Mientras el frío arrecia, Genoveva González, de 100 años, teje para los niños en un programa solidario

"Beba" integra desde sus comienzos el programa solidario Tejiendo Sueños, impulsado por la Intendencia de Florida. Cada invierno es de las primeras en ocupar su lugar entre decenas de tejedoras voluntarias.

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Genoveva González tiene 100 años.

Cuando la lana llega, Genoveva González, “Beba”, no espera demasiado. A sus 100 años, esta mujer floridense suele ser una de las primeras en presentarse para comenzar a trabajar. Las agujas que la acompañan desde la adolescencia siguen moviéndose con la misma paciencia de siempre, aunque ahora cada punto tiene un destino distinto: abrigar a personas en situación de vulnerabilidad.

Beba integra desde sus comienzos el programa solidario Tejiendo Sueños, impulsado por la Intendencia de Florida, y cada invierno vuelve a ocupar su lugar entre decenas de tejedoras voluntarias.

“Cuando llega la lana, tejemos la ropa; después la mandamos o repartimos acá donde hay gente pobre. Nosotros ponemos el trabajo nomás”, dice Genoveva con humildad, al ser consultada por Domingo.

Su historia con el tejido comenzó casi nueve décadas antes de esta iniciativa. Tenía apenas 13 años cuando una cuñada le enseñó los primeros puntos en Villa Vieja, la localidad rural donde vivió gran parte de su vida.

Desde entonces nunca dejó las agujas. Primero confeccionó ropa para su familia; hoy, continúa poniendo esa misma habilidad al servicio de otros.

Aunque el paso del tiempo ha reducido su visión, no ha disminuido su voluntad. “Yo tengo mucha edad para ponerme a tejer, la vista no me da”, reconoce entre risas. Sin embargo, los enteritos para niños siguen saliendo de sus manos. “No hago gorros ni bufandas. Yo tejo saquitos, enteritos, para niños de 1 a 3 años”, cuenta.

Cada prenda puede llevarle cerca de una semana, porque trabaja “de a ratos”, sin apuros, respetando el ritmo que le permiten los años.

Su compromiso con la solidaridad es tan conocido en Florida como su puntualidad. “Sí, soy de llegar temprano”, responde cuando se le pregunta si es de las primeras en presentarse cuando comienza una nueva tanda de trabajo.

La vitalidad de Genoveva también sorprende fuera del tejido. Vive sola, cocina, limpia su casa y hace los mandados por sus propios medios. Es madre de cinco hijos, además de abuela, bisabuela y tatarabuela. “Los tengo a los cinco”, dice con orgullo al hablar de sus hijos.

A sus 100 años, Genoveva ya tejió incontables prendas que han dado abrigo a personas que no conoce. Pero su legado va mucho más allá: está en el mensaje, en la idea de que nunca es tarde para ayudar a los demás.

El programa ya lleva diez años

Lo que comenzó hace 10 años como una propuesta de la Intendencia de Florida para confeccionar prendas de abrigo destinadas a personas vulnerables se transformó en una de las mayores redes solidarias del departamento. Tejiendo Sueños, creado durante el segundo período de gobierno de Carlos Enciso, reúne hoy a 412 tejedoras distribuidas en todo el territorio.

Del total, 82 trabajan de forma individual y otras 330 integran grupos organizados en la ciudad de Florida y distintas localidades del interior. Entre ellas hay residentes de hogares de ancianos, mujeres privadas de libertad que participan desde el Instituto Nacional de Rehabilitación, estudiantes del liceo de 25 de Agosto y otros colectivos comunitarios.

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Programa Tejiendo Sueños.

El crecimiento del programa ha sido sostenido. En 2022 participaban 159 tejedoras; en 2025 eran alrededor de 220, y este año la cifra superó las 400. A lo largo de esta década se confeccionaron cerca de 1.500 prendas de abrigo, utilizando más de 2.000 madejas de lana cada año.

La materia prima es adquirida por la Intendencia, aunque también se nutre de donaciones de prendas de lana que son desarmadas con paciencia para reutilizar el material. Ese mecanismo de reciclaje convierte al programa en un ejemplo de economía circular.

En lo que va de 2026 se distribuyeron 27 mantas: ocho fueron destinadas a un refugio del MIDES, una al refugio de la Intendencia de Florida, tres al comedor Nº 66, tres al grupo Manos Extendidas, tres a la Escuela Nº 70, dos al asentamiento Chacras de Florida, dos a un CAIF y cinco a personas que atravesaban situaciones de extrema vulnerabilidad.

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