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A poco del Mundial, ¿qué es la patria para los uruguayos?

Cuando juega la Celeste, como pocas veces, afloran los sentimientos patrióticos, un concepto que abarca desde tradiciones y símbolos hasta canciones y gritar goles. 

hinchada uruguaya
Foto: AFP

Para muchos uruguayos, la Jura de la Bandera es algo recóndito. Algo que ocurrió hace mucho y que fue depositado en algún lugar de difícil acceso en la bóveda de la memoria. Un hecho que solo regresa desde el pasado cuando acompañamos a nuestros hijos al acto escolar en el cual ellos repiten el ritual. Luego, volvemos a archivar ese juramento para, tal vez, nunca volver a preocuparnos por él.

Al menos ese es el lugar común cuando se habla de cuestiones como el nacionalismo o —más específicamente— el patriotismo uruguayo. No seríamos tan patriotas como otros pueblos, que llevarían esos sentimientos de pertenencia e identidad a la vista de todos.

Pero se viene el Mundial de Fútbol en Rusia, y las pasiones patrióticas afloran como pocas veces en la vida pública nacional. Además, uno de los hechos sociales más resonantes de los últimos meses, las movilizaciones de los "autoconvocados", se tiñó de banderas nacionales para realzar sus reclamos y alcanzar una mayor identificación.

¿Qué es ser patriota hoy? ¿Es escuchar cierto tipo de música, comer cierto tipo de comida, memorizar ciertas fechas o —en el caso más extremo— estar dispuesto a dar la vida por el país para "con gloria morir"?

Depende a quién se le pregunte, claro. La historiadora Ana Frega —que actualmente forma parte del programa El gran uruguayo (Canal 10)— dice que se trata de varios sentimientos, no de uno solo. "En primer lugar tendríamos que hablar de un universo de sentimientos patrióticos, y trato de separar patria, nación e identidad, porque no son exactamente lo mismo".

Para ella, entonces, hay varios tipos de patriotismos, desde la exaltación del terruño hasta esos actos escolares, en los cuales —según lo plantea Frega— "uno de los propósitos es que los niños internalicen elementos identificatorios de su país, como la bandera, el himno nacional y los símbolos patrios en general".

Parte de ese proceso de internalizar los símbolos patrios es contra el que se rebeló hace unos cuantos años el historiador Leonardo Borges en un ensayo titulado Cual retazo (2005, Ediciones de la Plaza), en el cual se problematizaba —y criticaba— el juramento a la bandera, un acto que era calificado como un anacronismo. "Me atacaron mucho", dice hoy sobre la reacción que sobrevino luego de publicado el texto. Las críticas le llegaron de ambos lados del espectro político, y eso lo sorprendió. "Fue diferente a lo que pensaba. Para mí, éramos una sociedad liberal y abierta. Pero somos patrioteros", dice Borges, refiriéndose al concepto que engloba al patriotismo exagerado y superficial.

Además, Borges agrega que en Argentina sigue habiendo un gran espejo en el cual muchos uruguayos se miran. "Nos comparamos con los argentinos. Pero ellos son patriotas desde el punto de vista casi material: llevar la escarapela, cantar muy fuerte el himno, ese tipo de cosas simbólicas. Nosotros somos patriotas cuando nos tocan determinadas fibras nacionales. Detrás de esa idea de democráticos, amables y abiertos, en realidad somos extremadamente fascistas cuando se meten con determinados símbolos", afirma el historiador.

La contundencia de la calificación es ampliada por el estudioso, ya que también aporta que este tipo de paradojas no es exclusiva de Uruguay. Todos los países incurren en ese tipo de pensamiento "excepcionalista", porque todas las naciones nacen en contraposición a otras. Creerse "mejor que el resto" es el resultado natural e implícito de ese razonamiento que contrapone una nación a otras.

La pelota

gol, selección, Edinson Cavani, Diego Godín
Foto: Gerardo Pérez

Para muchos uruguayos —en particular si se encuentran en la diáspora— cuando juega la selección hay más en juego que un resultado. Tanto es así que para la historiadora y escritora Ana Ribeiro, el fútbol parece ser "la principal vía de exteriorización" del patriotismo uruguayo. Aunque —agrega— quiere creer que eso es el síntoma más visible de un fenómeno más profundo y elaborado, con sus correspondientes raíces: "El patriotismo de los uruguayos nace con el nuevo país, luego de haber dejado atrás otras formas de mancomunión. Y la democracia moderna educó para la ciudadanía, apostando a un voto reflexivo y a un sentimiento de pertenencia que englobaba —y superaba— las otras lealtades".

El actual director de la selección uruguaya Sub 20 Fabián Coito cuenta que cuando le tocó vivir varios años fuera del país, descubrió ser más hincha de lo uruguayo que lo que él pensaba. "Irme me generó una sensación de no solo fue un cambio desde el punto de vista geográfico sino de un gran desarraigo que fue duro, al menos al principio", recuerda Coito. Luego, cuenta, el emigrado se va adaptando y empieza a apreciar lo bueno del lugar al que llegó. "Pero también siempre está la sensación de que en algún momento se va a volver. Allá están las raíces, lo que nos ayudó a crecer y llegar hasta donde pudimos llegar. Hoy valoro mucho más mi país que cuando tenía 20 años", comenta.

Para él, el patriotismo que siente pasa por los aspectos afectivos, como la familia y las amistades. Pero cuando se trata de dirigir a una selección de jugadores jóvenes, la mirada se dirige hacia otros tópicos, que tienen que ver con la historia de la selección uruguaya de fútbol. "Ese tema está presente en el grupo", comenta Coito y continúa diciendo que cuando se conforma una selección, se habla de muchas cosas, entre ellas el significado de ponerse la camiseta celeste: "Para empezar, ellos van a representar a un montón de chiquilines de su propia generación, que querrían estar ahí. Pero también hablamos de lo que implica jugar en la selección, de lo que se ha logrado, y de lo que eso significa para el público, que tiene sus expectativas y cuyo estado de ánimo es influido por el resultado".

Coito, sin embargo, no equipara fútbol con patria. "No. Esa asociación es bastante dura de llevar adelante por parte de futbolistas jóvenes. Cuando jugamos, el resultado es lo más importante del mundo, pero una vez que terminó el partido, lo que hay que hacer es descansar y prepararse para el próximo. Hay que entrenar para lo mejor, y prepararse para lo peor", afirma el director técnico.

No será lo mismo que patria, pero para el sociólogo Rafael Porzecanski el fútbol es el "hilo unificador". En su visión, ese deporte es "un lenguaje compartido, que no solo permita entenderse desde lo racional sino también encontrarse desde lo afectivo. Sin esa base, no hay posibilidad alguna de crear esas comunidades imaginadas (al decir de Benedict Anderson) que son las naciones". Durante el rato que dura el partido, agrega el analista, se deja de ser blanco, frenteamplista, colorado o independiente para convertirse en hinchas.

La política

protesta productores rurales
Foto: Archivo

Todo eso desaparece cuando termina el Mundial o la Copa América, cuando hay que volver a compartir el espacio nacional con personas que expresan —cada vez con mayor alcance, gracias a esos megáfonos que son las redes sociales— opiniones y pareceres antagónicos y discordantes, sobre cualquier tema.

En el espacio virtual se dirimen, a menudo a puro insulto y mala fe, puntos de vista políticos y sociales en discusiones que no precisamente tienden a construir puentes o acortar distancias entre las posturas.

En el conflicto que se está dando actualmente entre el movimiento de los autoconvocados y el gobierno, el uso de la bandera uruguaya por parte del primero es recurrente. Pero Porzecanski dice que no hay un patriotismo oficialista y otro opositor. El director de la empresa consultora Opción recuerda que en el preámbulo al Golpe de Estado de 1973, tanto tupamaros como militares se autoproclamaban como "herederos del espíritu y las ideas de Artigas, cada uno con su énfasis y su relectura de tal o cual aspecto de su figura y biografía". En la actual coyuntura, también cree pertinente hacer notar que hay quienes asocian al campo y el trabajo rural con el "alma" y "la auténtica encarnación de la identidad nacional", un fenómeno que según él viene de larga data. Es un "sentimiento que encaja perfectamente con la elección de la bandera uruguaya como símbolo".

De la poesía a la tribuna

Es probable que la respuesta a la pregunta qué es ser patriota noy no se deje definir con facilidad. El concepto  tiene la particularidad de lo escurridizo, deslizándose de acá para allá según los anteojos ideológicos o morales de quien intenta acercarse a él.

Esa ambigüedad acompaña a los uruguayos desde hace bastante. En 1909, el poeta Ángel Falco publicó, en la revista Bohemia, un poema titulado Yo, que no soy patriota, que arranca así: "Proscrito en este amable destierro, todavía / Me saluda la gloria con ruidosa ovación... / Mas, no siento el latido de aquella tierra mía / Que entre sus dos arterias, es como un corazón..."

En ese ir y venir entre adhesión entusiasta y desencanto indignado también inciden los impulsos globalizantes, del cual el espectáculo del fútbol forma una parte importante. Cuando arranque el Mundial y suene la melodía del Himno Nacional, la bandera uruguaya cobijará, por un tiempo, a "todos" los uruguayos, indistintamente de sus identidades y afinidades. Ser patriota, hoy, es hinchar por la Celeste.

roberto musso

La historia de la canción "El primer oriental desertor" (*)

Cuando salió el disco Otra navidad en las trincheras, en 1994, el Cuarteto de Nos tuvo su primer ola de éxito y reconocimiento. En ese trabajo figuró la canción El primer oriental desertor,  que trataba el tema del patriotismo desde una óptica irreverente, tal como lo haría —con mucha mayor repercusión—  El día que Artigas se emborrachó, que había formado parte de El tren bala (1996) 

Durante varios años, Otra navidad en las trincheras,figuró como uno de los más vendidos en la historia de la música popular uruguaya. "Estaba en todas las casas", dice hoy Roberto Musso, cantante de Cuarteto de Nos. Además de los hits, el disco tenía la canción El primer oriental desertor, cuya letra desacraliza por completo casi todo lo que el Himno Nacional propone como ideal.

El personaje central de la canción quiere huir sin más cuando se entera que Brasil invadió Uruguay. "En esto de la guerra soy un maricón / Y mi héroe no fue Napoleón / No sería ningún deshonor / Ser el primer oriental desertor", canta Musso en una parte, mientras que hacia el final entona: "Y si no queda otra elección que libertad o muerte / Yo voy a elegir la letra o / Seré el primer oriental desertor".

Musso recuerda que esa canción tuvo su génesis en los años 80, cuando la Guerra de las Malvinas. "Tenía unos amigos argentinos a quienes esa guerra les tocó de cerca. Esa fue la chispa de la canción, de cuánto valía la pena ese patriotismo de ir a morir por un pedazo de tierra".

El cantante y compositor recuerda que le llamó la atención que fuera El día que... la que suscitara la polémica y no El primer oriental desertor. "Para mí esta era mucho peor si se la medía con la misma vara con la que se estaba midiendo a El día que... Pero quedó un poco eclipsada por la polémica, y por el éxito que tuvieron otros temas".

Musso dice que su patriotismo pasa por lo afectivo, pero también por saber "dónde está tu casa". "En los últimos años hemos viajado mucho con el Cuarteto, y es como que la uruguayez se te reafirma. Ser patriota es saber dónde están tus raíces, cuál es tu casa. No sé si un trotamundos puede llegar a ser un patriota. Me han preguntado varias veces si me iría a vivir a otro lado. Y no. No me iría".

(*) En la primera versión de esta nota, se incluyó por error a la canción El primer oriental desertor en el disco Otra navidad en las trincheras.  En realidad, la canción forma parte del disco El tren bala, publicado en 1996.

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