este mundo sin el libro de instrucciones: no entiendes por qué el novio que consideras tu vida te deja, o la amiga que te juraba que nunca te iba a fallar te hace una canallada espantosa. Con los años se aprende (Juego de niños lo explica) y se entiende por qué se da, aunque siempre queda la duda. En concreto todo el sistema de la maldad me interesó desde el punto de vista humano y también del literario.
—¿Cómo la investigó?
—De las formas más variadas, desde los Santos Padres, por ejemplo, hasta conocer gente que realizaba exorcismos, incluso presencié uno. Fue toda una experiencia. He leído todos los clásicos sobre la maldad infantil como Henry James, La vuelta de tuerca, hasta estudios que se han realizado sobre psicópatas y asesinos. La parte más divertida de escribir un libro es justamente la que trata de investigar el tema.
—"Juego de niños" tiene varios planos: la novela de misterio que escribe una escritora, la inquietante vida de la protagonista, y por otra parte, lo que está diciendo la propia Carmen Posadas. ¿Cómo se conjuga todo eso?
—Fue lo que más me costó, casi me mata. Porque era muy difícil pasar por esos tres planos narrativos, y que ninguno de ellos tuviera un peso excesivo sobre los demás, que estuviera equilibrado y fuera al mismo tiempo complejo pero fácil de comprender. Que el lector no se perdiera por el camino. Casi me mata porque cuando la estaba casi terminando me di cuenta que había partes pesadísimas. Y el cortar es terrible, es como amputarse un brazo, pero hay que hacerlo porque en un libro se debe saber lo que es esencial y lo accesorio. No hay más remedio que ser implacable. Otro plano que tiene Juego de niños es el de cómo se escribe una novela. En un momento el profesor de la protagonista le dice: "para escribir hay que leer muchísimo, aprender muchísimo y luego desaprender". Porque si no desaprendés te puede salir una cosa latosísima y pesadísima.
—Ha dicho que antes se escondía detrás de los personajes, pero que en esta novela se desnudó por completo a través de la protagonista. ¿Por qué esta vez sintió esa necesidad?
—Porque realmente escribir tiene que ser un acto muy personal. Yo había encontrado ese truco de poner cosas mías muy íntimas en personajes ajenos y funcionaba. Pero llega un momento en que uno tiene que hacer un personaje que, como dice García Márquez, "se ponga las tripas". La protagonista tiene mis mismas características y hasta edad. Es un personaje que se parece muchísimo a mí. Y es muy doloroso porque sobre todo es muy similar en los defectos. Pero sentí que tenía que hacerlo porque es la manera de conectarse verdaderamente con el lector, entregarse, desnudarse en un personaje osado.
—¿Piensa en el lector cuando escribe?
—Los autores en general mienten cuando dicen que no piensan en el lector, y escriben para la posteridad o para ellos mismos. Es mentira: todos los escritores piensan en el lector porque si no escribirían un diario y lo guardarían en el cajón. Y sí, yo pienso en el diálogo con el lector y busco su complicidad, hasta haciendo jueguitos literarios que muchos comprenden.
—¿Le costó resolver el final?
—Me costó muchísimo. Hay novelas que son apasionantes, que te embarcan pero le dan una solución tan estúpida que uno se termina preguntando para qué leí 800 páginas si me acaban de decir que el asesino es el mayordomo. Escribí tres finales: el primero me salió demasiado tópico, el segundo completamente inverosímil, y luego lo encontré gracias a un cuento de Cortázar. Me dije: "este es el final". Espero que me haya quedado bien.
—¿El dilema era un final feliz o trágico?
—Había que elegir, pero no lo cuento porque...
—Quien ha leído algo de su obra puede imaginar que puede llegar a ser más trágico que feliz.
—No lo podemos contar, pero de cualquier manera creo que es un final abierto a la interpretación de una u otra manera. Mi lectura quizás sea trágica, pero otra gente lo ha leído y dice que tiene un final feliz.
—Ha dicho mil y una veces que dejará de escribir para sentarse bajo un cocotero a disfrutar de la vida. Pero continúa haciéndolo. ¿Es algo que no se puede abandonar?
—La literatura es como un mal amor: sabes eso de "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque no vives y porque me muero". Y bueno, la literatura es igual: te desespera, es un horror, sentís que te mata, pero cuando no escribo me siento vacía. El cocotero tendrá que esperar.
—¿Está pensando en algo nuevo?
—Tengo dos ideas, una que es muy arriesgada literariamente, y otra que es muy atractiva: amor, lujo y asesinatos. Tengo que ver cuál de las dos elijo. Me gustaría hacer la arriesgada, pero me da un poco de miedo.
— ¿Cómo le sienta que The New York Times la catalogue como la nueva Agatha Christie?
— Siempre se prefiere ser uno mismo. Pero también soy consciente de que somos muy pocos los escritores españoles que hemos ingresado a los mercados anglosajones, tres o cuatro, así que si me tachan de Agatha Christie, lo doy por bien empleado. El mercado anglosajón, el americano y el británico son muy autosuficientes, y no les interesa nada que vengan de afuera. Meterse ahí es un logro.
—¿Le ha costado llegar a donde está?
—Han jugado muchos prejuicios en mi contra. He escuchado frases como: "¿y ésta ahora qué frivolidad nos va a contar?". Lo he sufrido durante mucho tiempo pero al final se ha impuesto la realidad, y ahora como que me juega a favor. Como tenían una opinión tan horrible mía, ahora dicen "mirá que buena ésta", y a lo mejor no soy tanto. Pero lo sufrí muchos años, y el ser mujer es una puerta falsa. Parece que ayuda pero después se observa que en España la presencia de la mujer es puramente testimonial entre los que ganan los premios, tienen reconocimiento internacional o integran la Real Academia.
—¿Se siente reconocida en España y Uruguay?
— Con El buen sirviente comenzó a cambiar la cosa y ahora si me siento más reconocida. Sin embargo, en Francia lo soy mucho más, por ejemplo. En Uruguay pienso que me conocen poco.
—No viene mucho.
—Antes mi madre vivía aquí y venía una vez por año. Pero me siento super uruguaya, y aunque estoy muy agradecida a España y mi marido e hijas son españoles, siempre en todos lados digo que soy uruguaya. Primero porque así lo siento en mi forma de ser, y segundo porque no entiendo a esa gente que renuncia a sus raíces. Me parece horrible.
"LA PRENSA ROSA ES TERRIBLE"
— Según la prensa rosa tuvo novios de todo tipo, hasta toreros. ¿Cómo se lleva con ese tipo de periodismo español?
—Ahora me asusto menos pero hubo un momento de mi vida que fue terrible, un acoso espantoso. Tenía la sensación de que había como una Carmen Posadas virtual, que iba por ahí diciendo unas estupideces horribles (porque claro cuando te sacan cosas de contexto, en general quedás como una estúpida) y una real. No lograba controlar mi propio personaje. Pero una vez que murió mi marido, hice un ejercicio deliberado para alejarme de todo ese mundo. Ha sido complicado porque la prensa rosa es terrible, pero si no se alimenta, se fijan en otros que sí quieren estar en el candelero.
—¿Ha cobrado entrevistas?
—Jamás, porque eso sí sería hacerle el juego a los periodistas. Uno no puede cobrar una entrevista y después decir "no se metan en mi vida".
—¿Le han ofrecido?
—Muchísimo dinero. Además, como vivimos en un mundo tan absurdo incluso está como bien considerado. Hay gente que vive de las entrevistas, y hasta se los ve como inteligentes.
"ME INQUIETAN LOS CAUDILLOS POPULISTAS COMO CHÁVEZ"
—¿Cómo observa la literatura latinoamericana actual?
—Estamos viviendo todavía la resaca de lo que fue el boom, un fenómeno extraordinario y universal. Pero a los escritores que vinieron después, les ha costado mucho demostrar que en Latinoamérica se sigue haciendo literatura, que no es necesariamente realismo mágico o García Márquez. Actualmente contamos con autores muy buenos, pero que no están amparados bajo la luminaria del boom. Se están produciendo lo que podemos llamar escritores mestizos desde el punto de vista literario, como yo, que he nacido en un país y vivo en otro, y eso es muy enriquecedor.
—Debe ser su primer viaje a Uruguay luego de la asunción del gobierno de Tabaré Vázquez. ¿Cómo observa todas esas transformaciones políticas hacia ideologías socialistas y de izquierda en Uruguay y el resto de Latinoamérica?
—En cuanto a Uruguay, me parece una frivolidad opinar porque realmente no he podido ver ni hablar con nadie. En cuanto a la política latinoamericana me parece muy inquietante el surgimiento de estos caudillos populistas, que utilizan la desesperación de la gente para canalizar una cantidad de discursos demagógicos. Me estoy refiriendo a Chávez. No sé ahora qué pasará en Perú. Latinoamérica es como siempre el futuro del mundo, pero nunca llegamos a ser el presente. Cuando por fin pensamos que se va a convertir en Primer Mundo, llega algún coletazo. Pero bueno, soy optimista por naturaleza, y así como me inquietan esos caudillos populistas, también están figuras como Lula, Bachelet y Vázquez, quienes parecen pertenecer a una izquierda sensata y moderada.
—En España, a veces la catalogan de derecha, otras de centro y otras de izquierda. ¿Por qué cree que se le da eso?
—Es el problema de todo ser que no está alineado. Nunca nadie lo considera de su club. Hablás con uno de derecha y piensa que sos de izquierda furibunda, y viceversa. Los intelectuales sienten que soy frívola, los frívolos piensan que soy demasiado seria. Los europeos dicen que soy sudaca, los sudacas piensan que soy europea. Hasta que al final nadie me considera de su club. Antes me preocupaba mucho pero me dí cuenta que es culpa mía: soy uruguaya pero llevo tantos años viviendo en Europa que soy tanto una cosa como otra. Lo intelectual es algo muy importante en mi vida pero también me gusta mucho la frivolidad. Entonces cuando eres ambigua se paga caro, porque nadie te considera de su club.
PERFIL
Hija de diplomáticos, la uruguaya Carmen Posadas (53 años) recorrió el mundo para finalmente radicarse en España en 1972, ya casada con Rafael Ruiz del Cueto, padre de sus hijos. En 1980 se divorció, trabajó como periodista y aparecieron en las librerías sus primeros ensayos (Manual del perfecto arribista en 1985, Síndrome de Rebeca: guía para conjugar fantasmas en 1988, Quien te ha visto y quien te ve en 1990). Dos años antes, Posadas había contraído nuevamente matrimonio con Mariano Rubio, gobernador del Banco de España, quien luego falleció.
y Carmen Posadas publica su primera novela en 1996, Cinco moscas azules (Alfaguara), luego siguió Nada es lo que parece (1997) y Pequeñas infamias (1998) con el que logró el Premio Planeta.
y En 2001 escribe La bella Otero, una biografía novelada de Carolina Otero, cuyos derechos para cine y televisión le fueron comprados hace cuatro años. En 2003, Posadas se consagró ante la crítica con El buen sirviente, novela anterior a la que presenta ahora, Juego de niños.
y La escritora uruguaya también ha publicado muchísima literatura infantil, con libros como Liliana, la bruja urbana, El señor viento norte, Kiwi, entre muchos otros. El último fue A la sombra de Lilith, en 2004, revisión sobre el papel de la mujer en la historia co-escrita con Sophie Courgeon.