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Otavalo: la capital intercultural de Ecuador

La razón por la que miles de turistas visitan este pueblo es el colorido Mercado de los Ponchos, pero ofrece mucho más: paisajes increíbles, gastronomía y tradiciones indígenas.

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El colorido Mercado de los Ponchos de Otavalo es un imán para los turistas.

Ecuador es un país realmente asombroso. Es como una mini América del Sur: encontramos todos los paisajes, climas y gentes. Es un pequeño país con una gran diversidad. E ir a San Luis de Otavalo es una sorpresa: es un hermoso pueblo ubicado a unos 2.500 metros de altura y al norte del territorio. Se lo conoce como Capital Intercultural de Ecuador, lo cual uno puede presenciar en sus calles y en la vida cotidiana. 

Texturas y colores

En Otavalo se encuentra el mercado artesanal más grande de Sudamérica. Su epicentro es el llamado “Mercado de los Ponchos” o “Mercado Centenario”. Esta feria de artesanías es la más famosa del país y un verdadero show de colores y texturas. La plaza está tan repleta de locales que el visitante se pierde en ese laberinto.

Cada sábado, los puestos invaden las calles. Nos enamoramos de los aguayos, las clásicas telas andinas, pero más aun de la fortaleza de las mujeres que los trasladan y los venden. Entre los productos que se ofrecen están los ponchos, bufandas, guantes, sombreros, tapices, bolsos, alfombras y un sinfín de artículos más.

En la ciudad hay dos lugares sumamente pintorescos cuya visita es obligatoria, pero no solo para la foto, sino que hay que sumergirse ahí y ser parte de la experiencia. Estos son el Mercado de Otavalo y el mercado de animales.

El primero queda en el centro y es un buen lugar para probar los menús diarios de comida local. También hay una feria de frutas y verduras en donde solo trabajan mujeres. Las postales y la belleza nacen en cada fotografía que durante nuestra visita estuvo siempre acompañada de una llovizna.

El mercado de animales, por su parte, es un escenario que se arma todos los sábados apenas se levanta el sol, en las afueras de Otavalo y donde los campesinos llevan vacas, chanchos, ovejas, conejos, llamas y demás animales para la venta. La mayoría de los participantes son indígenas y el idioma que se escucha es el quechua. El maíz sagrado está en todo. Para donde gires la cabeza ves su fuerte color amarillo.

Ahí se arman mesas colectivas y tomamos un muy buen café. Todas las miradas se dirigían hacia nosotros con gran curiosidad e intriga, tanto que nos invadían y golpeaban. También había miradas cómplices que se transformaban en una sonrisa. La sorpresa al oír que hablábamos en español fue grande. Siempre piensan que somos “gringos”. El que no es de allí automáticamente se convierte en gringo.

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Otavalo, un mirador con hermosos paisajes.

Bellezas naturales

La ciudad se puede recorrer y visitar en un día, pero su belleza te ancla y hace que te quedes más tiempo, lo cual es una situación ideal para conocer el Lago San Pablo, el más grande de la provincia, que recibe a los lugareños y a sus pequeños botes temprano por la mañana. Está rodeado de hosterías, fincas y restaurantes. Aquí se puede disfrutar la tranquilidad.

Ya tenemos el pueblo y el lago, pero falta un elemento para hacer más hermoso el lugar: el volcán Imbabura. Un punto de gran majestuosidad y misticismo es el mirador El Lechero. Es un árbol legendario y un mirador natural desde donde se puede observar el Lago de San Pablo, el volcán Imbabura, el pueblo de Otavalo, la montaña Fuya Fuya y el volcán Cotacachi. A su vez, es un lugar sagrado para los indígenas. En tiempos de sequía se reza para que llueva sobre los sembríos y traiga la vida a la comunidad entera. Y funciona de verdad; en todos estos días la lluvia se hizo presente.

Otro lugar que se debe visitar son las lagunas de Mojanda. Es un ecosistema de páramo donde se pueden ver tres lagunas de origen volcánico y glaciar.

El camino para bordear la laguna principal y más grande es por altos pastizales, barrancos y subidas. Las vistas y la hermosa conexión con la naturaleza son increíbles. El viento frío que te envuelve te conecta con la montaña. Las nubes bajan y envuelven los picos.

Siempre me impacta cómo las nubes son muy celosas de nuestra presencia. En todo el recorrido no aparece absolutamente nadie.

Las lagunas no son solamente una fuente de agua potable para los habitantes de la región. Según la tradición, el sol representa lo masculino y las lagunas son elementos femeninos. La laguna es el vientre. El oro es amarillo como el maíz y como el sol. Y la forma de seguir generando vida es la unión entre el sol y la laguna, del hombre y la mujer. Esto se hace ofreciendo oro al centro de la laguna. Es una práctica que realiza un líder religioso, quien ejerce de intermediario entre lo masculino y femenino. Así se crea la vida.

La vuelta se hace complicada, ya que la idea de que haya un carro que nos devuelva a Otavalo se desintegra rápidamente ante la soledad del lugar. Comenzamos la caminata y, tras varias horas fracasando al hacer “dedo”, aparece un auto que nos lleva directamente a la plaza del pueblo. Trato de hablar con el hombre, pero no le saco más que un “sí” y algún gesto. Sé cuál es mi lugar; me callo, agradezco y me despido. Otavalo nos recibe de nuevo con sus colores y con lluvia.

En el mapa también aparece la laguna de Cuicocha (un exvolcán convertido en laguna) y hacia allí vamos. Está dentro de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Se llega tomando un ómnibus desde Otavalo a un pueblito llamado Quiroga (una extensión del pueblo Cotacachi) y de ahí se sigue en camioneta hasta llegar a la laguna.

La Cuicocha tiene la particularidad de que en su centro están ubicados dos altos islotes que llevan los nombres de Teodoro Wolf y José María Yerovi, separados por el “Canal del ensueño”. Las islas son el resultado de pequeñas erupciones que siguieron a la erupción principal. El escenario es conocido por los indígenas como Laguna de los Dioses o Tsui-Cocha. Comenzamos el recorrido por el borde del cráter. Son cinco horas de caminata y nos encontramos con varios viajeros. El camino es hermoso y las vistas que se obtienen de la laguna son increíbles. Aquí también se hace presente la lluvia y la niebla tapa toda el agua, dejando adivinar que por ahí detrás están las islas.

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Otavalo es un sitio en el que las traiciones tienen un peso importante para sus habitantes.

Comunidad local

En la actualidad, la realidad indígena no ha cambiado mucho en comparación con épocas anteriores. Es una historia repleta de violencia, marginación, explotación y olvido.

En Otavalo pasó algo particular: los indígenas de la región han desarrollado sus actividades y han prosperado pero sin dejar de lado sus raíces y sus tradiciones. Aquí se puede sentir un gran orgullo de su gente por su cultura y por su ser indígena. Es un pueblo que lucha para que su historia no caiga por el barranco del olvido.

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