VIAJES

Montañas,volcanes y un valle de longevidad a través de Ecuador

Vistas deslumbrantes, escaladas empinadas y la chance de conectar con las costumbres de tradiciones originarias. Ecuador ofrece todo eso y más partiendo desde el pueblo de Quilotoa.

Quilotoa
Foto: Getty.

Había escuchado por algún viajero que Quilotoa es un “Pueblo atendido por niños”. Y es así. En la entrada de la comunidad nos recibió una niña que pedía a todos los visitantes sus datos personales. El hostel era manejado por una muchacha de 15 años. Se movía muy resuelta; además, era muy simpática y atenta. Pero lo importante se encontraba a 200 metros: el cráter.

El poblado se encuentra en el mismo cráter de la laguna-volcán llamado Quilotoa. El ingreso no tiene costo; todo es manejado por la Comunidad de Shalala, la cual generó un espacio al turismo, pero sin perder su identidad y tradiciones.

La imagen la tengo grabada en la mente: una impresionante laguna con aguas turquesas rodeadas de montañas. Se comienza a subir por una pequeña colina y, cuando se llega al final, aparece esa postal. Uno queda congelado mirando y sintiendo el paisaje.

La laguna-volcán es de una belleza difícil de materializar en palabras. Si se decide recorrer todo su cráter son más de 4 horas y media de caminata. El volcán se convierte en otro visto desde diferentes ángulos. El camino no es lineal; uno va subiendo y bajando todo el tiempo, con partes con mucha vegetación y partes que no. Ese día el cielo estaba totalmente celeste, el sol pegaba fuerte. ¡Qué paradoja! Daban ganas de refrescarse en el volcán. Lo bordeamos todo y fuimos hasta sus aguas, haciendo un descenso fuerte en un camino zigzagueante.

De Quilotoa viajamos al hermoso pueblo de Baños de Aguas Santa. Más conocido como Baños, se encuentra en la provincia de Tungurahua a unos 180 kilómetros de Quito.

Al caminar por sus calles, quedé impresionado por las golosinas pegajosas que son estiradas por los vendedores y vueltas a estirar. Esto lo hacen sobre unos ganchos colgados en la pared y sobre la puerta ante la vista sorprendida de los turistas y viajeros. Al pasar te regalan un pequeño trozo arrancado con sus manos. Otro protagonista de Baños son los fotógrafos. Estos se apostan en las mejores esquinas ofreciendo el recuerdo.

El resto del pueblo se reparte entre bares y restaurantes y agencias de turismo aventura. Hay una que domina que es el ascenso al Volcán Tungurahua; que significa “Garganta de Fuego" en quechua. El objetivo: llegar a hacer cumbre. Llegar a los 5.016 metros sobre el nivel del mar no es algo de todos los días. Con otros viajeros armamos equipo y nos ponemos el objetivo de subirlo.

Nuestro guía es el “Ñato”. Al llegar al puesto de control arranca la caminata. La primera parte consiste en llegar al refugio del Tungurahua. Es una caminata de tres horas y comienza por un camino repleto de barro y con una vegetación muy tupida. Llegamos al refugio sobre las 18:30. Nos aprontamos para pasar la noche ahí. Cenamos y las charlas empiezan a aparecer. El Ñato comienza con sus historias de montañas y ascensos. Todos lo escuchamos y él se convierte en el fogón que todos rodeamos, miramos y escuchamos. El Ñato cuenta que subió todas las montañas de Ecuador y que ha entrenado gente para hacer el ascenso al Everest.

A la mañana le pedimos permiso a la montaña para subirla. Vamos todos en fila tras el Ñato. Las horas pasan y aparece el agotamiento y el cansancio. El camino se hace más seco, frío y, sobre todo, empinado. Caminamos y las piedras se desprenden y caen rodando. Las manos se congelan y la cara está blanca del viento y del frío. Mi barba acumulaba pequeñas gotas de nieve. Las miradas para arriba y el “cuánto falta” monopolizan los diálogos. Durante los primeros momentos no vemos nada. Todo oscuro. Luego la niebla cubre todo y solo podemos ver unos pocos metros para adelante. La cumbre no se ve. Aparecen falsas cumbres y la desolación es grande cuando, sobre lo que parece la cumbre, aparece otra.

El equipo empieza a sentir la fatiga y el cansancio. Nos queda una hora y media y el camino es más empinado. Aquí decidimos bajar. La montaña está difícil, empinada, fría pero, sobre todo, hermosa. Parte del equipo ya estaba sin fuerzas y algunos no podían seguir subiendo. Aquí fue cuando llegó a mis oídos una leyenda: dos guerreros de los Andes, el Cotopaxi y el Chimborazo, mantuvieron por mucho tiempo una larga lucha por el amor de la hermosa Tungurahua. Los hombres de montaña dicen que el Chimborazo salió ganador en esa lucha y que se casó con la bella dama. De ese matrimonio nació el niño Pichincha.
Las montañas también tienen su historia y en cada una de sus piedras se pueden escuchar sus amores y desamores, triunfos y derrotas y miles de historias de los pequeños caminantes que siempre desean e intentan llegar a su cima.

 El próximo destino siguiendo por este boulevard de los volcanes es la hermosa y refinada ciudad de Cuenca. Es la tercera ciudad más poblada de Ecuador, luego de Quito y Guayaquil. Es conocida como la Atenas de Ecuador, debido a su gran vida cultural y universitaria. Cuenca vive su cultura con devoción. Se jacta de sus calles, plazas y edificios. Y lo hace más que de manera justificada. Cuenca es Patrimonio Histórico de La humanidad. Lo logró cuando pudo solucionar la contaminación de su río y cuando todo el cableado de la ciudad fue puesto de forma subterránea.

Cuenca te conquista con sus calles en perfecto estado, sus casas, sus rincones. Todo tiene un detalle decorativo y, en todo, los cuencanos ven un lugar para crear. La ciudad se recorre a pie. Sus iglesias, calles empedradas, museos, su arquitectura y su aire cultural hacen que Cuenca sea un destino perfecto para conocer y visitar. A esto hay que agregarle un clima sumamente agradable. Muchos viajeros hablan de que es la ciudad grande más linda de Ecuador y es un lugar para quedarse a vivir.

El paseo por el río Tomebamba es muy pintoresco. Recorrimos su rambla y pasamos por las hermosas casas que bordean el río. El tour por la ciudad es muy bueno. Cuenca, al mejor estilo de las grandes ciudades, cuenta con el sistema de free walking tour y eso oficia de llave para empezar a conocer la ciudad.

Hay que pasar por su Plaza Central, recorrer el río y sus escalinatas, el Parque de la Mujer y el espectacular y gratuito Museo Pumapungo. Nos encantó el colorido mercado de flores con sus cholas vendiendo sus productos como lo vienen haciendo hace siglos. Cuenca es el principal exportador mundial de sombreros de Panamá, por lo que hicimos la visita obligada a su hermoso museo. Seguimos viaje y esos días en Cuenca fueron de gran descanso y de mucha comodidad.

Al seguir el rumbo hacia el sur se llega a Vilcabamba, ubicada en el llamado Valle de la Longevidad (sus habitantes alcanzan una alta expectativa de vida).

El secreto no se sabe, pero uno puede intuir que su agua, el aire fresco de montaña, sus alimentos producidos por sus propios campesinos y esa hermosa vida pueblerina, colaboran para que Vilcabamba sea uno de los mejores lugares del mundo para vivir y para envejecer.

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