EL PERSONAJE

Niré Collazo: "Elegir una historia es parecido a enamorarse"

Es narradora oral y dirige una escuela de cuentacuentos en el Teatro Solís. Durante años guió las visitas al Museo Gurvich y participa en varios festivales internacionales.

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"Un texto debo pasarlo por mi corazón o mi sentir", dice. Foto: Marcelo Bonjour

La voz se apaga y los niños siguen en silencio. Muchas veces rompen a aplaudir. Casi todos sienten que la magia continúa envolviéndolos mucho más allá de las palabras. Es el poder del cuento oral, una forma que se remonta a los orígenes mismos de la humanidad y que conserva todo su esplendor. De allí derivan la literatura y casi todas las artes, pero también es la fuente de todos los conocimientos. Y la voz detrás de toda esa magia es la de Niré Collazo.

Niré es narradora oral desde hace más de dos décadas. Y también dirige la escuela de narradores orales Caszacuentos que funciona en el Teatro Solís. Dice que es "casi" maestra, "me gusta decir el casi, porque eso me ha permitido a mí ser narradora oral, porque si no hubiera sido maestra, directora, inspectora".

Además de estudiar magisterio hasta "casi" obtener el título, Niré hizo ballet durante años, algo de teatro, se diplomó como gestora cultural y fue Dama Rosada en el Hospital de Clínicas. Se especializó en literatura infantil y juvenil en la Biblioteca Nacional y gracias a esos estudios descubrió la narración oral.

"Yo no sabía qué era eso, y bueno, fui al club de Dora Pastoriza de Etchebarne, que era una referente en Argentina, y daba clases acá —recuerda—. Luego cruzamos a Buenos Aires para participar en el primer festival de cuentacuentos que se realizó en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, de esto hace 22 años. Y vine con la cabeza dada vuelta, y después de ahí ya no paré más".

La maestra de Niré fue, en rigor, una de las precursoras en el Río de la Plata. Dora Pastoriza de Etchebarne dirigió los cursos, propició festivales y fue, además, una teórica de esta disciplina. En 1972 publicó El Arte de Narrar. Un Oficio Olvidado, donde desarrolla las técnicas del cuento oral.

"Sólo quien haya ejercido este viejo menester, quien haya visto los rostros transfigurados de los oyentes —niños y adultos—, y haya sentido vibrar de emoción sus corazones ante el impacto del Había una vez…, puede dar fe de lo que este acto mínimo de confraternidad, tiene de esencial y profundo".Así lo plantea la autora en la introducción de su libro y de ello puede dar fe la propia Niré Collazo.

Su vida ha sido base frecuente de las historias que narra. Ha sido madre de tres hijos, abuela de cinco nietos, enviudó de un esposo emprendedor de origen griego y fue parte del Carnaval en su juventud.

El arte de contar cuentos en forma oral es una mezcla de literatura hablada, algo de arte escénico, algo de comediante. Una mezcla muy peculiar que es exigente tanto con quien la practica, como con el tipo de historias que utiliza.

Secretos del cuentista.

No todo texto es apto para ser dicho. Esa es la primera lección que aprende un narrador oral. Por eso el arcón de historias a los que puede echar mano es amplísimo, aunque tiene algunas limitaciones de estilo que lo pueden hacer impropio para la narración oral.

—¿Cómo selecciona sus historias?

—Siempre le digo a mis alumnos que me preguntan lo mismo, cómo hago para elegir un cuento. Y yo les digo: es muy sencillo ¿ustedes cómo saben cuándo están enamorados? Están enamorados de uno y no del resto de las personas que están con él, sólo de él. Uno se conecta de alguna manera con esa historia, no hay mucha explicación.

Esa conexión íntima con un relato es lo que de algún modo se trasmite luego a su auditorio, en general compuesto de chicos, aunque muchas veces de personas adultas también.

Por ese motivo encuentra que no todos los autores de cuentos, aún los infantiles, son aptos para ser dichos. Le ocurre esto, por ejemplo, con Horacio Quiroga, con una importante porción de su producción literaria dedicada a los cuentos infantiles. "A Quiroga capaz que no me gusta tanto narrarlo, en general son autores que tienen tanta imagen que es mejor leerlos para poder imaginar", dice.

Para Niré es fundamental apropiarse del texto, sentirlo, no recitarlo de memoria. "Yo por ejemplo cuando narro nunca puedo aprenderlo tal cual es, respeto mucho al autor y trato de pasarlo por mi corazón o por mi sentir, que capaz que no es el mismo del autor", explica.

A sus alumnos les recomienda una extensa bibliografía. Entre ellos al autor español Antonio Muñoz Molina, novelista y columnista habitual de El País de Madrid. "El juego infantil del cuéntame un cuento recuento que nunca se acabe con pan y pimiento es la traslación poética y rítmica de esa narración incesante. En un solo vagón de metro, entre las conversaciones de la gente y las divagaciones de los solitarios de mirada perdida y las historias de los que se sumergen en un libro, hay más novelas posibles que en toda una biblioteca", señala Muñoz Molina en uno de sus artículos.

La observación, la memoria, la propia biografía son fuentes inagotables, entonces, para el narrador oral. Esto es lo que Niré trata de transmitirle a sus alumnos.

Y las lecturas, por supuesto. Niré es una lectora voraz. Disfruta tanto de las historias de Ray Bradbury, como de los cuentos casi surrealistas de María Elena Walsh. Y le gusta, particularmente, contar algunas de las historias escritas por Mario Benedetti. En cambio encuentra difícil reproducir los cuentos del inolvidable Julio César Castro, Juceca, y sus historias del boliche El resorte. "El que se enfrenta por primera vez a un texto de Julio César Castro, seguramente lo va a querer narrar de memoria", asegura. Y es que los giros pintorescos del habla "gauchesca" del autor requieren una milimétrica precisión, aunque parezcan precisamente escritos desde la oralidad.

Por esa razón Niré insiste en que es necesario conocer al autor cuando se va a trabajar con un texto suyo. "El que escribe está mostrando algo de su vida cuando escribe y si nosotros sabemos ese algo de su vida vamos a entenderlo mucho mejor", explica Niré.

Las historias van de lo más cotidiano a lo fantástico. A veces los sueños pueden proporcionar al narrador oral un material de primer orden.

Público infantil.

Tanto en el Solís, como en el Museo José Gurvich, donde estuvo a cargo de las visitas guiadas por siete años, el grueso del público de Niré Collazo es infantil.

—¿Los niños cómo reaccionan?

—Son maravillosos.

—¿Cómo son los niños de ahora respecto a las historias en comparación a cómo eran en las generaciones anteriores?

—Yo creo que los niños ahora están mucho más ávidos de escuchar historias, de escuchar sobre todo, y de leer también porque los libros les fascinan.Yo escucho que los niños no quieren leer, que los niños no leen porque también pasa esto. En primer año, cuando se termina, se supone que el niño ha adquirido la técnica de la lectura, sale sabiendo leer algo. En tercer año el niño ya debería saber leer correctamente, cosa que no sucede en el noventa por ciento de los casos. Por varios motivos pasa esto: los padres que no tienen tiempo, que trabajan, algunos pueden comprar libros, otros no, entonces el que compra un libro le compra uno gordo, lindo para que les rinda y no es lo que precisa. Hay que ver cuáles son sus intereses, yo siempre digo que el niño puede aprender a leer en una revista de automovilismo, de fútbol, que es lo que le gusta. Del tema que le guste le compramos por ese lado para que adquiera el hábito de la lectura y después empezamos con los libros, esos gordos divinos, pero que asustan un poco a los chicos.

Su oficio le permitió, por ejemplo, cambiar la idea de las visitas guiadas en el Gurvich como si fueran clases resumidas de la pintura constructivista.

En lugar de ello Niré hacía las delicias de su auditorio de escolares o liceales contándoles anécdotas del notable pintor uruguayo, de cómo le gustaba jugar al fútbol en la calle, de sus amigos. Como resultado para muchos niños la clásica visita al museo se convirtió en un paseo inolvidable.

Niré se pone a prueba con sus nietos, y les cuenta todo el repertorio. Ahora son sus primeros críticos. "Ese ya lo contaste, abuela", protestan enseguida.

Un cuento de Navidad

"Cuando yo era chica las navidades para mí eran lo más importante del año. Había que armar el arbolito, poner los globos y que no se rompieran porque eran de vidrio. Ponerle la nieve, que no se volara cuando se abría la ventana, ponerle las luces que no se quemaran. Y armar el pesebre, con papel piedra, y buscar las piezas que nunca sabíamos dónde las guardábamos. ¿Dónde está el pesebre? Decía mi madre, revolvíamos toda la casa, y allá aparecía el Niño Jesús en una caja, el Rey Mago en otra, y siempre nos faltaba algo y por suerte íbamos a comprarlo. Y había que comprar un chirimbolo nuevo para el arbolito. Un año teníamos el arbolito armado, pero a mi prima se le había antojado ponerle velas, porque decía que los verdaderos árboles no tenían luces de colores, tenían velas. Precioso el panorama. Las doce de la noche, y nosotras como buenas católicas apostólicas romanas enseñadas por mamá, rodeando el árbol en círculo para celebrar la Navidad todas de bombacha rosada, por supuesto. Y ahí, se abre la ventana, entra una ráfaga y el arbolito de Navidad que se incendia. Mi madre no sabía qué hacer, mi prima se reía a carcajadas, mi hermana y yo gritábamos, y mi padre decía: Bueno, menos mal, se terminaron los problemas".

SUS COSAS

Su colección

Desde hace años colecciona marcadores de libros. Los tiene de todas las procedencias, formas y materiales. Los ha recibido como regalos, o los ha comprado. Cree tener alrededor de 500. "En cualquier momento armo una exposición con los marcalibros", dice no sin cierto orgullo de lectora voraz.

Su lugar favorito

Si de elegir un lugar se trata, se decide por su casa en Shangrilá: allí formó su familia, vivió con su esposo y crió a sus tres hijos. Tras enviudar y luego que sus hijos se fueran, Niré continuó viviendo allí. "Amo este lugar", dice. Cuando está de vacaciones, cuenta, se levanta temprano, prepara el mate y se pone a leer.

Sus preferidos

Niré es una gran lectora, al punto que le cuesta decidirse por un autor. Pero luego de pensárselo un momento se inclina por Ray Bradbury. Y luego por varios de los autores uruguayos clásicos, como Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Mario Delgado Aparaín, entre sus predilectos.

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